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Bush activa otra bomba en Oriente PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 07 de agosto de 2007

Washington arma a sus aliados en la zona contra Irán. Es una ofensiva multimillonaria.

 

La semana pasada el gobierno de George W. Bush aclaró las dudas. Para Estados Unidos Iraq sigue siendo clave. No sólo por el petróleo, sino por la vecindad con Irán, al cual considera uno de sus enemigos más peligrosos.

Bush aclaró que su régimen continúa ponderando la lucha contra el terrorismo. La de él sigue siendo una ofensiva global que intentará mantener durante los próximos 10 años, como política de Estado, más allá de que un republicano gane o no las próximas elecciones presidenciales.

Irán es la gran amenaza. Para la visión estadounidense —secundada por la israelita—, el país de los ayatolas es altamente riesgoso. Por eso, Washington anunció un multimillonario suministro de armas, superior a los 63 000 millones de dólares.

Pero el diario The New York Times informó que Israel ha planteado a Estados Unidos que no venda a Arabia Saudita bombas guiadas por satélites que pudieran ser lanzadas contra territorio israelí. En respuesta, la Casa Blanca ha asegurado a Israel que pactará restricciones con Arabia Saudita. Aunque no se estableció de qué tipo. Y a pesar de esto, el Presidente estadounidense ha dicho que la diplomacia primará en sus discrepancias nucleares con los iraníes.

Casa adentro, los medios se encuentran divididos. Los unos no dejan de criticar, cansados del fracaso que hasta ahora significa Iraq, y los otros, por el contrario, exigen una respuesta bélica contundente contra Irán. Dentro del último grupo se encuentran los columnistas del diario conservador The Washington Post o del neoconservador Weekly Standar. Además hay voces políticas, como la del senador Joe Lieberman, quien lamenta la ingenuidad de aquellos que creen que a un enemigo como Irán se lo puede convencer tan sólo con el diálogo.

La oposición demócrata califica la medida como un intento desesperado de levantar su popularidad. Y ya anuncia el rechazo de su bancada legislativa a la propuesta. “Este gobierno no tiene una política de venta de armas, sino aquella de vender, vender, vender”, dijo el asesor parlamentario de Asuntos Exteriores, Daryl G. Kimball.

EE.UU. busca aislar y debilitar a Irán, al que acusa de desarrollar en secreto armas nucleares y apoyar a las milicias chiitas en Iraq, denuncias que son rechazadas por Teherán. Los gobiernos sunnitas en Oriente Medio se han mostrado preocupados por el creciente poder del gobierno chiita de Irán, e Israel considera a este país como su principal enemigo.

De momento la Casa Blanca busca reforzar su presencia en la región asiática, a través de la colaboración de sus aliados tradicionales. Esto explica el viaje realizado a Israel y a Arabia Saudita por la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, junto con el secretario de Defensa Robert Gates. Tampoco resulta coincidencia que el viaje se haya realizado cuando se da el anuncio del apoyo en armas.

Para Joseph Henrotin, editor de la revista francesa Defensa y Seguridad Internacional, el fracaso del proyecto estadounidense de un Gran Oriente Medio democrático, consumado con la derrota en Iraq, obliga a Washington a intentar salvar los muebles al distribuir la ayuda militar por todas partes.

En efecto, el equipo de Bush se muestra más pragmático. Ya no se habla de democratizar la región sino de estabilizar los aliados históricos. “Tenemos los mismos objetivos en esta región en lo que a seguridad y estabilidad se refiere”, dijo Rice sobre los países que recibirán las exportaciones de armas estadounidenses, ya que equipar con armamento a Israel, Arabia Saudita y a cinco estados del Golfo Pérsico tiene como objetivo el cerco geopolítico a Irán.

Las cifras del monto del armamento para Arabia Saudita, Bahrein, Kuwait, Omán, Qatar y Emiratos Árabes Unidos se definirán en las próximas semanas, según Nicholas Burns, subsecretario de Estado. Lo único definido es que Israel recibirá en los próximos 10 años un total de 30 000 millones de dólares en ayuda militar, frente a los 24 000 millones que recibieron antes. Egipto, por su parte, recibirá 13 000 millones como parte de un paquete más amplio.

Estados Unidos arma a sus aliados en busca de un soporte para sus intereses económicos en la región. A cada uno le da su parte como a judíos y árabes, enemigos comunes entre sí. Desde Irán miran la maniobra como una aventura que tiene, para ellos, la clara finalidad de beneficiar a los fabricantes de armas con multimillonarias ventas. El acuerdo militar prevé incluir bombas guiadas, buques de guerra y tecnología de alta precisión, de acuerdo con informes del Pentágono.

Sin embargo, no todos ven la estrategia de Washington como efectiva. El presidente de la comisión de Relaciones Exteriores del Parlamento alemán, Ruprecht Polenz, en una entrevista publicada por el diario Frankfurter Rundschau, afirmó que cuando se añaden explosivos a un polvorín, no se mejora la seguridad para la región.

En similar sentido piensa Carolina Pailhe, colaboradora del Grupo de Investigación e Información sobre la Paz y la Seguridad, con sede en Bruselas. “Teniendo en cuenta la inestabilidad de estos regímenes, todo pudiera volverse un día contra los estadounidenses”, dijo Pailhe, tras recordar que en su momento EE.UU. ya había armado a Irán, a Iraq y a los talibanes afganos, a los cuales tuvo que combatir después. N