REVISTA VANGUARDIA
La ideología de los deseos
| La ideología de los deseos |
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| Revista Vanguardia | |||||
| martes, 18 de septiembre de 2007 | |||||
Página 1 de 3 ¿Socialistas? Eso dicen el Presidente, sus amigos y aliados. Pero ¿Qué tipo de socialismo y en qué se diferencia de la socialdemocracia? ¿O se trata de un lema electoral y de un cascarón ideológico? El Gobierno ya cometió parricidio: apenas apareció el supuesto ideólogo del Socialismo del siglo XXI, fue ingratamente desconocido. El encargado fue el ministro de Gobierno, Gustavo Larrea, quien, alarmado por lo que leyó, le aplicó la máquina del tiempo y lo devolvió al siglo XIX. En realidad, la aparición de Heinz Dieterich en el país y las conclusiones jocosas que suscitaron sus declaraciones, revelaron uno de los mayores malentendidos de este Gobierno. Hasta horas antes de su venida, en efecto, nadie dudaba de que Dieterich fuera uno de los mayores teóricos de la vertiente ideológica defendida por el presidente Rafael Correa. De hecho, así figura en la relación que hizo el servicio de prensa de la Presidencia de la República sobre el discurso que pronunció el Primer Mandtario en el foro internacional Los socialismos del siglo XXI. “El jefe del Estado recordó que ha habido muchos socialismos desde el clásico de Marx y Engels, como también ha habido distintas visiones en el mismo Ecuador, hasta llegar al actual socialismo del siglo XXI, cuyos principales teóricos son Enrique Dussel y Heinz Dieterich y cuyo planteamiento habla de construir el socialismo desde la base”. Sin embargo, el mito de Dieterich, cultivado también por Alexis Ponce y otros seguidores de Chávez, no resistió tres entrevistas. Larrea no es el único sorprendido. María Paula Romo, candidata a la Asamblea y aliada de Correa, confiesa jamás haber leído a Dieterich. Fander Falconí, secretario Nacional de Planificación, reconoce que “sería un grave error decir que el socialismo del siglo XXI, tiene un padre”. De hecho, “no hay un socialismo del siglo XXI como no hay una sola izquierda —dice Gustavo Larrea—. Hay izquierdas y socialismos”. En conclusión, Dieterich no es padre de nada y el socialismo del siglo XXI no existe. ¿Es ficción, entonces, el discurso del Presidente cuando se declara partidario de esa corriente? ¿A qué tipo de socialismo quiere llevar el Gobierno al país? Vanguardia investigó el tema. LA FÓRMULA El Presidente no define y así evita las minas ¿Sabe el régimen ideológicamente para dónde va? Al parecer lo sabe más la oposición que le ha endosado intenciones chavistas y comunistas. Una mirada del lado gubernamental complica el panorama. Por un lado, solamente el Presidente, algunos ministros y funcionarios del Estado (Alberto Acosta, Gustavo Larrea, Fander Falconí, Ricardo Patiño…) parecen tener claro el derrotero. Pero, por otro, hasta entre ellos hay incoherencia en sus posturas; afirmación que no admite el ministro de Gobierno, Gustavo Larrea. “La fanesca la tiene la oposición, este Gobierno tiene absoluta coherencia: todos somos partidarios de la democracia, de la justicia social, de la libertad, de la inclusión, prioridad por los más pobres, por los excluidos, sociedad de productores y propietarios, es decir, una democracia con más democracia”. Los principios parecen claros y en ellos no hay al parecer discusión. Lo que está en juego es su aplicación. Y ahí Fander Falconí acepta que hay discrepancias: “No hay una sola visión y tiene que ser así. Lo otro sería tener la receta”. En su afirmación hay, de hecho, una confesión: el régimen aún no tiene clara la trayectoria ideológica. Eso es, dice Augusto Barrera, un campo en disputa. Por eso Correa ha preferido dividir las aguas: por un lado, convirtió el Plan Nacional de Desarrollo en carta de navegación del Gobierno, lo cual le asegura control y cohesión. Por otro, se consagra a la campaña y evita las definiciones de fondo en las cuales sabe que hay minas en la tendencia y en su propio movimiento. Gana tiempo, pues sabe que sin una mayoría clara en la Asamblea no obtendrá los viabilizadores institucionales que necesita para las reformas estructurales. Correa evita el desgaste ante sus posibles aliados e incluso con sus propios amigos. ¿Qué hará Alberto Acosta si llega a dirigir la Asamblea, como lo cree hasta Ricardo Patiño? Acosta no hará parte, lo dijo a Vanguardia, de ningún club de aplaudidores y ha anunciado que, en ciertos puntos, irá mucho más allá de las propuestas que ha ventilado el Ejecutivo. Pero el ex Ministro también ha evitado hacer hincapié en ellos, para no generar enfrentamientos en plena campaña. Entretanto, hasta en la vieja izquierda se admite que Rafael Correa logró lo que no pudieron todos los grupos contestatarios durante años: es Gobierno. Hoy tiene la oportunidad, en Carondelet y en Montecristi, de concretar los cambios pedidos durante décadas. Eso amplía el campo en disputa del cual habla Augusto Barrera. Alianza País encara la situación de dos maneras: busca la supremacía política (lo cual crea incomodidad en la tendencia) e insiste en la fórmula ambigua del socialismo del siglo XXI, que nada dice a la hora de definir hacia dónde quiere ir. “En ese sentido —dice Felipe Burbano de Lara, sociólogo— se puede identificar al gobierno de Rafael Correa como socialista del siglo XXI, porque nadie sabe hacia dónde va el Presidente. Hay una diversidad de fuentes que están detrás de ese intento de sintetizar todo en un proyecto político que sirva para el siglo XXI. De esa variedad de matices nace la inconsistencia del modelo”. No sólo es inconsistente sino que, según Teodoro Bustamante, no podrá articularse políticamente. Este académico de la Flacso esgrime tres razones: Alianza País no existe fuera del Gobierno, está subordinada a Correa y no tiene dinámica propia. El Gobierno se defiende. El proceso de construcción está planteado desde dos espacios. Uno: las bases, compuestas por comités familiares, organizaciones locales y dirigentes que discuten los principios ideológicos. Dos: la Asamblea que debiera decantar, dicen, las diferencias de pensamiento dentro de Alianza País y bloquear a los sectores que, a sus ojos, se han apropiado del Estado para beneficio particular. Sin embargo, Bustamante piensa que el desarrollo de esta ideología interesa sólo a una parte del Gobierno y es una corriente que tiene dificultades para ganar terreno. Además no tiene poder real ni fuerza suficiente por las múltiples alianzas que hace Correa. En fin, el Gobierno tiene sus urgencias y la Asamblea es el peor espacio para desarrollar ese proceso. |
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