REVISTA VANGUARDIA
Otra garganta profunda …
| Otra garganta profunda … |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 25 de septiembre de 2007 | |
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Greenspan acusa a Bush de haber invadido a Iraq por petróleo y de traicionar su ideario. George W. Bush no encuentra paz. Cada semana, un hecho o una acción se vuelven en contra del Presidente de Estados Unidos. Un escándalo sigue a otro. El más reciente le ha venido casi sin esperarlo. Un ex aliado y convencido republicano, uno de los referentes económicos más reconocidos del mundo, Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de EE.UU. (Banco Central), ha levantado polvo en Washington con su más reciente libro de memorias. Su nombre es The age of turbulence: Adventures in a new World (La era de las turbulencias: aventuras en un mundo nuevo). De 500 páginas, salió a la venta la semana pasada. En él, Greenspan asegura que el principal motivo de la invasión a Iraq era el petróleo. “Me apena que sea políticamente inconveniente admitir lo que todo el mundo sabe: la guerra de Iraq es, en gran parte, por el petróleo”. En esa línea coinciden analistas internacionales que sostienen que EE.UU. quiso asegurarse los ricos suministros de crudo iraquí. Durante su gestión bajo la era Bush Greenspan mantuvo un discreto silencio. Ahora acusa al mandatario de abandonar los principios republicanos en economía. Sus memorias incluyen ataques a la bancada republicana del Congreso. Para el ex funcionario, tanto los senadores como el Presidente cambiaron los principios conservadores por el poder y se quedaron sin los dos. Se dice que Greenspan, quien pide 100 000 dólares por dar una conferencia, cobró 8,5 millones de dólares adelantados por la publicación. La crítica mordaz proviene precisamente de un viejo aliado que dijo haberse emocionado mucho cuando en el 2000, Bush ganó la presidencia. En su libro dice: “Creí que teníamos una oportunidad de oro para aplicar los ideales de un gobierno efectivo, conservador en asuntos fiscales, y del libre mercado. Pero pronto vi a mis viejos amigos cambiar de dirección. Se valoró muy poco el debate riguroso sobre política económica o el análisis de las consecuencias a largo plazo”. Las reacciones no se hicieron esperar. El secretario de Defensa, Robert Gates, rechazó lo dicho por Greenspan. En el programa This week, de la cadena ABC, dijo que respetaba al analista, pero que estaba en desacuerdo con el comentario. “Sé que el mismo alegato fue hecho respecto a la Guerra del Golfo en 1991, y simplemente no creo que sea verdad —dijo Gates—. Creo que se trató de dar estabilidad a la región. Se atacó a un mal régimen que intentó desarrollar armas de destrucción masiva. Es acerca de dictadores agresivos”. “Mi punto de vista —dijo Greenspan al diario The Washington Post para sustentar su escrito— es que Saddam Hussein, examinado sus 30 años de historia, estaba señalando claramente que se movía hacia el control del estrecho de Ormuz, donde hoy se producen entre 17 y 19 millones de barriles de petróleo por día. Aún una pequeña interrupción podría llevar el precio del barril a un nivel superior a los 120 dólares y eso hubiese significado un caos para la economía mundial”. El presidente Bush, prefirió no responder sobre el tema de Iraq, pero sobre la acusación de despilfarro fiscal, en cambio dijo escuetamente que no estaba de acuerdo con lo escrito. “Nuestros antecedentes fiscales son admirables y buenos. Después de todo, el déficit, como porcentaje del PIB, es relativamente bajo en relación con el promedio de 30 años”, dijo en una entrevista con el canal Fox News. El vicepresidente Dick Cheney, en cambio, declaró que su amigo (Greenspan) fue un excelente presidente de la Reserva Federal, pero que su evaluación sobre la política económica de Bush es errada. Las críticas del libro no sólo hacen referencia al mandatario sino también al equipo que lo rodeó. El autor lamenta que su amigo Paúl O’Neil se convirtiera en la pieza discordante del gobierno de Bush y que la política económica no sea dirigida por el Departamento del Tesoro sino por el personal de la Casa Blanca. Recuerda además cómo los republicanos usaron su apoyo para justificar los recortes fiscales del 2001, sin previsiones para contener el gasto público siempre que veían la oportunidad de ganar más escaños, sin importar las consecuencias en la economía. Pero las inesperadas ráfagas de Greenspan, como las califica el diario El Tiempo de Bogotá, coincidieron con otras menos esperadas. Las del actual jefe de las Fuerzas Armadas, el general Meter Pace quien, próximo al retiro, dijo en una entrevista el pasado fin de semana que el principal error en Iraq ha sido el desmantelamiento del Ejército iraquí, desintegrado a las pocas semanas de haber sido derrotado. Aunque Pace no lo dice, la orden del desmantelamiento fue dada por el propio Bush, asesorado por Paúl Bremen. Las mismas milicias rebeldes, que aún causan estragos contra el Ejército estadounidense, están formadas por ex militares iraquíes. Los ataques llegan a un Bush debilitado políticamente. Algunos analistas dicen que sólo trata de sobrevivir dignamente su último año de gestión, con una legislatura demócrata que no le da mayores oportunidades para maniobrar. |








