INICIO arrow REVISTA VANGUARDIA arrow La ideología de los deseos arrow arrow arrow
La ideología de los deseos PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 18 de septiembre de 2007
Índice del artículo
La ideología de los deseos
Página 2
Página 3

EL CASO CORREA
El Presidente es el enigma del modelo

Si el socialismo del siglo XXI fuese la socialdemocracia europea, con costurero criollo, ¿dónde estaría el problema? En Rafael Correa, anotan Julio Echeverría, Simón Pachano y Wellington Paredes, quien cita dos elementos: la izquierda siempre ha estado cerca de los nacionalismos autoritarios y de los populismos. Y el actual gobierno tiene matrices autoritarias que corresponden al estilo personal del Presidente: el choque, la descalificación al contrario, ser infalible...

Echeverría, a su vez, cree que hay dos posturas identificables en las izquierdas latinoamericanas. Una, la de Chávez, que remite al mito revolucionario de Castro. Otra, las posturas democráticas, que salen de la experiencia del autoritarismo.

“Esas izquierdas descubren la importancia de los derechos fundamentales, de las alianzas con contrapartes que no necesariamente comparten sus mismas visiones ideológicas”. En esta matriz, dice Echeverría, la izquierda rescata del liberalismo solamente el lado jacobino revolucionario.

No la otra versión, la del iluminismo, la de los derechos, la ciudadanía, la sociedad civil. ¿Dónde está el Presidente? Echeverría afirma que él ha instrumentalizado las instituciones democráticas que defienden los derechos. Simón Pachano hace parte del mismo coro. “En Correa hay rasgos obviamente de autoritarismo. Eso tiene que ver con la izquierda ecuatoriana que siempre ha apostado a líderes autoritarios; algunos de los cuales vienen de las filas militares. Y esto no es de ahora”.

El académico subraya otra faceta del Presidente: su fundamentalismo de carácter religioso. “Él no viene de una corriente de izquierda. Él viene de las bases católicas que es otra formación, que tiende casi inevitablemente a dividir el mundo en buenos y malos y eso es muy peligroso en la política. Eso no tiene nada que ver con la democracia”.

En el Gobierno y en sus aliados, existe un caso Correa, pero está bastante matizado. Se le endosa un carácter particular aunque se cree que es posible manejar los campos en disputa sin que pese, en forma decisiva, el Presidente. Un hecho absolutamente improbable, pues el presidente Correa no encarna los rasgos novedosos que, en la teoría de un nuevo socialismo, deben jugar quienes tienen poder.

Julio Echeverría releva, en este sentido, un dato conceptual que, lejos de inscribir al Presidente, en un nuevo papel lo ata al viejo populismo. “Esta izquierda del siglo XXI se remite al mito del pueblo como depositario del bien, como realidad indiferenciada respecto de la cual el líder carismático aparece como su expresión. Ese líder puede conectarse con la razón intuitiva del pueblo y, de esa manera, puede reducir todas las diferencias que, en cambio, son constitutivas de la realidad social. Eso puede tener consecuencias que conduzcan necesariamente a una deriva totalitaria o autoritaria”.

Allí hay un debate escondido entre aquellos que quisieran institucionalizar, como dice Augusto Barrera, “la construcción de un sujeto político” y aquellos que, en Alianza País, ni siquiera se plantean el tema: no les importa que haya Correa para rato. Es su mejor y su única carta. Y en su lógica, que es ganar poder y espacio, saben que, tras esta elección, habrá otra (el referendo aprobatorio de la nueva Constitución) y luego las elecciones seccionales.

En ese proceso se juega un dilema, dice Julio Echeverría, para la izquierda en general: ¿cuál de las dos tendencias ganará la hegemonía? La jacobina revolucionaria tipo Chávez, que es la más atrasada y que se inscribe en el populismo de izquierda, o la que emergió de experiencias autoritarias, interesada en procesos de concertación política? Por ahora no le cabe duda de que la primera dirige el proceso del llamado socialismo del siglo XXI.

LA APLICACIÓN
Disculpe la molestia: modelo en construcción

¿Dónde está el socialismo del siglo XXI? En construcción, dicen el régimen y sus aliados en coro. Es una fantasía, dice Wellington Paredes. Es un desafío, anota Augusto Barrera, aliado de Correa, y reconoce que, por ahora, es más un hecho electoral, una simpatía generalizada, antes que un proceso. “Ni siquiera estoy seguro de que Socialismo del siglo XXI sea el nombre adecuado”.

Y el Concejal de Quito cree que la denominación sirve, probablemente, para auspiciar eventos, “pero no existe un cuerpo teórico, doctrinario y político que sea un libreto”. En claro, el trabajo está pendiente y lo acepta así Ricardo Patiño: “Debo reconocer que no estamos trabajando sistemáticamente en eso. Cuando nació el movimiento un grupo de compañeros estableció determinadas bases que después fueron recogidas dentro del plan de Gobierno. Posteriormente, otro equipo fue afinando aquellas tesis. Pero luego de eso, dejamos de lado el tema”.

Patiño aclara que no habla a nombre de Alianza País y que si se le pregunta “a otra persona del mismo movimiento le dirá otra cosa distinta”. ¿Qué hay, entonces, en firme? Una serie de principios que traza límites teóricos con lo que fue el socialismo totalitario. En ese plano, ninguno de los amigos del Presidente, entrevistados por Vanguardia, duda de su vocación democrática. Patiño descarta de plano que el gobierno pueda aupar un socialismo autoritario, que estatice los medios de producción o el sistema bancario.

“Nuestra concepción del socialismo desde el punto de vista económico es tener millones de propietarios y millones de emprendedores”. Barrera ya no está en esas consideraciones. Para él lo importante es que, tras décadas de resistencia al neoliberalismo, hoy tienen que construir respuestas concretas. Es eso, precisamente, lo que extraña Teodoro Bustamante. “La reflexión teórica es superficial. Más bien hay un manejo identitario y simbólico de los temas del socialismo. Es la cáscara del socialismo”.