INICIO arrow REVISTA VANGUARDIA arrow La obsesión del desgaste arrow arrow arrow
La obsesión del desgaste PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 24 de julio de 2007
Índice del artículo
La obsesión del desgaste
Página 2
Página 3

LA POLITIZACIÓN
La trampa que han evitado las redacciones
Cualquiera imagina que el Presidente ha producido el efecto de un tsunami en las redacciones del país. No hay tal. “La prensa tiene experiencia con políticos y proyectos autoritarios –dice Carlos Jijón, director nacional de Noticias de Ecuavisa–. La prensa sabe cómo tratar estas situaciones. Está preparada”. Y con él, algunos periodistas recuerdan, sobre todo, los tiempos de León Febres Cordero, cuando hubo ataques y amenazas a periodistas, clausuras de medios… No hay sorpresa, entonces. Quizá cierta decepción de que este Presidente sea idéntico a los anteriores. No le gusta la crítica. Quiere que se dé preponderancia absoluta a su agenda. No quiere que él ni sus acciones sean sujetos de interpretación… Sin embargo, su caso no es especial para los medios. Es asimilado a la relación normal, con características de distante y tensa, que hay entre el poder político y la prensa. Y así es visto en Expreso, El Comercio, Ecuavisa, Hoy, La Hora, RTS… Hay matices, claro. Como el que refiere Francisco Vivanco, presidente nacional de La Hora: “La forma de manejar el poder, la majestad que quiere el Presidente, el querer transformarse en autócrata y dueño de la verdad han hecho que el enfrentamiento sea mayor. Pero siempre hemos tenido problemas con el poder”.

Hernán Ramos, editor general de El Comercio, también habla de un escenario diferente. “El poder siempre ha criticado a los medios de comunicación; Correa nos ha cuestionado. Y eso significa que así hagas un diario perfecto cada día, con él siempre vas a ser sujeto de cuestionamiento”. Dicho de otra manera, el Presidente ha querido convertir a los medios –como dice en RTS, Hoy, Ecuavisa… Los medios también se defienden de haber caído en la trampa de dedicarse a seguir la agenda presidencial. Y en ello insiste Hernán Ramos cuando dice que El Comercio respeta su propia planificación en un 90 por ciento y no ha ampliado la cobertura política, que sigue encapsulada en una de las doce secciones de ese diario.

Francisco Vivanco, por su lado, descarta que la agenda del Presidente haya ganado peso en los doce periódicos que tiene La Hora. “Esto lo evaluamos semanalmente en el sentido de que las agendas son públicas y no necesariamente son las del Gobierno y peor las del Presidente. El Gobierno busca macro agendas que no refieran los problemas reales del país”. En esto sí hay matices profundos en los medios. Algunos siguen pensando que no hay que perderse un movimiento del Presidente. “La decisión editorial –dice Ángel Sánchez, subdirector nacional de noticias de Ecuavisa– es acompañar al Presidente donde vaya”.

Otros creen mucho más en agendas paralelas, creadas por los medios, en las cuales se inserta, si lo amerita, la acción del Ejecutivo. Thalía Flores pone como ejemplo las cadenas radiales del Presidente. “No estamos esperando a ver qué dice para tener qué publicar en la primera página. Puede haber otras noticias que son de mayor interés para nuestros lectores”. Nadie niega, sin embargo, que Correa es motivo de mayor preocupación para los columnistas de opinión. Incluidas las institucionales que, en este Gobierno, han sido más frecuentes. Un caso específico es Ecuavisa donde Alfonso Espinoza de los Monteros ha multiplicado los comentarios del canal.

LA AUTOCRÍTICA
El Presidente incide en la confección mediática

Rafael Correa sí ha incidido en la forma en que los medios elaboran sus noticias. Hay más cuidado y se exige más precisión a los periodistas. Lo reconocen Edwin Ulloa, editor general de Expreso, Hernán Ramos, Thalía Flores… “No ha habido migración de conceptos –dice Hernán Ramos–.

Seguimos creyendo, como creemos desde hace lustros, en la independencia del poder, la distancia de las fuentes y la agenda periodística propia. Pero sí hemos depurado métodos y mecánicas de trabajo”. En El Comercio ha habido inclusive cursos con abogados y otros especialistas. Se ha tratado, como en otros medios, de mejorar la precisión, cuidar más el lenguaje, depurar la agenda y jerarquizar más la información.

“Los periodistas estamos haciendo las cosas con más cuidado –dice Thalía Flores– para dotarnos de más argumentos. No me preocupa tanto no tener un día la primicia, sí me preocupa tener la información completa”. Ángel Sánchez cuenta que esta preocupación por la exactitud hizo que Ecuavisa no difundiera los pativideos, pues los tuvo mucho antes que Teleamazonas. “No los publicamos porque nos tocó revisarlos y analizarlos con ingenieros de sonido, peritos legales y económicos para entender el alcance. Llamamos a los involucrados. Incluso llegamos a pensar que era una trampa del Gobierno para después acusarnos de hacernos eco de todo”.

Correa preocupa. Y lejos de haberse erigido en defensor de reporteros rasos, les genera inestabilidad. Sus amenazas, afirmaciones de que puede suspender frecuencias o cerrar canales, crean zozobra. “La gente sí se pone nerviosa –dice Francisco Vivanco–. Piensa que un Presidente así va a cerrar periódicos y se van a quedar sin trabajo”.

Las empresas reaccionan en forma diferente. Se han extremado controles de edición. En los canales se dice que se ha separado con mayor entereza la información y el comentario. Y quizá sea verdad en el área política, porque en otros campos los reporteros hacen todo tipo de comentarios editoriales. Se guardan las cintas magnetofónicas como medio de prueba. Se ha prohibido –es el caso de El Universo– a todos los periodistas emitir comentarios, a título personal o de la empresa, sobre las acciones del Gobierno o del Presidente. Por eso Gustavo Cortez, editor general de ese diario, no participó en este informe de Vanguardia.

O ha crecido la influencia de consejos editoriales, como es el caso de Ecuavisa, donde cada viernes Xavier Alvarado Roca, Carlos Jijón, Alfonso Espinoza de los Monteros, Carlos Vera, Alfredo Pinoargote y Xavier Alvarado Robles evalúan el trabajo y sugieren cambios.

En definitiva, se admite que la presión presidencial ha incidido en las formas en que estaban trabajando algunas redacciones. Pero se ha evitado el mayor costo para el periodismo: caer en la lógica de la confrontación que plantea, pasando un día, un Presidente que, con sus virtudes y defectos, se quedó sin oposición política.