REVISTA VANGUARDIA
Lula revive el sueño nuclear
| Lula revive el sueño nuclear |
|
|
|
| Revista Vanguardia | |
| martes, 17 de julio de 2007 | |
|
Brasil tiene tecnología para enriquecer uranio. Son 2 plantas. Para él han sido dos semanas bastante enérgicas. Determinantes y hasta amenazantes. Luiz Inácio Lula da Silva quiere hacer de Brasil una potencia mundial. Lo ha prometido y está dispuesto a conseguirlo. Para ello buscará fundamentalmente concretar durante los próximos seis años un sueño nuclear largamente postergado por falta de presupuesto. No solamente que resucita una vieja aspiración militar, la de construir un submarino atómico, sino que da luz verde a la construcción de la tercera planta para enriquecer uranio. Brasil puede darse el lujo. Así lo ha declarado el Mandatario, que tan sólo una semana atrás había conseguido de la Unión Europea un decidido apoyo a su programa de desarrollo de biocombustibles. Salió incluso a defender su tesis y a llamar mafias a aquellos países y organizaciones que ponen reparos a la intención brasileña de liderar la llamada revolución del etanol y biodiesel. Lo último ha sido desafiante. “Tenemos todas las condiciones de transformarnos en una gran potencia energética y no vamos a desistir de eso. A partir de ahí, seremos mucho más valorados como nación y como potencia”. Sin embargo, la polémica también es parte del escenario. Delegaciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) han visitado el país para verificar que la técnica de enriquecimiento de uranio no sea usada con fines militares. Y aunque Brasil ha aceptado las inspecciones, no ha mostrado la totalidad de la planta para proteger sus secretos tecnológicos. Adicionalmente, Lula es astuto y patea el tablero. Hace tres años se levantaron serias sospechas acerca de los objetivos que perseguía el Gobierno con el proyecto de enriquecimiento del uranio. Pero resultó censurado, al punto de que las relaciones con la Comisión Internacional de Energía Atómica se rompieron, cuando Brasil prohibió el ingreso de los inspectores alegando que debía proteger el avance tecnológico de sus investigaciones. Pero ahora la situación ha variado. El país abrió las puertas de sus plantas ya instaladas en Angra I y en Angra II a los inspectores que realizan periódicos chequeos a los procedimientos. Un diplomático de la CIEA subrayó que Brasil tiene el derecho absoluto de enriquecer su uranio en sus propias instalaciones. Precisamente este aspecto ya tiene vetos como el que se ha impuesto a Irán, en Oriente Medio. Brasil, que cuenta con dos plantas nucleares, enviaba al extranjero su uranio para que fuera enriquecido. Lo hizo hasta mayo pasado, luego de que recibió la aprobación de la CIEA para que usara sus propios centros tecnológicos. Pero ante la mirada internacional, gran parte de este avance se debe al apoyo político que desde la Casa Blanca el régimen de George W. Bush ha dado a su colega brasileño. A pesar de esto, Lula se desmarca rápidamente de aquel criterio. Es locuaz y deja las cosas claras. El avance energético no significa un compromiso con Estados Unidos. “Él (Bush) se aproxima a América Latina porque es un error si alguien no lo hace. Nuestra determinación es pensar en Brasil”, dijo el mandatario brasileño durante su visita al Centro Experimental Alamar. Esta entidad tecnológica de la Marina es el lugar donde el programa nuclear de la Fuerza Naval contempla la creación del submarino atómico, proyecto que arrancó en 1979, pero que permanecía estancado por falta de presupuesto. No obstante, los expertos aseguran que la aventura nuclear en la que este país se quiere embarcar no es barata. Cálculos rápidos establecen cifras superiores a los 500 millones de dólares sólo en una primera etapa, la del submarino. Lula ya liberó los fondos correspondientes, porque está claro que envía una señal al mundo. “Nadie va a frenar a Brasil en cumplir su papel histórico —dijo—. No seremos sumisos para atender a los otros y no tomar en cuenta los intereses de Brasil”. En realidad el país necesita esos recursos. Un ejemplo de ello es que cerca del 85 por ciento de la electricidad es producida por plantas hidroeléctricas. Pero se estima que esos recursos se harán escasos a partir del 2020. Por eso, para Mauricio Tolmasquim, director del Centro de Investigaciones Energéticas, se hace indispensable la dotación de nuevas fuentes de energía. Y el diagnóstico suena lapidario. El suministro hidroeléctrico podría colapsar en el futuro. De hecho, antes del año 2030, se requerirán 130 000 megawatts suplementarios, de allí que será necesario la construcción de al menos otras cuatro plantas nucleares adicionales a las de Angra III que Lula da Silva autorizó levantar. La construcción de la planta Angra III requeriría de aproximadamente 7 000 millones de reales (3 500 millones de dólares). Los trabajos de esta tercera planta, que tendrá capacidad para 1 350 megawatts fueron suspendidos por falta de fondos en los años 80. Pero desde finales del 2006, Lula se muestra optimista, pues Brasil cuenta con la sexta reserva de uranio del mundo. Está a un paso de producir gas nuclear, con lo cual controlaría la totalidad del ciclo de ese combustible. El país goza de una buena economía. Hace un par de semanas, Lula señaló orgulloso que Brasil vive su mejor momento desde la proclamación de la república, en 1889. Esa apreciación es compartida por la mayoría de expertos financieros mundiales, que destacan que el país ha logrado combinar con éxito la estabilidad con el crecimiento y el control de la inflación. Esto redunda en positivos indicadores sobre exportaciones, mercado interno, empleo y renta. De allí que la billetera fiscal brasileña rebose de dinero y se pueda, efectivamente, invertir en ese anhelado sueño de ser una de las potencias nucleares del planeta. |








