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Pero si Correa no es raro... PDF Imprimir E-Mail
Martha Ormaza   
martes, 24 de julio de 2007

La constitución es arcaica: no acoge los pucheros de su majestad. Hay que cambiarla, para que 'gorda horrorosa' sea un piropo.

 

En estos días de democracia participativa, me fui a curiosear en la tan ponderada Carta Magna estadounidense, para tratar de entender dónde están los pilares de su perfección. No pasé del preámbulo. Me conminó al desvarío. Me enteré de que el país del norte es laico. No nombra a ningún dios ni de refilón. Es una exhortación del pueblo, que tiene como fin “formar una unión más perfecta, establecer justicia, afirmar la tranquilidad interior". No pude leer más. Me dije: si los gringos tienen la unión perfecta por no estar divididos entre Guacharnacos y Pelucones y, además de eso, tienen garantizada la tranquilidad interior, los ecuatorianos, al menos, debiéramos tener derecho a que nadie nos molestara. Pero cómo hacerlo. En la próxima Asamblea está la solución, me respondí. Encarné a quien tiene el desafío de diseñar un nuevo Ecuador.

Con los modos tan particulares de hacer y decir de nuestro Primer Mandatario, la comunicación armónica y el fluir de derechos y obligaciones entre gobernantes y gobernados, parece utopía inalcanzable. ¿Qué hacer? La nueva Constitución podría normar, además de nuestros derechos ciudadanos, nuestra adaptación a las extravagancias del Jefe de Estado. Entonces, me dije, no cabe sino elevar a la categoría de norma constitucional el marco de los comportamientos presidenciales. Por ejemplo: Es derecho irrenunciable del Presidente de la República la Cadena Nacional Sabatina, donde puede desfogar, en los términos que le plazca, sus sentimientos de rechazo y hasta odio hacia la prensa y la oposición. La Cadena Sabatina tendrá como sede oficial la Casa de la Belga, que constituirá Patrimonio tangible de la Patria.

El Estado no podrá ser laico sino, por el contrario, curuchupa. El Presidente deberá ser nombrado en términos comedidos como: su excelencia, excelsísimo, ilustrísimo o simplemente 'Su Majestad'. Los sicólogos no podrán diagnosticarle megalomanías, bipolaridades, paranoias, ciclotimias ni sentimentalismos pasilleros, so pena de incurrir en delito contra la seguridad interna.

En la Constitución deberá decirse que todo Presidente tiene derecho a afirmar que existe conspiración contra su gobierno, en los primeros seis meses del ejercicio de sus altas funciones. Podrá ordenar la amputación del dedo medio del cualquier ciudadano que ose hacer la mala seña; y, si se apellidara Ordóñez, perdería también las falanges de algún dedo del pie. Tiene derecho a visitar en la cárcel a los que mandó a apresar por irrespeto a la autoridad y más faltas similares.

Por constitución, el Primer Mandatario podrá exhibir, durante el primer año, un programa de gobierno etéreo. Por ejemplo, “Socialismo del Siglo XXI”. Esto, con el fin de fomentar en los gobernados una tendencia hacia la búsqueda filosófica y a la retórica. En tal documento el ciudadano común podrá familiarizarse con la metáfora, la paradoja, el paradigma, la encrucijada. Del mismo modo, entrará en contacto con los silogismos y los nunca bien ponderados axiomas de verdad.

Esta exhibición documental propenderá a evitar el aburrimiento masivo. Tendrá derecho a la producción audiovisual, que será legitimada y divulgada por Pativideos Productions, órgano adscrito a la Presidencia de la República. Todo Primer Mandatario estará obligado a ser verde. Si trata el tema de la conservación del Yasuní, podrá negociar los Bonos de Carbono con las empresas industriales más contaminantes del planeta, como si fuesen 'chifles', a voz en cuello, al precio que se le antoje y de acuerdo al humor con que amanezca. Y a manera de combo, negociará la superficie de selva virgen, los pueblos no contactados y el subsuelo.

Si el Mandatario tuviese un PHD en lingüística, hermenéutica gobernativa o en ontología del escarnio, podría utilizar sin restricciones los términos: mediocre, incapaz, majadero, corrupto, vendido y hasta gordita horrorosa. Estos vocablos dejarán de considerarse insultos. Podrá también tener voceras exóticas que tengan la primera y la última palabra. Asimismo, una ñaña encantadora que mejore la imagen familiar y que tienda un puente, aunque sea aéreo, entre Su Eminencia y los emigrantes. A su hoja de vida adjuntará: fotos de su juventud con poncho, el carné de boy scout. Y por supuesto, certificados de Defensa Civil, Cruz Roja y Catequistas Salesianos.

Las libertades como de asociación o de expresión… Con esta última libertad, me he congelado. Mi ideal Carta Fundamental no entra aún en vigencia. Espero no terminar junto al ciudadano Ordóñez. Bueno, y si es así, espero recibir una magnánima visita, que sería transmitida por todos los canales de Tv. Me siento a un paso de alcanzar la fama.