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Bush no es querido ni por sus amigos... PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 12 de junio de 2007

Por primera vez 10 republicanos critican al Presidente. Es un comodín para las elecciones 

 

Viejos amigos, nuevos enemigos. Los aspirantes por el partido Republicano a la presidencia de Estados Unidos saben que si quieren tener posibilidades reales de llegar a la Casa Blanca deben distanciarse lo más posible de la estela que ha dejado a su paso la presidencia de George W. Bush. Y cuanto antes, mejor. Al menos así parecen comprenderlo 10 candidatos republicanos. La semana pasada, en un debate realizado por la cadena CNN, ellos criticaron abiertamente y por primera vez, diversas políticas del Mandatario estadounidense.

Lo ocurrido, aunque no sorprende porque era de esperarse ese desmarque, sí constituye un hecho inédito, sin precedentes, entre los republicanos. Los candidatos fueron tan duros (con Bush) como también los demócratas, dijo Linda Fowler, profesora de políticas de gobierno del Dartmouth College. “Nunca se ha escuchado tanta crítica contra un presidente del mismo partido”. Por ahí va el hilo que aclara el juicio de valor que los mismos coidearios del mandatario dan a su gestión.

El plató de CNN se preparó para la ocasión en la Universidad de San Anselmo, en la localidad de Manchester, New Hampshire. Allí se intercambiaron posturas principalmente sobre políticas migratorias, y la situación de Iraq y el futuro de las tropas estadounidense en territorio iraquí.

En el tercer encuentro público comparecieron los senadores John McCain (Arizona), Sam Brownback (Kansas), Duncan Hunter (California), Tom Tancredo (Colorado) y Ron Paúl; los ex gobernadores Tommy Thompson (Texas), Jim Gilmore (Virginia), Mike Huckabee (Arkansas), Mitt Romney (Massachusetts), y el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani. Él lidera, hasta ahora, las preferencias del electorado republicano con el 39%, seguido de lejos por McCain, con 18%.

Los presidenciales aprovecharon bien el micrófono para despotricar con una serie de ofensas contra Bush. Por ejemplo, Thompson, quien actúa como fiscal en la serie La ley y el orden (Law & order), sin mayores tapujos dijo que nunca enviaría al mandatario a las Naciones Unidas. En general todos defendieron la guerra, pero el punto de inflexión fue el manejo de ella. Allí McCain, quien lleva una alicaída campaña, dijo que la etapa posterior a la invasión fue mal manejada. Y claro, hubo lugar a perlas como la de Duncan Hunter, de California, quien dijo que no dudaría en autorizar un ataque contra las instalaciones nucleares iraníes si no tuviera otra opción. De momento, la Casa Blanca no ha contestado. Y quizá no lo hará. El nivel de popularidad ya hace rato activó la alarma.

Aunque todos optaron por atacar al Presidente, la situación de cada candidato es distinta. Además, las posibilidades no están marcadas por esta estrategia, sino por el grado de simpatía que generan entre los mismos republicanos. Fowler dijo que las críticas no se deben sólo a lo que muestran las encuestas (claramente desfavorables para Bush con el 35% de aceptación), sino a una introspección de los republicanos sobre que deben redefinirse.

Siguiendo la línea trazada por Fowler resulta fácil suponer que entre los republicanos hay problemas de identidad. Claro, así cada candidato critica el abandono de los principios del partido, más que la mala administración o las decisiones presidenciales. Cada uno se autodefine como el verdadero republicano. Prueba de ello fueron los ataques realizados por Giuliani, Romney y Tancredo contra McCain, por haber apoyado la reforma migratoria presentada por el senador demócrata Edgard M. Kennedy. A él se lo considera como un ícono del liberalismo.

Hace una semana el diario The New York Times, lanzó una mirada a la candidatura de Thompson. Se dijo que dadas sus características, recibiría un importante respaldo de sectores más conservadores, ante la falta de figures más atrayentes. Scout Reed, un analista y dirigente de campañas electorales, lo perfila como un conservador creíble y comunicador hábil, condiciones que rememoran a Ronald Reagan. De todos, el más conocido es Giuliani. El ex alcalde se hizo famoso por su liderazgo tras los atentados del 11 de septiembre. También es el más carismático. Su candidatura es factible, precisamente, por ser un republicano poco tradicional. Dentro del mismo partido se lo considera como un demócrata vestido de republicano.

Divorciado tres veces, apoya el derecho de la mujer al aborto, los derechos de los homosexuales y una reforma migratoria integral. Por esas mismas razones, no contará con el apoyo del ala más conservadora, lo cual será clave a la hora de reunir recursos para la campaña. El que le sigue en las encuesta es McCain. Bastante conocido por su autoridad moral. Veterano de guerra respetado por amigos y enemigos. Pero, a pesar de sus cualidades, ha pasado los últimos 24 años en el Congreso y no es carismático. Resulta poco probable que gane la nominación de su partido.

Del resto de candidatos poco o nada se perfila. Lo de ellos es más fogueo, quizá presencia en medios y saludos a la bandera. Sus índices de favoritismo no superan el 8 por ciento. Visto así el panorama, los republicanos no saben a ciencia cierta cómo lidiar con la impopularidad de Bush. Parecen más proclives al pasado que a la coyuntura. En el primer debate, el nombre de Reagan fue mencionado 19 veces, mientras que el del presidente actual solo una. De acuerdo con los expertos en política estadounidense, la única posibilidad que tienen los republicanos de desembarazarse de la pesada herencia que dejará Bush, repuntar el partido e incluso evitar la propia desaparición, está en aceptar que el mundo ha cambiado. Deben comprender los problemas reales del país y acercarse a los valores un poco más liberales. Algunos, incluso dicen que debieran dejar las iglesias, los pastores y sus ideas mesiánicas para el servicio religioso del domingo.