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‘Hay gobernantes que infantilizan a la población’ PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 21 de agosto de 2007
Entrevista a Antanas Mockus
 La política tiene nuevas formas de recrearse. Eso incluye a la comunicación y a las fórmulas que usa el gobernante.

¿Bajo qué presupuestos cree usted que se pueda recrear hoy la política?
Existe un elemento absolutamente nuevo que es el grado de educación de nuestras sociedades. Se acabó el abismo que existía entre élites educadas y gente común y corriente, pues estos últimos tienen hoy la educación de las élites de hace 70 años. Eso hace que todo el potencial, vía medios de comunicación, pueda ir subiendo el nivel. En ese escenario cabe un lenguaje más directo y con menos compromiso. No garantizar nada más allá que lo básico, pues se necesitan tres o cuatro gobiernos austeros, serios y fiscalmente responsables, para enderezar lo hecho por un régimen populista.

Usted maneja un lenguaje simbólico. ¿Qué códigos tiene la nueva política?

Un discurso de mayoría de edad. Lo que quiero decir es que extrañamente el anti populismo o el no populismo tienen un espacio muy grande de gente receptiva porque ha sido educada. Las personas valoran la sinceridad, que se les cuente la verdad.

Mucho de ello se juega en la comunicación.  ¿Cómo debe hacérsela para cambiar la política?

Yo usé una fórmula fundamentada en que quiero enseñar, pero antes tengo que aprender. Ejercí autoridad pedagógica, pero desde cierta humildad real.

El político debe ser como una especie de puente entre los expertos y la gente. Una parte del discurso consiste en divulgar el mensaje de la manera más sencilla y rigurosa.

¿Es eso posible permanentemente?

No siempre lo es. Pero la comunica ción honrada es una pieza clave de la sociedad contemporánea.

¿Cómo acompasa esa actitud en una sociedad con alta cultura visual?
Para comunicar, primero, uno necesita entender y no ser escéptico.

O sea, existe un equilibrio muy delicado entre el pesimismo de la cabeza, el pesimismo de la razón y el optimismo del corazón. La gente quiere un líder optimista, pero no uno que sea iluso. El justo equilibrio es animar esperanzas, pero respaldadas.

¿Ese equilibrio es dable frente a electores que premian prototipos como el de Velasco Ibarra?

Creo que hay gobernantes que infantilizan a la población y hay gobernantes que tratan a la población como mayores de edad. Prefiero lo segundo. Lo que la gente busca está entre dos polaridades: entre el papá mago y el papá que explica, respeta y que cree que pueden entender. En mi caso, crear confianza fue determinante.

¿Cómo devolverse del show político en el cual los medios involucraron a la política o al revés?
Gobernar implica invertir, aplicar y reformar normas, y educar. La política tradicional no te prepara para educar.

Ahora eso no quita que la dinámica social te lleve a que, por ejemplo, tras 30 años de buscar qué debo entender para enseñar, cambie todo y me dé cuenta de que necesito gustar.

¿Entonces los medios son aliados?

Los medios son tan importantes que quien hace política se vuelve una especie de esclavo infantil de los medios. Por afán de él o de los asesores por que aparezca en los medios lo pueden llevar a hacer cualquier cosa.

Ahora se habla de corrientes ciudadanas. ¿Cómo compaginar aquello con la existencia de partidos?

Me parece excelente que haya ciudadanos interesados en participar en política. Lo que está detrás de esto es la profesionalización de la política.

Se necesitan políticos profesionales, pero no un monopolio de ellos pues eso le hace daño a la política. No habría suficiente competencia y se pueden contagiar de los vicios clientelistas.

¿Hasta dónde cabe la ruptura?
Cierto grado de competencia externa para los partidos políticos tradicionales es importante. Esta debe ser oportuna y no post mortem. Ahora yo mismo estoy en esa paradoja. En mi equipo hay gente pro partido y la curiosa ironía es que nuestro intento por crear uno hasta ahora no ha funcionado. Parece que yo, en mi inconsciente, borro esos intentos.

¿Cómo cuaja la producción de nuevas ideas políticas?

Uno de los líos es cómo se asume la camiseta política. Recuerdo que un grupo de niñas, estudiantes de un colegio, decidió protestar por algo que consideraba injusto. Les recomendé que averiguaran las leyes, la normativa y así lo hicieron. Hubo militancia y aunque lograron el objetivo, se involucraron. Depende de eso.

Todo apunta a que las personas vivirán más desprendidas de lo público y más atadas a lo privado. ¿Cómo superar esto en la política?
Lo que me funcionó bastante bien fue la narrativa. Una propuesta de gobierno no sólo debe ser lógica y coherente, racional técnicamente, eficiente o sostenible. Tiene que ser un episodio clave en una historia que la sociedad cuenta o que ella se cuenta. En la parte técnica, la gente delega, pero cuando se logra involucrar a través de una invitación o narrando un proceso que capte la atención, participa.

En la vida hay historias, emociones, sujetos que arrancan siendo malos y se vuelven buenos. La historia real de una política pública es muy parecida a una telenovela.

¿Dónde, dentro de ese proceso, se jugarán las diferencias tradicionales entre derecha e izquierda?

Parte de la irrelevancia de la política tradicional consiste en que esa oposición no alcanza a recoger todo. El tema de gestión pública honrada y el de una relación honrada entre el sector privado y el Estado, hasta donde he podido averiguar, no es un tema preferido ni de izquierda ni de derecha. He sido capaz de dar giros muy fuertes en cualquiera de las dos direcciones.

¿Cómo mantener a la democracia como un sistema atractivo?
Para asignar prioridades de acción y de inversión, el método democrático de escoger a alguien, seguirá funcionando.
 

¿Cómo hacerlo atractivo? En Bogotá una de las cosas que se hizo para que la gente pagara impuestos es que podía escoger entre 15 proyectos de inversión. Ese es el presupuesto participativo. Eso puede volver más interesante a la democracia.

Todo eso no se hace sin ciudadanos. ¿Cómo se forma un demócrata, un ciudadano, en la actualidad?
Lo primero es reconocer que uno no nace ciudadano. Que eso no está escrito en los genes. Lo básico es la cultura y eso empieza en la familia. Pero para ser ciudadano hay que relativizar mucho la familia. Esta aporta mucho, pero el ciudadano es capaz de ser ciudadano hasta contra su familia. Allí se forma un demócrata.

Cuando usted logra sufrir más con el sufrimiento de gente que no conoce, que no es de su familia, cuando su solidaridad se transforma, allí es ciudadano. Lo es cuando puede confiar en un desconocido. Ciudadano es el que se deja llevar por la ley, pero si ésta le disgusta, la reforma.

El ciudadano del futuro debe ser constructor consciente de los tres órdenes: el jurídico, el cultural y el moral personal. Es individual pero capaz de sentir, de pertenecer al barrio, a la ciudad, al país y al continente.

El ciudadano es capaz de ponerse varias camisetas. Capaz, por un argumento, de actuar en contra de sus propios intereses. Creo que hay emociones universales.