REVISTA VANGUARDIA
La profecía se cumplió en Sao Paulo
| La profecía se cumplió en Sao Paulo |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 24 de julio de 2007 | |
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200 personas murieron. Eso evidencia la crisis que padece la aeronáutica brasileña. Algunos sostienen que estaba advertido. Pocos declararon que no lo esperaban. Pero otro tanto, simplemente, llora desconsolado e indignado la muerte de más de 200 personas, en lo que hasta ahora se ha calificado como el peor desastre aéreo de Brasil. La polémica se ha desatado porque se acentuó la tesis de que el accidente del Airbus A320, de la línea TAM, es el cúmulo de ineficiencias e imprudencias cometidas, principalmente, por la Empresa Brasileña de Infraestructura Aeroportuaria, de la Fuerza Aérea (Infraero). Esta firma administra el aeropuerto Congonhas, de Sao Paulo. Congonhas es el epicentro de un percance cuya estela llega directamente hasta el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva. Debido a su sobrecarga de vuelos y por tratarse de un aeropuerto urbano, cercado de barrios densamente poblados, grandes edificios y avenidas de intenso tráfico, Congonhas es un peligro latente que ya ha dado muestra de lo letal que es En 1996, otro avión de la aerolínea TAM cayó sobre viviendas vecinas, luego de despegar de esa pista. Murieron 99 personas. Antes del último percance mortal, se reportaron 10 denuncias por problemas en la pista. Pero ninguna autoridad las resolvió. El presidente Lula se reunió con su gabinete, el jueves, para analizar la situación. El ministro de Defensa, Waldir Pires, no fue invitado, indicio de que puede convertirse en el chivo expiatorio. “Inmovilizado, incompetente y confuso, el Gobierno de Lula no hizo nada para garantizar la seguridad de un aeropuerto colapsado y bajo control militar”, aseguró el diario Folha de Sao Paulo en un virulento editorial. A los ojos de la opinión pública local, la decisión de Lula causó la crisis de transportación aérea en Brasil. El Mandatario otorgó a la Fuerza Aérea todo el manejo de esta actividad, desde la administración de los aeropuertos hasta el control y regulación de las aerolíneas. No desde ahora, sino hace más de un año. El percance de Congonhas —ocurrido la noche del martes 17 de julio, en el corazón de la ciudad de Sao Paulo— es, por decirlo de cierta forma, lo que ha colmado la paciencia de todos los actores involucrados en el tema. Incluso la misma oposición parlamentaria ha sumado su voz para exigir sanciones y que el Mandatario admita su responsabilidad. Entre los pasajeros del infausto vuelo de TAM estaba Julio Redecker. Era un joven diputado federal del Partido de la Socialdemocracia (PSDB), de la centro derecha, a quien se auguraba una muy prometedora carrera política. El pasado 3 de abril, Redecker pidió al Gobierno que restituya la credibilidad del sistema de control del tráfico aéreo. De lo contrario, advirtió que “hay riesgo de nuevas víctimas”. Meses después, Redecker probó con su muerte que su denuncia sí estaba sustentada. Lucía Salgado, del Instituto de Investigación Económica aplicada al Ministerio de Planificación, expresa lacónicamente que la de Congonhas fue una tragedia anunciada por numerosas advertencias y diagnósticos. Estos destacaron la “necesidad de que el Gobierno asumiera sus responsabilidades” de planificación, regulación y gestión del sector. Las miradas apuntan directamente a Infraero, que administra los 67 mayores aeropuertos del país. Para entender la complejidad del tema, hay un hecho que resulta concluyente: la cantidad de pasajeros. En el 2003 fue de 71 millones al año, pero aumentó a 102 millones en el 2006. Infraereo no realizó las inversiones necesarias para acompañar ese explosivo crecimiento de uno de los sectores más dinámicos del país. Y el desequilibrio, precisamente, era más evidente en el ya mítico aeropuerto de Congonhas, cuyo flujo de pasajero sobrepasa el 50 por ciento de su capacidad estimada, que es de 12 millones al año. Eso implica más vuelos, menos intervalo entre el aterrizaje y despegue de una nave en una pista de 1 800 metros. Esta fue calificada como “particularmente corta”, por Ricardo Stcerchele, secretario de la Federación Brasileña de Asociaciones de Controladores de Tráfico Aéreo (Febract). Tras el accidente ya se tomaron algunas resoluciones. El comandante de la Aeronáutica de Brasil, Juniti Saito, resolvió desautorizar el uso de la pista principal de Congonhas en días de lluvia, luego de la inspección realizada por agentes del Centro de Investigaciones y Prevenciones de Accidentes Aéreos. ¿Por qué no se tomó esta medida antes? Ese es precisamente el cuestionamiento que hacen los medios de comunicación brasileños. La pista fue clausurada en el 2006 por la justicia civil. En febrero pasado se presentó una propuesta de cerrar el aeropuerto y prohibir el aterrizaje y despegue de los aviones de gran tamaño. El Gobierno no la aceptó, ya que el cierre causaría grandes pérdidas económicas y muchos otros problemas. Luego de eso se decidió someter la pista a una amplia reforma. Pero la obra, con retraso e incompleta, concluyó hace escasamente dos semanas. Infraero autorizó el uso aún cuando no se habían colocado las ranuras que permiten el drenaje del agua lluvia y mejoran la adherencia de los neumáticos de los aviones. Funcionarios de Infraero argumentaron que lo hicieron para descongestionar otros aeropuertos cercanos. Lula, quien hasta el viernes pasado guardaba absoluta reserva, ordenó al ministro de Justicia, Tarso Genro, la apertura de una investigación policial. Con ella busca aclarar si es que algún organismo público tuvo responsabilidad en el accidente y cuáles eran las condiciones de seguridad en la pista. Las conclusiones del accidente estarán dentro de 10 meses. Más allá de las conjeturas y del resultado final, nadie parece querer olvidar la tragedia que ocurrió en Congonhas, en el mismo corazón de Sao Paulo. El lugar de la atroz profecía cumplida. |








