REVISTA VANGUARDIA
Los tropiezos del Plan Colombia
| Los tropiezos del Plan Colombia |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 26 de junio de 2007 | |
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La nueva versión tendrá menos dinero y más condiciones. Álvaro Uribe está acorralado. El Plan Colombia no está funcionando. La sentencia, emitida desde el Congreso de Estados Unidos, ha puesto a maltraer al gobierno del colombiano Álvaro Uribe. No es para menos. El legislativo estadounidense dominado por los demócratas puso su voz de rechazo a la forma como hasta ahora se ha manejado la política para erradicar los cultivos de droga, patrocinada por EE.UU. Los demócratas quieren restar más de 100 millones de dólares al presupuesto militar que asigna ese país. Claro, los reclamos airados no se hicieron esperar por parte de quienes defienden el Plan Colombia. Puede que esos reclamos no tengan razón. El editorial central del influyente diario El Tiempo, de Bogotá, resulta categórico. “Por qué no reconocerlo”, titula. En el texto, el periódico asegura que después de una década “es patente el fracaso de la fumigación aérea como estrategia de erradicación de coca”. Las cifras lo evidencian. Pasada una década, el reciente informe de la Oficina de Drogas y Crimen de Naciones Unidas (Undoc, siglas en inglés), trae pocos datos reveladores. Entre 1997 y 2007 se fumigaron 983 000 hectáreas y Colombia tiene la misma superficie de coca. La efectividad es incluso peor: en el 2001, por cada hectárea en que se redujo el cultivo, se fumigaron tres; en el 2006, hubo que fumigar 21,5 hectáreas para bajar una. El informe de la Undoc reconoce que hay menos hectáreas de cultivo de coca. El año pasado se redujo el 9 por ciento, la menor cantidad reducida por año en una década de vigencia del plan. Sin embargo, paralelamente, la extensión de cultivos de coca se incrementó en Bolivia un 8% y en Perú en un 7%. En conclusión, el editorial de El Tiempo sostiene que la técnica no sirve. Fumigar no erradica. La planta no muere y vuelve a producir. “Los campesinos se ingenian trucos para disminuir el efecto del glifosato. Cada año los lotes son más pequeños y difíciles de asperjar”. La nueva versión del Plan Colombia tendrá menos dinero y más condiciones para la entrega de fondos. Control y resultado, particularmente en el campo de los derechos humanos. La mayoría demócrata, durante los dos días de la semana pasada que dedicó a debatir el tema, exigió más rigurosidad sobre los resultados de la fumigación de cultivos ilícitos y detallados reportes sobre la penetración del paramilitarismo en las altas esferas de la política colombiana. Los legisladores republicanos intentaron mantener la primacía del contenido militar del plan, pero fueron derrotados. Como ya se preveía, los recursos para el Ejército y para la fumigación de sembríos fueron los más recortados. En total, dejarán de recibir 160 millones de dólares. El lado positivo es que los organismos de desarrollo alternativos y fortalecimiento de la justicia recibirán 100 millones más de lo que estaba previsto. La defensa del Plan Colombia viene desde el mismo Washington. El Subsecretario de Estado para América Latina de EE.UU, Tomas Shannon así lo reconoce: “hay diferencias profundas y sorprendentes entre la Colombia de hace cinco años y la Colombia de ahora, como la capacidad del estado colombiano de proyectarse sobre el territorio nacional. Cambios en cuanto a la confianza de los colombianos en sí mismos, en su capacidad de hacer negocios, de viajar por las rutas nacionales e incluso el grado en que Colombia ha aumentado su rol en la región”. La Casa Blanca también criticó que los legisladores hayan supeditado un 40 por ciento de los fondos a la certificación del Departamento de Estado sobre la situación de derechos humanos en el país andino. El comunicado es categórico: “El proyecto de ley limitaría la capacidad de Colombia de reducir los cultivos (ilícitos) y mermar el flujo de narcóticos hacia EE.UU., además de que reduce significativamente la asistencia para las fuerzas de seguridad en Colombia, necesaria para continuar la campaña unificada contra el narcotráfico y las organizaciones terroristas”. ¿Pero que hará Álvaro Uribe? El mandatario debe batallar con otro frente interno. Las declaraciones del narcotraficante prófugo Fabio Ochoa Vasco, de que en el 2001 su campaña presidencial se vio beneficiada de aporte de paramilitares, lo tiene preocupado. A tal punto que ha pedido públicamente a la Comisión de Acusaciones de la Cámara que lo indague para poder demostrar su inocencia. Así, Colombia inicia esta semana con la controversia de un Plan Colombia menoscabado y en medio de otro enredo desatado por los vínculos paramilitares en la política. |








