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El socialismo del siglo XXi aún es un discurso sin teoría. Paco Salazar destaca 3 falencias.
¿Por qué Viva la ciudadanía y Ruptura de los 25 apoyan lo que no existe: el socialismo del siglo XXI? Existe como proceso de profunda participación, de radical democracia.
¿Cuándo irá a la práctica? Cuando construyamos los espacios de esa profunda participación ciudadana, desde los barrios más pequeños hasta las ciudades más grandes.
¿No dan cheques en blanco al Presidente en tanto no concreta su proyecto? El Presidente sí concreta el libreto, pero los ecuatorianos somos exigentes en cuanto a tiempos. Van apenas ocho meses de gestión y el nuevo socialismo es un proceso de construcción que se recrea cada día.
¿Cuándo exigirán al Presidente que defina públicamente sus tesis? Cometemos un error criollo al pensar que necesitamos un dogma para seguir. La esencia de la democracia es considerarnos iguales.
No dogmas, sí políticas... Miren el trabajo en Bienestar Social, la otrora cueva del favor político. Hoy el bono es un respaldo para créditos productivos.
¿Acciones con réditos? Son procesos lícitos. Ustedes esbozan el socialismo del siglo XXI en oposición a 'la triste noche neoliberal'. ¿No hay conceptos propios? Los socialismos del siglo XXI, en plural, nacen del análisis de lo que falló en el socialismo del siglo XX, del renglón no leído en Marx: el bien colectivo se consigue con respeto del individuo, sin procesos caudillistas.
¿Es esquizofrénico definir el modelo para Ecuador, ahora, desde experiencias de Venezuela, Brasil, Chile? Es un natural arranque. Pero no recibiremos un paquete de lo que en otros países no está terminado.
¿Una opción neopopulista? No, es un proceso del cual se generarán los conceptos. Es injusto con los ciudadanos pensar que se puede imponer un guión. Se puede imponer una utopía. Pero el método y las instituciones tienen que ser democráticas.
Entonces, ¿cómo coteja esa expectativa de participación con un Presidente que pareciera tener la última palabra? Hay que ver a este Presidente en el ejercicio de un poder que estaba habituado a ser secuestrado por mafias.
Rafael Correa también ha relativizado la ley y la institucionalidad... Sería ingenuo creer que en un proceso de cambio, respaldado por una absoluta mayoría, no se obre con acuerdos.
Por ejemplo, ¿qué pasaría si los acuerdos de la Asamblea, aprobados en referendo, no resultasen funcionales a las prácticas del Gobierno? Correa respetará ese acuerdo. Pero Ecuador no cambiará de la noche a la mañana. Este es un país con la más alta densidad de expertos en democracia participativa, que siguen generando teorías, y ya es hora de que estén metidos en espacios reales.
Por eso ¿no temen que Correa, en alguna coyuntura política, los baje del tren? Nosotros no sólo queremos hacer matices dentro del Gobierno, estamos para facilitar procesos. Para el Presidente pesa la participación y la necesidad de un pensamiento propio, que se produce al ver al Estado desde el empoderamiento ciudadano. Ese es el motor del nuevo socialismo.
¿No es esa la retórica del candidato Correa extendida a la Presidencia? Es que al liderazgo le corresponde la utopía. La concreción, a la ciudadanía.
También hay utopías macabras... Hay deficiencias en el proceso. Empezamos tarde a forzar la participación, a invertir recursos del Estado en abrir espacios, a comunicar el ideario.
En suma, su participación en este proceso ¿no es contorsionismo intelectual? Participamos por acuerdos públicos firmados antes de elecciones. Si el fin es enrumbar al país al sur, al socialismo del siglo XXI, trabajaremos desde todos los frentes, con consistencia ideológica, no hegemónica. Debemos dar una mano al poder, con independencia. Esto es transparencia, no contorsionismo. N |