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El vals de los sondeos PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 03 de julio de 2007

El Gobierno y la oposición explotan las cifras. Y juegan a comparar peras con olmos.

 

La semana pasada volvió, en medio de una fingida indiferencia y sin que nadie la declarara, la guerra de los sondeos. El martes 26, la firma Cedatos publicó una encuesta sobre cómo los ecuatorianos perciben al presidente Rafael Correa: el 62 por ciento aprueba su gestión y el 54 todavía cree en su palabra. Lo sorprendente fue que muchos coligieron que esas cifras revelaban un descenso sin retorno.

Los diarios Expreso y Hoy recogieron esas cifras el miércoles, y El Universo, el jueves. El Gobierno salió al paso y desestimó aquellas valoraciones que, según algunas voces de la oposición, mostraban un distanciamiento irremediable entre la opinión y el Presidente. Vinicio Alvarado, secretario de la Administración, y Gustavo Larrea, ministro de Gobierno, casi en coro confrontaron esas mediciones con datos de otros sondeos. En particular con el que semanalmente presenta Informe Confidencial en esta revista.

En la edición 92 se registró la imagen del Mandatario como buena en un 82 por ciento, según el estudio efectuado el 9 de junio. Alvarado, asimismo, destacó la encuesta de Mercanálisis; contratada por el Gobierno y que arrojó 91 por ciento de aceptación a la gestión gubernamental.

62, 82, 91 por ciento... ¿Por qué tantas diferencias, hábilmente explotadas de lado y lado? Todo transcurrió como si hubiese 30 puntos, o más, de diferencia entre las casas de sondeos. El Gobierno se cuidó de decir lo que para los profesionales de ese ramo es evidente: que no se pueden comparar sus menús de percepciones. ¿Por qué? Porque no miden lo mismo. Cedatos, en su reciente informe, privilegia la aprobación de la gestión presidencial; Informe Confidencial, en su estudio del sábado 23, retrata la credibilidad; Perfiles de Opinión apunta a la aprobación al desempeño del Presidente y a su nivel de confiabilidad, y Market se enfoca en criterios de agrado...

De la misma manera, hay diferencias en los procedimientos técnicos, la forma cómo se pregunta, la escala de evaluación, los márgenes de error, la periodicidad con la que se hacen las mediciones... En una palabra, es difícil comparar sin antes homologar parámetros y métodos. No es lo mismo sondear solamente en las ciudades que incluir zonas rurales y marginales. O hacer un sondeo nacional que indagar sólo en Guayaquil y Quito. Tampoco es lo mismo hacer preguntas dicotómicas (sí o no) que abrir el abanico en apreciaciones desde muy buena, y buena hasta mala y muy mala. Así en este vals, las encuestadoras bailan pero no necesariamente en la misma pista.