|
Entrevista a José María Aznar Los partidos de derecha deben reconstituirse. Su mayor reto es querer hacerlo y ser una alternativa
Lo que se plantea como socialismo del siglo 21 se presenta como consecuencia del manejo de políticas públicas de la derecha. ¿Cómo lo ve? No. Hay un fracaso de la política en general. No debe ser imputable sólo a fuerzas de centro derecha o centro izquierda, sino a un fracaso político general. Lo que yo creo es que un fracaso de esa envergadura no se puede solventar yendo a otro fracaso, sino intentando reflexionar, que es fácil aplicar las recetas que en otros países condujeron al éxito.
Las izquierdas no han gobernado, ¿imputaría el fracaso a las élites? No, a un autoritarismo revolucionario en muchos países, y con políticas extraordinariamente de izquierda, en muchos países iberoamericanos. Creo que las élites iberoamericanas tienen una responsabilidad grande, que deberían retomar sus compromisos personales y actuar para volver más solventes a los países, con más confianza.
En Ecuador, la centro derecha o la derecha, parecen no tener respuesta. ¿Cómo reconstituir el imaginario político? Eso se puede recrear. No es una historia nueva, en otros países existe, en España existió. Es un proceso largo de reglamentación de centro derecha. En España había un centro derecha fragmentado, incapaz de ganar elecciones, luego llegó la unidad, la unificación de proyectos nuevos y nuevas funciones.
¿Ve usted un proceso largo? Depende de lo que sea largo, pero siempre es un proceso muy necesario.
Lo que quiero decir es que políticas que no han funcionado, no se resuelven con recetas fracasadas ni volviendo a la antigua. Es un buen momento para refundar espacios políticos. Creo que hay un espacio grande, en muchos países iberoamericanos, para hacer una gran operación de refundación de centro derecha, incluyente, renovadora, y que sea la expresión de las políticas que se descargan en tantos países.
¿A partir de qué se puede refundar? Hay mucho trabajo por hacer. Hace 20 años, había dictaduras. Con más o menos problemas, se extendieron sistemas democráticos. Hace años Iberoamérica era síntoma de inestabilidad económica. No nos acordamos porque tenemos varias respuestas, pero hubo hiperinflación, crisis financiera, déficit. Todas esas cosas dieron lugar a marcos macroeconómicos más estables, que se acercan a los equilibrios presupuestarios, al control de la inflación.
Todo eso forma parte de nuevos consensos. Pero falta uno político: elegir la estrategia y poner los medios para alcanzar los objetivos.
¿Dónde empieza eso? Empieza en cada uno.
Y cuando no ha habido partidos... Hay que ir construyéndolos...
Y cuando no hay idearios... En España no teníamos partidos en el 75 y luego tuvimos partidos. Y hay partidos bien organizados. Yo contribuí a hacer y a recrear el Partido Popular de España. Eso es posible, simplemente hay que ponerse a hacerlo, tener voluntad, determinación e ideas para hacerlo. Hay que creer en un proyecto y dedicarle mucho esfuerzo.
¿Qué juego específico deben tener, por ejemplo, las cámaras productivas? Cuanto más tupido sea el tejido social de un país, más formas de raíz hay. Eso significa que la sociedad civil es una sociedad viva. Los países necesitan partidos sólidos, democráticos, con capacidad de generar liderazgo. Ojalá hubiera en Ecuador más empresas de las que hay, más organizaciones sociales, cámaras de comercio, asociaciones de trabajadores, culturales. Todo esto es bueno, porque crea un tejido social.
¿Cómo caracterizaría la nueva derecha, la que se necesitaría? No me gusta opinar sobre situaciones internas de un país que no es el mío.
Pero puedo hablar de las recetas en que creo: puede llegar un momento en el cual es necesario hacer un acto refundacional, que es crear algo nuevo, no sobre la nada, sino sobre lo que pudo haber existido. Todo el mundo será necesario en esa refundación, pero deberá surgir en proyectos políticos nuevos, en condiciones nuevas, con actitudes y liderazgos nuevos. Esa es mi experiencia y se ha abierto en Francia, Italia...
Aquí hay dos perspectivas: la derecha que piensa que el país debe tocar fondo y la que espera que Correa se desgaste y fracase... En primer lugar, en lo de tocar fondo, el problema es que te pones a rascar el fondo y ¿dónde acaba el fondo? En segundo lugar, la vida política, tiene dos ejes: el desgaste del adversario, que es importante, y la propuesta alternativa, que también lo es. Basar todo en el desgaste del adversario no es lógico, hay que poner una propuesta alternativa sólida.
Usted decía que se pueden hacer los partidos. Pero tenemos una Venezuela como está, Colombia con una guerrilla y Ecuador con inestabilidad... Por eso digo que hace falta que una cierta derecha acomplejada, que existe en Iberoamérica y en Europa, se desacompleje, se una, renueve su discurso y comience el camino del éxito.
¿La derecha sigue pensando que en equidad el mercado soluciona todo...? Lo que tiene que ser es eficaz en cumplir las funciones que tiene asumidas.
El Estado tiene que garantizar seguridad, defensa, justicia, condición social del país, sistema fiscal justo, solidaridad entre los territorios. El Estado no tiene que ser muy grande, sí eficaz. No debe ser intervencionista, debe crear el marco que permita a la sociedad desarrollarse. El Gobierno no debe tener empresas, debe crear el marco que permita a mucha gente crear empresas. Tiene que garantizar la sociedad jurídica, para que los inversionistas vengan; crear la seguridad jurídica. El Gobierno tendrá que hacer lo que debe hacer: intervenciones, si es necesario, para crear un sentido de solidez.
El tema de la equidad... No se consigue con técnicas populistas, sino de acuerdo con las políticas.
¿Debe estar en el ideario de derecha? Es parte esencial. La equidad es la derecha, la solidaridad, la justicia social y en eso consisten las funciones del progreso. La izquierda crea paro, el centro derecha, normalmente crea empleo.
En España ha habido alternancia, ¿dónde están hoy los márgenes entre izquierda y derecha? Hay políticas internacionalistas y políticas liberales. Las liberales producen mejores resultados que las internacionalistas, diferenciadas como derecha e izquierda.
La cuestión no es de etiquetas. Hablando de Europa, se puede hacer una política reformista, bajar los impuestos, tener equilibrios presupuestarios, defender la familia, la sociedad o se puede tener lo contrario. Ahí hay diferencias, pero en la concepción ideológica también.
No es lo mismo tener algo que defender, que esa suerte de cosas que se llama buenismo, que consiste en decir que está todo igual, que los actos no producen consecuencias. Uno hace una sociedad responsable y los otros no.
No es un poco maniqueo lo suyo. No es maniqueo, es la realidad que se está viviendo hoy, la realidad de la defensa de las sociedades europeas.
España y Chile tuvieron golpes de Estado, ¿no son ejemplos con un problema de trasfondo? No tiene nada que ver el golpe de Estado en Chile con la Guerra Civil española. Pero son sociedades con consensos. Todo el mundo entiende que tiene algo que ganar en la nueva situación y gente que tiene que perder.
|