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La obsesión del desgaste PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 24 de julio de 2007
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La obsesión del desgaste
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Correa no da tregua a la prensa. Vanguardia analiza cómo se procesa la obsesión presidencial en los medios atacados y polémicos.

 

En pocas guerras, el presidente Correa ha sido tan obsesivo como en la que libra contra los medios de comunicación. Ahora no son sólo insultos e invitaciones a los ciudadanos para no creer en ellos. Firmó un Decreto Ejecutivo que censura la difusión de grabaciones clandestinas. Y mantiene vigentes sus amenazas de retirar las concesiones de frecuencias o cerrar canales de televisión.

¿Qué busca el Presidente? Muchos de sus ministros y asesores levantan los hombros. Lo cierto es que en este tema, el país ha oído sus tesis. Y si se juzga por el último sondeo de Informe Confidencial sobre su relación con los medios, que se publica en este número (pág. 66), se puede concluir que el Presidente pierde audiencia.

Vanguardia pone sobre el tapete el tema. Lo hace consciente de que el espectro mediático es inmenso, pues en el país hay alrededor de 1 300 radios, 300 canales, 35 diarios y decenas de revistas.

Por ello se privilegió lo que ocurre en algunas redacciones que, en la mayoría de casos, han sido blanco de los ataques presidenciales. O cuyas posiciones son casi neutras o abiertamente polémicas. ¿Quiénes opinan? Sobre todo los responsables de confeccionar cada día la información en Expreso, El Comercio, RTS, Ecuavisa, Hoy... Fue imposible hablar con Jorge Kronfle, de TC, o algún representante de la redacción de El Universo.

En ese diario los periodistas no pueden opinar sobre el gobierno o sobre el presidente Correa...

 LA UNIÓN
Correa hace la proeza de juntar a los medios

¿Qué llevó realmente al Presidente a prohibir la difusión de grabaciones clandestinas? Es obvio que tras defender los pativideos, las supuestas buenas intenciones que animaron al Primer Mandatario no han encontrado eco favorable alguno. En cambio, ese decreto agravó su relación con los medios de comunicación que ahora ya no están ante el dilema de coincidir o no con él.

La medida presidencial ha sido vista –Según Andrés Mendoza, Presidente de AER-Guayas– como un atentado a la libertad de información. “Nuestra labor es informar –dice Javier Urrutia, representante de la junta directiva de RTS– pero si el Presidente nos corta los medios para hacerlo, evidentemente vamos a anunciar nuestra postura”. Y la postura suena tan inverosímil como el propio decreto: impulsar la unión de los medios de comunicación. No es una unión política en contra del Presidente.

Lo que quieren –y en ello coinciden todas sus declaraciones– es defender un oficio que no admite cortapisas ni censuras de ningún tipo.

De este modo Rafael Correa ha patrocinado, sin saberlo, acercamientos formales entre AER con Franklin Mazón, de la Asociación de Canales de Televisión; Jorge Kronfle, de TC; Carlos Castañeda, de Teleamazonas y Carlos Jijón, de Ecuavisa. O entre estas sociedades y la Asociación Ecuatoriana de Periódicos (Aedep), a través de Pedro Valverde, su director ejecutivo. En cada gremio se han multiplicado, desde hace un mes, las llamadas y las reuniones que ya habían subido en frecuencia desde marzo, cuando el Presidente incrementó sus ataques contra los medios de comunicación. Entonces, la Aedep, bajo el título “Intolerante”, había hecho un comunicado que el Primer Mandatario desconoció.

Los distanciamientos se han dado poco a poco y por motivos diferentes. En AER–Guayas, por ejemplo, se recuerda que le dieron total apertura al candidato y luego al presidente Correa.

AER sirvió de matriz para la primera cadena radial que el mandatario hizo en Punta Centinela, a los pocos días de haber ganado la segunda vuelta. Esa relación siguió siendo fluida hasta el decreto de provincialización de Santa Elena. A partir de esa fecha, AER– Guayas, donde muchos de sus miembros habían mimado a Correa, pasó a ser parte de la lista de pelucones. Y de los sinónimos que el Presidente se ha inventado. “A esta altura –dice Andrés Mendoza– los medios, los propietarios y administradores han comprendido que, al margen de la simpatía o rechazo que tengan por el Presidente, la libertad de información está seriamente agredida e insultada”.

Jorge Vivanco, subdirector de Expreso, es –como Carlos Vera– otro de los arrepentidos de Correa. Votó por él. Le pareció sincero, con ideas claras y energía para desmontar el aparato corrupto que estaba instalado. Es más: sorprendiendo a muchos, Jorge Vivanco aceptó hacer parte de la comisión creada para investigar el feriado bancario. Pero las posiciones hostiles del Presidente contra los medios y sus generalizaciones, lo llevaron a renunciar.

Hoy, este periodista –uno de los más respetados del país– cree que “el Presidente terminará sobresaturando al ciudadano con su fijación neurótica. Creo que la ciudadanía percibe los ataques sin eco, sin camino. Lo que ocurre es que poco a poco se va desprestigiando la palabra presidencial”. ¿Y entretanto? Jorge Vivanco ve como una señal prometedora el encuentro que hubo en Guayaquil para homenajear a Alfonso Espinosa de los Monteros.

Señal de que los medios quieren dejar de darse la espalda, reflexionar sobre el oficio y evitar la desunión que los hace vulnerables. Así Correa habría logrado una doble proeza: unir a los empresarios y administradores de los medios y también a los periodistas más importantes, que no hacen parte de rancias asociaciones o uniones gremiales.