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Es hora de desatar la revolución educative PDF Imprimir E-Mail
Milton Luna   
martes, 12 de junio de 2007
El Presidente debe renunciar a su oferta de campaña y dedicar esos dos puntos porcentuales del IVA al canje de modelo en el país. Cada vez más estadistas y estudiosos en el mundo comprenden el papel crucial de la cultura en el desarrollo de los pueblos. Ya a inicios del siglo XX el sociólogo alemán Max Weber explicaba que el origen del éxito y desarrollo del capitalismo en determinados países se encontraba en un conjunto de valores y actitudes asociados con la ética protestante particularmente calvinista: ascetismo, capacidad de ahorro, trabajo fuerte, honestidad y racionalidad.

Otros analistas entienden el impresionante despegue de los países del sudeste asiático debido también a la influencia del confucianismo y al budismo: disciplina social, flexibilidad conceptual, lealtad y disposición al aprendizaje.

Lamentablemente hasta ahora ningún presidente ecuatoriano ha explotado varios factores de nuestra identidad para potenciar las fuerzas sociales hacia el desarrollo. Todo lo contrario, muchos han reforzado los factores de estancamiento: la corrupción, la pereza colectiva y la ignorancia a través del sistemático desestímulo a la educación pública elemento gravitante de la formación y difusión de la cultura. Soplan vientos de cambio en el Ecuador. Hay una población que lo demanda con urgencia y un Presidente que quiere hacerlo. Pues manos a la obra. Para esto se debe aplastar el acelerador y emprender la 'revolución educativa' a partir de un acuerdo nacional activando un dispositivo cultural andino que forma parte de nuestra identidad: la reciprocidad, la ayuda mutua.

Ciertamente desde antes de la llegada de los españoles hasta hoy los pueblos andinos intercambian favores, alimentos y fuerza de trabajo con el propósito de mejorar constantemente las condiciones de vida individual y colectiva.

En estos días crece en el país una propuesta ciudadana que precisamente se inspira en la cultura andina de la reciprocidad para desafiar al país a profundizar el cambio educativo. Se pide al presidente Correa que no cumpla con su oferta de campaña de reducir el 2% del IVA y, a cambio, que estos recursos, unos 400 millones de dólares, sean invertidos en la transformación sustancial del sistema educativo público; particularmente en la universalización de la educación básica, que es parte del Plan Decenal asumido por el actual gobierno y aprobado en la consulta popular del 26 de noviembre del 2006.

A pesar de los esfuerzos la situación educativa es dramática y se convierte en la mayor amenaza para el desarrollo de país. Cerca de 600 000 niños y jóvenes de entre 5 y 17 años están fuera del sistema educativo; nueve de cada diez jóvenes del sector rural no cursan la educación secundaria; 150 000 niños escapan de la escuela en el paso del séptimo al octavo de educación básica; en la última medición de logros los alumnos de tercer grado obtuvieron ocho sobre veinte en castellano y siete sobre veinte en matemáticas; un tercio de las escuelas del país, aproximadamente 6 000, son unidocentes con un profesor para todos los grados; el 50% de ellas no tiene luz y el 90% carece de alcantarillado ni agua potable; los profesores están mal remunerados, mal formados y desmotivados.

Con este escenario ningún país del planeta puede salir adelante. Sin duda que el gobierno y su Ministro saben qué hacer y lo están haciendo, pero no es menos cierto que hay que hacer muchísimo más y en menos tiempo. En efecto, lo que menos tenemos es tiempo. Para esto se requiere de voluntad política, de mayores recursos y de más apoyo ciudadano. En tal sentido el canje del 2% del IVA por mejores profesores, mejor infraestructura, mobiliario adecuado y mejor calidad educativa, medibles en los próximos años, puede ser el inicio de un verdadero pacto que nos involucre a todos, al estado y a la sociedad en torno al objetivo común de darle al país destino histórico a través de la reciprocidad y de la solidaridad procurando la mejor formación de las nuevas generaciones.

Esta es una gran oportunidad de desatar la revolución educativa ecuatoriana, pero también una revolución cultural y una revolución económica. Este es el reto de Rafael Correa. La pelota está en su cancha, señor Presidente.