INICIO arrow REVISTA VANGUARDIA arrow Con EE.UU. Queremos una apertura limitada arrow arrow arrow
Con EE.UU. Queremos una apertura limitada PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 10 de julio de 2007
Entrevista a Mauricio Dávalos 

¿Cuál será el escenario en estos ocho meses de extensión de las Preferencias Arancelarias Andinas (Atpdea, en inglés)? ¿Se renegociará un TLC ?
Hemos planteado que no es aceptable la negociación de un tratado, con los mismos conceptos y términos como están concebidos los Tratados de Libre Comercio (TLC). Y no solamente desde el punto de vista ideológico, sino también desde el pragmático de protección del país. Al negociar con Estados Unidos, que tiene altas barreras de protección fitosanitaria y zoosanitaria, y al tener nosotros una institucionalidad débil, ser un país con plagas no controladas efectivamente y una práctica de mal uso de plaguicidas, ¿podemos negociar una apertura total? Si el país se pone a negociar la apertura total –sin tomar en cuenta todos los subsidios y aunque se den plazos para abrir los mercados–, EE.UU. podrá tomar ventaja de esa apertura inmediatamente.

Nosotros no. Con esas barreras fitosanitarias y zoosanitarias, Ecuador mantendrá más o menos la misma apertura que tiene con el Atpdea.

¿Quiere decir que no van a recuperar nada de la negociación del TLC ?
Hoy tenemos una apertura similar a la que hubiéramos tendido con el TLC.

Sólo para diez bienes del agro tenemos acceso sin ningún tratamiento. Para una docena más, con tratamiento. Si queremos ampliar el mercado para otros, debemos seguir un procedimiento, con supervisión del Aphis (Servicio Sanitario de EE.UU.), que es carísimo.

Es un problema comercial que se tendrá con cualquier otro país.

No, no es con cualquier otro país. En el caso de Estados Unidos esto se da porque ponen énfasis en proteger sus productos. No es el caso de Canadá ni de Europa. Entonces, el problema es que no podemos negociar una apertura total de mercados porque ideológicamente a alguien se le ocurre.

¿Cuál es la figura de la negociación?

Negociar con cada mercado en una forma específica, de acuerdo con las oportunidades que se nos brinden.

Y, ¿en el caso de Estados Unidos?
Lo que hemos planteado, en primer lugar, es una negociación de apertura limitada de mercado. Es decir, pedir que se abra lo que podamos aprovechar del mercado estadounidense. Y negociar nuestra apertura de lo que les interese a ellos. Y, segundo, no solamente hablar de comercio sino también de cooperación.

Para el comercio, ¿retomarán algo de la negociación que venían haciendo?

Naturalmente.

¿Hasta el punto donde quedó?

No necesariamente, porque lo que se avanzó fue cediendo posturas. En el TLC no es que, sin beneficio de inventario, nos abrieron la exportación de carne de bovinos o productos lácteos, sino que lo condicionaron a que se cumplan ciertas condiciones. Tiene que entenderse que es dando y dando.

Pero si no es exactamente TLC, ¿cuál es el modelo que propone el régimen?
El momento en que se habla de un TLC se habla de apertura indiscriminada del mercado. Eso es lo que no vamos a hacer, porque puede perjudicar a una gran parte de la población del país.

¿Habla usted de una desgravación arancelaria?
Hablo de un tratado no sólo de comercio, sino de uno que cubra muchas áreas de cooperación. Pero no una apertura global del mercado, porque eso no lo podemos hacer.

¿Eso es un deseo del país o tiene ya una base concertada con EE.UU.?

No hay una base ya establecida. Recién iniciamos los contactos con los Estados Unidos, pero lo que sí hemos tenido es una expresión de ellos de estar dispuestos a dialogar en estos términos.

¿En qué niveles?
Hemos conversado con los Estados Unidos, a nivel de Departamento de Estado, de que estarían dispuestos a hablar en estos términos. No puedo ser más específico.

Con la finalización del fast track, ¿se han iniciado los contactos en otras instancias como el Congreso o el Senado?

No, no se negocia nunca con los legisladores sino con la autoridad de comercio.

Si bien es cierto termina el fast track al mismo tiempo es muy probable que haya un cambio de la composición del poder, tanto Legislativo como Ejecutivo, en Estados Unidos. Entonces, no hay que tomar como dadas las actitudes actuales de esos sectores.

¿Qué les dice a quienes no ven como cierta la posibilidad de una nueva negociación, pues EE.UU. tiene un prototipo de negociación ya establecido?
Ese prototipo ha sido llevado a cabo con una administración republicana y bajo cierto tipo de lineamientos que han prevalecido hasta hoy. Eso no está grabado en piedra ni es inamovible. Hay que comprender que en el caso de EE.UU., como en cualquier otro, los puntos de vista cambian. Y eso es lo que esperamos: que comprendan que no en todos los casos este tipo de tratados puede ser uniforme.

Queremos negociar tratados con varios países en distintas condiciones. Por ejemplo, ¿con China o Brasil, con los que tenemos déficits, vamos a negociar un TLC? Abrir completamente nuestros mercados para vender algo a esos países sería loco e irresponsable.

Pero hay quienes los acusan de resucitar la tesis del proteccionismo.

No. Proteccionismo es lo que existió en los años 60. Hoy Ecuador es signatario principalmente de la Organización Mundial de Comercio. Ese es nuestro marco de referencia.

Los gremios temen que sin tener una figura de negociación con Estados Unidos, en estos ocho meses se ande sin un norte.

Resulta que hasta ahora nos hemos regido por fórmulas que han sido dadas. ¿Acaso hemos propuesto una fórmula propia alguna vez? No. Siempre han sido esquemas que nos vienen a proponer en el sentido que les conviene a las otras partes, no a nosotros. Por primera vez queremos tomar la iniciativa y plantear qué es lo que nos interesa, desde nuestro punto de vista.

¿Cuáles serían las grandes líneas del modelo ecuatoriano?
El modelo está orientado a que el comercio sea una parte importante pero con la restricción en la apertura de mercado. No podemos desproteger a millones de campesinos que dependen de su producción agrícola. Desde ese punto de vista, de lo que se negoció se tomará lo que sea válido.

¿Se refiere a las franjas rojas?
Esas franjas no se establecieron con el suficiente análisis. Ahora, aparte del comercio hablamos de una cooperación en el sentido de integrar las economías. Cooperación, por ejemplo, entre el entendimiento de que la negociación se hace entre un país pequeño subdesarrollado y la potencia mundial.

Desde ese punto de vista se trata de la consideración de esa asimetría. Así, una negociación debe ser basada en una cooperación para el desarrollo de la economía pequeña por parte de la economía grande.

¿Qué le hace pensar que es factible?
De las conversaciones que hemos tenido no lo vemos imposible, bajo ningún concepto...

Eso es una consideración política.
Exactamente.

Entonces, bajo ese esquema ellos pueden incluir temas como el caso de Occidental, Energy Corp.,...
Una consideración política no puede ser lo de Occidental.

Pero sí la Base de Manta.
La Base de Manta puede ser. Pero así como ellos pueden aceptar determinadas cosas, nosotros podemos negar otras. Sin embargo, la cooperación en la lucha antidrogas es básica.

Además, podemos aceptar otras formas de cooperación en este campo. Por ejemplo, en nuestro afán de controlar fundamentalmente el contrabando de combustibles estamos adquiriendo lanchas rápidas.

Entonces se entiende una negociación política global que considere la asimetría, ¿esa es la fórmula?
Exactamente.

¿Cómo se va a conformar la comisión negociadora?
No lo podría decir. Es un tema que no se ha analizado todavía en el Gobierno. Va a ser objeto de una decisión del Presidente, basada en la Ley y con la colaboración de los ministros que tenemos que ver con el tema.

¿Qué papel jugará el sector privado?
Será de consulta, porque nada podrá hacerse sin tomar en cuenta el importante papel del sector privado.

Pero, ¿ya no tendrá el papel activo que tuvo en el esquema anterior?
Tendrá un papel activo en las consultas del sector público. Lo público tiene que manejarse por funcionarios públicos. El sector privado tiene que ser consultado, pero no tiene que ser el que tome decisiones.

¿Qué le dice al sector privado que teme de que pasen los ocho meses sin que se llegue a un resultado efectivo?
Como funcionario público, no como empresario privado, creo que vamos a adelantar mucho. Objetivamente, no creo que lleguemos a concluir un tratado en ocho meses. Pero hay varias alternativas: viendo que estamos negociando un tratado, puede prolongarse el Atpdea a fines de febrero. Si no se prolonga el Atpdea y sigue la negociación, el Gobierno asumirá la responsabilidad de adoptar determinadas políticas para compensar la aplicación de aranceles.
 

La tercera alternativa es que no se llegue a ningún acuerdo, en cuyo caso el Gobierno asumiría el apoyo a esos exportadores y, al mismo tiempo, la responsabilidad de buscar otros mercados para las mercaderías ecuatorianas.

Pero no es simple encontrar una alternativa al mercado estadounidense
De acuerdo. Tenemos que entender que ese mercado no puede ser sustituido de un día para el otro. Queremos desarrollarlo y profundizarlo. Queremos resolver los problemas que impiden el acceso a ese mercado, que son los fito y zoosanitarios y los de competitividad.

A eso estamos dedicados.

¿Hay autocrítica del Gobierno en cuanta haber considerado que compensar la pérdida del Atpdea costaba sólo 26 millones de dólares?
Puede haberse dicho, pero eso no quiere decir que el Presidente lo tomó de una forma ligera. Cuando estaba por resolverse la prolongación del Atpdea, en diciembre, el Presidente electo escribió dos cartas. Una a los representantes y senadores del Congreso de EE.UU. pidiendo la extensión del Atpdea.

Otra, dirigida a determinados líderes del Congreso pidiendo lo mismo. No es justo decir que lo tomó a la ligera y recién ahora se está preocupando.

¿Cuáles son los otros caminos que se puede tomar durante los ocho meses?
No privilegiar un solo mercado.

¿Qué responde al sector empresarial que cree que Ecuador está retrasado frente a Colombia y Perú?
Vamos a negociar con la celeridad que es posible. No estamos en una carrera para ver quién llega primero.

Estamos conscientes de las malas consecuencias que va a traer la firma del TLC entre Colombia y EE.UU. Nuestras exportaciones de arroz, fréjol, soya, etc. a Colombia van a ser reemplazadas por productos estadounidenses. Entonces tendremos que buscar otros compradores. En algunos años Colombia ya no será un mercado nuestro.

¿Quién va a dirigir la negociación?
Básicamente, el que actúa de pívot es el Viceministro de Comercio. Pero evidentemente coordinará con el Consejo de Comercio Exterior (Comexi).

Respecto al equipo que se está armando estoy en sintonía con la Canciller.