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Página 1 de 4 La agenda, el efecto teflón, el factor chávez, el nacionalismo, la guerra contra la prensa... En seis meses de gobierno, el Presidente Correa ha ganado en casi todos los frentes. Vanguardia explica por qué.
El cotejo en el cual juega el Presidente se concluye con una goleada a su favor. En seis meses, él se erigió en el centro del debate político y de la información en el país. La popularidad de la que goza es una de las consecuencias de un estilo político en el cual pesan sobremanera los sondeos de opinión. Correa es sondeodependiente.
De ahí las estrategias que él ha aplicado y que han funcionado, para sus adversarios y posibles fiscalizadores, como verdaderas trampas. Vanguardia examina las más importantes, analiza por qué se dieron y pone en evidencia sus consecuencias.
1 LA AGENDA Se volvió a la era en que sólo el poder era noticia ¿El Presidente habla demasiado? ¿Habla mucho y dice poco? ¿Se pierde en un mar de palabras? Esas críticas ni le preocupan ni le llegan a Rafael Correa. Él ha logrado el sueño de los viejos políticos a quienes no importa si se habla bien o mal de ellos; importa que se hable. ¡Y del Presidente el país habla! Él copa el escenario. No lo comparte, lo ocupa todo. En ese sentido, el país ha vuelto diez años atrás cuando los presidentes pensaban que eran ellos quienes ponían la agenda y que cualquier palabra o gesto suyo era noticia de primera plana.
Correa ha impuesto así, con el apoyo de los medios, un vértigo informativo en el cual no importa que se trate del envío a la casa de 57 diputados, la igualdad de oportunidades, el esbozo del socialismo del Siglo 21 o la "gordita horrorosa". Él es la noticia. Y en esa lógica, el Presidente mantiene la iniciativa, maneja los tiempos, escoge los temas y los contrincantes de turno. La prerrogativa presidencial no puede ser mayor.
En estos seis meses, el país ha visto al Presidente desembalar centenares de temas nacionales y locales durante sus centenares de discursos, apariciones, recorridos o durante sus 23 cadenas radiales sabatinas. Ninguno de esos temas ha sido tratado con ánimo de plantear un verdadero debate público.
Lo que el Presidente pone sobre el tapete sirve a su agenda y a su lógica, dependientes las dos de las necesidades electorales. No solamente eso: el vértigo le ha permitido mantener a los medios de comunicación ocupados sin que éstos hayan logrado encontrar la pausa para jerarquizar las acciones del primer mandatario y evaluar sus reales resultados.
Y hay casos, como el de la escasez de gas y los problemas de orden público en Orellana, donde se evidencia ineptitud en el manejo de la administración. No obstante, el Presidente ha logrado la proeza de no perfilar su agenda real de gobierno. Y de mantener, hasta el jueves de la semana pasada, un misterio casi total sobre el contenido de lo que su gobierno propondrá en Montecristi.
Esta estrategia es tan rentable para el Ejecutivo que ha logrado crear percepciones que le favorecen. Un ejemplo: 71% piensa que el manejo de la economía, en general, es bueno o excelente, según Market. Pero si se escarba un poco más, la realidad vuelve a la superficie: 55% de los sondeados piensa que la gestión para generar empleo es mala o pésima. Y en seguridad pública, casi el 65% la califica de la misma forma.
Rafael Correa ha conseguido, entonces, convertir el manejo de la información en una trampa para aquellos destinados a fiscalizar su obra de gobierno. Ese cotejo, tras seis meses, termina por goleada a favor del Presidente. Ha obtenido que el país y los medios de comunicación se fijen en él y en las percepciones que ha creado, en vez de seguir la realidad que él prometió cambiar.
2 LAS BASES O por qué Rafael Correa es un Presidente teflón La oposición y parte de los medios de comunicación parecen creer que el Presidente sólo pronuncia discursos y suscita broncas. Es otra trampa. Él está armando, casi sigilosamente y echando mano a algunos fondos (el petrolero de Ahorro y Contingencia y los de la Cuenta para la Reactivación Productiva e Inversión Social) una base social inmensa.
Este año se prevé destinar, en total, 3 230 millones para jubilación, electricidad, derivados, Bono de Desarrollo Humano. Además, otros 30 millones para la tarifa de la dignidad, 50 millones para el crédito productivo, 200 millones adicionales a lo presupuestado para programas de Salud, 15 millones de aumentos en programas del Fondo de Desarrollo Infantil... Correa no sólo cumple con sus promesas de campaña.
Sus programas sociales llegan a sectores populares y marginales que poco o nada habían interesado a otros gobiernos. La tarifa de la dignidad, por ejemplo, beneficiará, en apenas dos años, a cerca del 70% de la población nacional. Esto explica los índices de popularidad que las élites no entienden. Las cifras lo comprueban. Un 68,5% de personas, según Market, piensa que hay un mejoramiento en los asuntos sociales y califica como buena o excelente la gestión del Gobierno en este campo.
Además, existe la percepción de que las cosas irán mejor en el país el próximo año. La relación entre optimistas y pesimistas era de 89% a 11% en abril. Ahora ha bajado pero se mantiene en 79% contra 21%. Esa política social convierte a Rafael Correa en un Presidente de teflón en los sectores más populares donde el discurso ideológico de la oposición no llega. Otro aspecto que tiene réditos para la popularidad del mandatario es el empleo en el sector público. En la pro forma de año figura un aumento de 6 515 funcionarios (3 870 policías, 1 187 maestros y 606 servidores de la salud). La tesis de que esos salarios no deben considerarse gasto corriente sino inversión social, abrió la puerta para que el régimen financie alzas salariales con recursos petroleros. En conclusión, la popularidad del Presidente va bien. Las consecuencias del incremento de subsidios son un tema que sólo preocupa, en el Gobierno, a algunos viejos funcionarios del Ministerio de Economía…
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