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La batalla secreta PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 28 de agosto de 2007

El Legislativo puede convertirse en la piedra de toque del equilibrio de poderes. ¿Evitará así que la Asamblea lo disuelva? Vanguardia investigó.

 

La amenaza parece certeza para el presidente Correa: el Congreso será disuelto por la Asamblea y reemplazado por una Asamblea Legislativa. El Mandatario, como es costumbre en él, ha sido suficientemente específico para anclar su propuesta entre los electores y apropiadamente etéreo para evader las implicaciones de su ofrecimiento.

Lo cierto es que Rafael Correa ha vuelto a agosto del año pasado cuando el Congreso, desprestigiado e impopular, era una de sus cabezas de turco. Decir que esa institución debe ser disuelta es lo mismo que afirmar que no presentaría candidatos a diputados. El mensaje es el mismo: el Congreso no sirve para nada. Pero, claro, han pasado siete meses desde que él está en Carondelet y el país ha sido testigo de que tanto él, como la oposición, han buscado el control del Legislativo. Sin el Congreso Correa no hubiera tenido el perfil de la Asamblea que tiene. Pero sin el Congreso, igualmente, Ricardo Patiño seguiría de activista en Finanzas y de productor de videos.  En definitiva –ydiga lo que diga el Presidente- el Congreso, impopular y desprestigiado, se está convirtiendo en piedra de toque de un equilibrio de poderes que, en los pprimeros meses de gobierno, poco interesaba a la opinión. La defensa institucional que empieza a aparecer en algunos sectores y, particularmente en la opinión que se expresa en los medios de comunicación, está devolviendo el alma al cuerpo de algunos legisladores. “El país de a poco va reaccionando —dijo a Vanguardia Jorge Cevallos— y se va dando cuenta de que no conviene, en un país que vive en democracia y con el problema de incertidumbre política, que de un plumazo desaparezca el Congreso. El remedio puede ser peor que la enfermedad”. El Presidente del Congreso vuelve así al único punto que tienen los legisladores para encarar la amenaza presidencial: el de los principios. Recordar que en democracia no se puede disolver el poder encargado de legislar y fiscalizar. No se puede romper el principio de pesos y contrapesos que rige en democracia.

Hay, en ese sentido, una suerte de exorcismo que recorre algunos partidos y movimientos conscientes ahora de haber firmado, en ciertas acciones, un cheque en blanco al Presidente. Pachakutik, la ID, el PRE… quieren hoy fortalecer sus alianzas con otras fuerzas en estructuras que estén dispuestas a defender la institucionalidad democrática.

A defender el Congreso —no estos diputados— cuyo nivel promedio sorprende a los propios legisladores. ¿En qué se sustentan? En índices y señales producidos fuera del recinto parlamentario. Según Cedatos, 50 por ciento de los ecuatorianos no concibe una democracia sin Parlamento. Una cosa es haber botado a 57 diputados; otra es comerse todo el Congreso Nacional.

Otro sondeo de Informe Confidencial, hecho el 21 de julio, mostró que la imagen positiva del Congreso era de 26% en Quito y 21% en Guayaquil. Es poco si se mira la imagen negativa (73% en Quito y 77% en Guayaquil) pero es harto —lo dice el Presidente del Congreso— si se piensa que hace algunos meses los positivos del Congreso Nacional apenas sumaban 4 puntos… En el Congreso también se mira con buenos ojos el cambio en la OEA. Se critica la actitud del secretario general, José Miguel Insulza, por haber aplaudido la Consulta Popular en los términos planteados por el Presidente y no haberse reunido con la oposición.

Pero se saluda el pronunciamiento de la OEA de suspender la publicidad del régimen en la campaña. En fin, el Presidente del Congreso jura que un bicho de unidad, desconocido hasta ahora, picó al 90% de los diputados. “Nunca antes había habido esta fortaleza en la unidad para defender a la institución”.

En realidad, el Congreso está en plena efervescencia y en este momento hay acciones concertadas y personales, públicas y discretas, programadas o espontáneas en la misma dirección: hacer entender a los candidatos que la Asamblea tiene sus atribuciones y que en ellas no figura disolver al Congreso y legislar. “Si se aplicara la tesis de plenos poderes —dice Andrés Páez, presidente de la ID— implicaría que las parejas tienen que ir a divorciarse en la Asamblea. Esta debería, entonces, emitir las leyes, fiscalizar y dar los decretos porque el Presidente también se quedaría sin funciones. La Asamblea no puede hacer nada mientras no exista el referendo rectificatorio”.

En este caso, Pachakutik parece bailar al mismo ritmo: “Creo que la actitud del Presidente —dice Ramsés Torres— (de pedir la disolución del Congreso) es una estrategia politiquera velada, enmarcada en la vieja práctica política. Nos decepciona porque es la misma práctica que él criticaba”. El PRE tampoco apoyará la disolución. Y Abdalá Bucaram Pulley precisa que su partido no integraría comisión legislativa alguna.

En este sentido, Correa perdería aliados, posiblemente necesarios, en la Asamblea, para votar la disolución del Congreso. Sólo el MPD, según dijo Ciro Guzmán, aprobaría tal medida. Sin embargo, la unidad de la cual habla Jorge Cevallos tiene serias fisuras.

El Prian, por ejemplo, está en contra de este Congreso. Lo está por razones políticas y viscerales en las cuales pesa sobremanera la guerra sin cuartel que libra contra su ex militante Jorge Cevallos. Y esto lleva a ese partido a contradicciones flagrantes como la que expone Vicente Taiano. “Una vez aprobada la disolución del Congreso por parte de la Asamblea, vamos a redactar la convocatoria para elecciones de diputados. No podemos ni queremos dejar al país sin Parlamento. No dejaremos que el Gobierno legisle con decretos de emergencia. También estamos en contra de crear comisiones legislativas”.

En claro, el Prian cree que puede hacer todo aquello porque piensa que el bloque de derecha obtendrá 55% de los asambleístas. ¿Y si ese no fuera el caso? “Lo lógico —dice uno de sus diputados que pidió no ser citado— es que el Prian participe en las acciones que emprenderá el Congreso para oponerse a la disolución”. Pero allí, en los rangos de la centroderecha, sí se señala, con amargura, la forma cómo, a sus ojos, Álvaro Noboa y los suyos están ayudando al Gobierno con su campaña de desprestigio y de venganza contra el Congreso Nacional.

De hecho, el martes 21, hubo una reunión de unos 35 diputados con el Presidente del Congreso para analizar un proyecto de resolución de Homero López (PRE) según el cual el Congreso Nacional debiera destituir a los diputados que hablen mal de la institución. Un aire frío recorrió la tienda del MPD, pues Gustavo Terán tiene maestría en ese arte. Finalmente, hasta ese diputado accedió a poner tal disco en cuarentena y junto a los otros parlamentarios aceptó no volverse a pegar un tiro en la nuca. “No tiene sentido —afirma Jorge Cevallos, hablando en general— decir todos son ladrones menos yo y luego cobrar salario y hacer apología de ser diputado”.

Otras iniciativas parecidas han sido desactivadas. La de Oswaldo Burneo (RED), quien planteó votar una resolución para poner límites a la Asamblea. La de José Bolívar Castillo, quien propuso que se levante el candado constitucional para que el Congreso haga las reformas.

En realidad, la estrategia que gana terreno parece funcionar en cuatro niveles: no interferir en lo que será la labor de los futuros asambleístas, mostrar voluntad de diálogo con el Gobierno, adelantar una campaña previa de alerta en el exterior y producir nuevas señales ante la opinión, llamada a defender la institucionalidad.

Puertas adentro, el Congreso se dispone, entonces, a trabajar en la parte legislativa y de fiscalización. Está anunciado un juicio contra la ministra Albán. Los diputados pidieron al Contralor, por resolución de 75 de ellos, que revise sus cuentas e investigue sus declaraciones de nacional sobre el peligro que representaría la concentración y la absorción de poder por parte del presidente Correa. Sobre esto ha habido conversaciones discretas de algunos jefes de bloque que no han trascendido por tres razones. La primera: lograr antes una relativa unidad en torno a criterios y estrategias y evitar mayores confrontaciones internas. Dos: quitar protagonismo político interno y tratar de compartir una línea institucional de fondo que se basa en la defensa del principio de pesos y contrapesos en el sistema democrático. Y tres: morigerar las visiones de venganza contra el Congreso que existen en algunos dirigentes del PSC y sobre todo del Prian. En este punto coinciden, en efecto, Vicente Taiano y Luis Fernando Torres pues son favorables a la disolución del Congreso. Y aunque hay certezas en el Palacio Legislativo de que esos dos partidos plegarán en su defensa si el Presidente obtiene mayoría en la Asamblea, su posición complica los escenarios. Y abre la carpeta de arreglo de cuentas.

Luis Fernando Torres, por ejemplo, recuerda que “aquellos que hoy se rasgan las vestiduras como la Izquierda Democrática aprobaron el estatuto y ahora están arrepentidos porque los van a sacar del Congreso. Nosotros al no haber votado por el estatuto, no somos responsables del supuesto caos que se desarrolle en el país”.

La gran incógnita y capítulo aparte es Jorge Cevallos. El Congreso lo ha apoyado en la bronca que lo opone a Álvaro Noboa y a las dos damas del Prian. Pero en el Congreso es visto como un hombre golpeado, ensimismado en su problema personal y, por ende, sensible a las presiones de los grupos parlamentarios. Y es él, por ser la cabeza visible del Congreso y su Presidente quien tiene que administrar una estrategia imposible: hacer mercadeo con un producto invendible, convencer a la opinión de que, por encima de las incurias del Congreso, hay que defenderlo porque no hay democracia posible sin él y abrir canales de diálogo con el Gobierno. Cevallos no lo confirmó pero Vanguardia supo que hace ocho días el Ministro de Gobierno le hizo llegar un mensaje. La respuesta fue tajante: el Congreso hablará con el Presidente y no a medianoche...

Entretanto, Jorge Cevallos dice que si cierran el Congreso Nacional , él no se encadenará en sus puertas. Pero es optimista: afirma que el propio Congreso de Estados Unidos tiene, según el Miami Herald, apenas 14 por ciento de popularidad…