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¿En qué cree realmente el equipo que gobierna? PDF Imprimir E-Mail
José Hernández   
martes, 12 de junio de 2007

El Presidente se dice de izquierda pe ro su lema de socialismo del siglo XXI carece de ideario. Y no hay debate sobre ese opaco perfil político. Image

 

¿El Gobierno es de izquierda? Parece una pregunta insustancial. Anodina. Una falsa pregunta porque el presidente Rafael Correa y sus amigos se inscriben en esa tendencia y aseguran quererla renovar. Es lo que dijo a esta revista Gustavo Larrea, ministro de Gobierno. Hay otra pista que han oído todos los ciudadanos: Alianza País quiere construir el socialismo del siglo XXI. Y como el socialismo no ha hecho parte del ideario de derecha, se debe suponer que el Gobierno es de izquierda... ¿De qué izquierda, exactamente? La pregunta luce nimia. Pero quizá no lo sea saber en qué dirección va el país y en qué cree el equipo que lo guía. A menos de que no haya un equipo sino la voluntad de una sola persona. A menos de que no haya una dirección sino señales tan vagas como equívocas. Por eso ese debate, que parece fútil, tiene un sentido. Porque hay empresarios que creen que Rafael Correa es un extremista izquierdoso y sin límites. Y pensadores como Fernando Tinajero que, criticando sus excesos, ve en él la continuidad de la democracia cristiana de los años setenta en Alemania. ¿Cómo se procesa tal disparidad? Entonces, la pregunta tiene sentido porque dispara interrogantes sobre las políticas y las actitudes del equipo que gobierna al país. No es lo mismo, claro, tener en el Palacio Presidencial a un hombre de izquierda que, por su edad, sus viajes y sus lecturas, debe saber lo que pasó con la caída del Muro de Berlín, el fenómeno de los disidentes, la aparición de los Verdes en Alemania... que tener a un hombre de izquierda cuyas referencias siguen en la Sierra Maestra y se traspapelan en el uso gravoso de un ícono llamado Che Guevara. Tampoco es lo mismo tener en Carondelet a un presidente que por ser de izquierda no abdica del laicismo del Estado. O tener un presidente que, diciéndose de izquierda, profesa un moralismo recalcitrante y pretende fijar cánones de ética cuyas raíces se pierden en la larga y horrible noche de la premodernidad.

Todo sería más fácil si este Gobierno hiciera como el directorio del Partido Uno: jugar a que no existen ideologías. A que en política todo es igual, salvo la hoja de vida del candidato o candidata.

Pero no. El presidente Correa es profundamente ideológico. Eso parece. Eso dice. Dice ser de izquierda y querer llevar al país al socialismo del siglo XXI. Esa referencia es todo un programa. Y debiera ser un ideario contra el cual el país que votó por Correa —pero no por ese ni otro socialismo— pudiera comparar sus acciones. Pero no hay tal ideario. Ni existen esas definiciones. Y como no hay lo uno ni lo otro, vuelve la pregunta anodina del inicio: ¿El Gobierno es de izquierda? ¿Y eso qué implicaciones tiene? Y si no lo es, ¿qué es, en términos conceptuales y políticos, lo que gobierna al país? ¿Y quién es realmente el Presidente? Queda una salida: buscar en los planteamientos del Primer Mandatario —sobre todo en los de él— las huellas de aquello que lo ha marcado, que ha forjado su pensamiento y su estructura ideológica. Hay aires de nostalgias modernas en su visión. Hay una enorme sensibilidad social que puede llevarlo, en ciertas circunstancias, dicen sus amigos cercanos, al borde de las lágrimas.

Hay una fuerte dosis de un nacionalismo un tanto ajado. Hay posturas y tácticas que recuerdan viejos tiempos que él curiosamente impugna. Y también hay alguna carga fundamentalista que sorprende en un espíritu que, por aquello del socialismo del siglo XXI, cualquiera imagina instalado en el terreno fértil del librepensador. O del espíritu socialista y democrático forjado en debates y realidades que nada tienen que ver con la nostalgia. La posmodernidad no fue eso. Tampoco la globalización, donde hay que tener raíces y también antenas. ¿Quién es el Presidente, qué es su gobierno y en qué creen realmente? Ese debate no se ha hecho. No lo ha hecho la vieja izquierda que hoy ya no es su aliada electoral. Ni las figuras jóvenes, hoy aliadas al Gobierno, que se juntaron para hacer política desde una izquierda contemporánea ¿Con quiénes se aliaron?