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Corrupción: vuelve otra vez la ópera bufa oficial PDF Imprimir E-Mail
José Hernández   
martes, 03 de julio de 2007

El Presidente ha evitado la guerra contra los grupos mafiosos que pasan de gobierno en gobierno corrompiendo funcionarios públicos.Image

 

 Al fin justificó su cargo el Secretario Nacional Anticorrupción. Esta semana, dio vueltas por los canales de Tv para contar, visiblemente jocoso, que pilló a un funcionario de la Vicepresidencia pidiendo coimas de mil dólares. Una coima, aunque sea de un dólar, es una coima. Pero la actuación de José Luis Cortázar tiene ribetes de comicidad difíciles de eludir. Y en tiempos de dramas, ese tipo de humor rima con dislate. O con farsa.

¿Quién duda de que la corrupción es el mayor problema del país? ¿Quién duda de que corroe, a un ritmo exponencial, instituciones y valores en toda la sociedad? Y esas certidumbres, que en cualquier campaña los candidatos cifran en cuatro o cinco mil millones de dólares por año, creaban una expectativa mayúscula para el gobierno de Rafael Correa: que al fin se pasara del circo a una política pública, valiente y sostenible.

Porque circo es lo que han hecho los gobiernos frente a la corrupción. Han abierto ante las cámaras uno que otro contenedor. Han botado siempre a algún funcionario pescado in fraganti, como dijo el señor Cortázar, del empleado que había sido recomendado por el Vicepresidente. Pero todos los gobiernos han hablado u oído hablar de los túneles en las aduanas, de los by pass en las empresas telefónicas, de los contratos públicos chuecos, del atraco que hay en Petroecuador y en Petrocomercial, del robo ilimitado que existe en las hidroeléctricas… Es decir, hablado u oído hablar de empresas constituidas y bufetes de abogados especializados en la depredación nacional. ¿Los conocen en las altas esferas y en los clubes sociales? Los conocen. Saben sus nombres.

Tienen sus hojas de vida. Hablan de cómo pasan de gobierno en gobierno corrompiendo funcionarios. O incrustándose en las instituciones para que, con doble salario, tuerzan procedimientos y amañen decisiones para favorecer a sus verdaderos empleadores: las mafias públicas y privadas que tienen secuestrado al Estado.

Esa rapiña está organizada, se ejecuta sistemáticamente y por ello no hay un detenido. Hay apenas algunas visas que Estados Unidos ha retirado, supuestamente por esa causa. Pues bien: esto también lo sabe Rafael Correa. Pero esa guerra —que también daría votos, señor Presidente— no la ha comenzado su gobierno. Las mafias económicas —que no están entre los empresarios honestos, señor Presidente— están intactas. Y no hay (esta revista ha indagado y nada ha encontrado al respecto) un plan real, estratégico, letal contra esos grupos mafiosos.

En conclusión: se sigue robando a manos plenas en este gobierno. Sin su aquiescencia, se entiende y se espera, pero sí gracias a esa suerte de complicidad que nace de su inacción. Y de su política complaciente en ciertos sectores (en petróleo) donde siguen algunos funcionarios conocidos por su capacidad, indómita e insaciable, para saquear al erario público.

El Presidente —especializado en pugilatos cuerpo a cuerpo y en batallas a veces pírricas— ha evitado esa guerra. Con él se esperaba una política de Estado para cuidar las empresas públicas. Política estructural, política inspirada —¿por qué no?— en lo mejor que se ha hecho en el ámbito internacional o local en este aspecto.

No se entiende, en efecto, cómo el país no ha creado mecanismos técnicos y jurídicos para velar por un bien, nacional y además perecible, como el petróleo. ¿Por qué un buen ejemplo, como el de Noruega, es ignorado? Siempre se dijo, porque la letanía de coartadas es infinita, que nada se hace sin voluntad política. ¿Y acaso no es aquello lo que sobra en este gobierno? Lo cierto es que, en este campo, sólo ha habido homilías presidenciales o ensayos de operas bufas —en los cuales actúa el señor Cortázar— que son fascinantes en cualquier teatro italiano pero sin gracia alguna aquí. Lo que hizo ese funcionario la semana pasada demuestra que, ante un robo cifrado en miles de millones de dólares anuales, el gobierno no tiene norte alguno. Y que el señor Cortázar, como algún jefe de Policía que cada noche sale en algún noticiero, ya no hace diferencias entre mafiosos y ladrones chiros.