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Revista Vanguardia   
martes, 25 de septiembre de 2007
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La guerra de trincheras
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Esto los hace decir que quizá haya puntos coincidentes con la oposición pero no hay concertación de criterios. “Desde el punto de vista de la política activa — dice María Gloria Alarcón— nosotros no es que apoyamos o no. Apoyaremos la línea de la defensa de las libertades individuales, libre empresa, libertad de competencia, apertura comercial y libertad de expresión. Criticaremos, combatiremos y trataremos de que no salgan adelante las ideas contrarias. Lo que más le gustaría al sector es poder llevar adelante una idea conjunta”.

Hasta una lista conjunta, agrega Renato Carló, quien también es Presidente de la Cámara de la pequeña Industria. “Esa iniciativa no se dio por vanidades, protagonismos e intereses de ciertos sectores gremiales”.

Dicho de otra manera: los sectores gremiales siguen divididos a pesar de que hace tres años crearon el Comité Empresarial Ecuatoriano. Desde entonces han ensayado formas dee comunicación para actuar en forma concertada. Así han encarado, entre otros temas, la negociación del TLC, las pro formas presupuestarias y el caso de las aduanas. En la misma instancia trabajaron, en los últimos seis meses, el Primer Encuentro Nacional de la Empresa Privada, Enade. En esa reunión, los empresarios entregaron una Agenda de Desarrollo que abarca tanto capítulos sobre la Libertad y la Democracia, Seguridad Jurídica y Ciudadana, como sobre Productividad Sectorial y Desarrollo Social. El Vicepresidente de la República asistió pero siete ministros, del área de la producción, se excusaron. “Esta es una señal inequívoca —dice Aspiazu— del desdén, que raya con una hostilidad gratuita y sin sentido, que ha marcado la relación del presidente Correa con la cúpula empresarial”.

Eso une a los gremios que, puertas adentro, no saben qué hacer frente a Correa. Todos juran que quieren que el Presidente termine su mandato y hasta comparten con él algunos objetivos.

Pero no los cómos. Hay voces pragmáticas que, aparentemente, no se hacen mucho problema. Una de ellas es Miguel Peña quien, sin otra consideración, espera que el Estado cree más previsibilidad. Eso es lo que necesita, según él, el empresario para actuar.

“Si eso viene de izquierda, derecha o centro, a los empresarios nos tiene sin cuidado” De la misma forma, el Presidente de la Cámara de Industrias de Guayaquil enfoca la relación comercial con Estados Unidos. Su apuesta es simple: si ya pasó el tiempo del TLC y el Atpdea sólo tiene vida por pocos meses más, lo que él quiere es que haya un acceso adecuado a Estados Unidos. “Que se lo llame como se quiera, pero que exista la relación bilateral”. ¿Peña es el ala menos radical del Comité Empresarial? “He sido siempre una persona que busca consensos —dice— . No creo que con base en exigencias y reclamos se logren cosas. Yo no puedo luchar contra fantasmas sino contra algo real. Quizás algunos miembros ven más allá de lo que yo veo”.

Renato Carló también es adepto al pragmatismo. Se declara apolítico e independiente hasta del Comité Empresarial Ecuatoriano, cuya agenda “no llena las expectativas” de su cámara.

No comparte, pero sabe que el Gobierno no quiere a nadie del sector privado en las entidades públicas. Entonces, ha buscado otros caminos. Se reunió, por ejemplo, con Ricardo Patiño, ministro del Litoral, y llegó a acuerdos en un tema del sector de la salud. Ahora quiere tratar directamente con los subsecretarios y ministros antes que esperar una hipotética reunión con el Presidente. En el campo comercial también coincide con la estrategia del régimen que busca un acuerdo con Europa. Su gremio participará en la mesa de cooperación. “Esto porque Estados Unidos quiso imponernos una negociación desventajosa, la Unión Europea tiene mucho interés y privilegia el sistema de pymes”.