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La guerra de trincheras PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 25 de septiembre de 2007
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La guerra de trincheras
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En la Cámara de Comercio de Guayaquil la canción es diferente. No dividen al mundo en izquierda y derecha, porque eso ya no se estila, sino en liberales y no liberales. Bajo ese parámetro, María Gloria Alarcón participó en la decisión tomada por el Comité Empresarial de participar directamente en la campaña por la Asamblea. ¿Cómo la hacen? Gracias a cuñas en las cuales han agrupado conceptos “de importancia para nosotros y de relevancia para la gente”.

Uno, la dolarización. Otro, la generación de empleo a través de la libre empresa. El presupuesto, que es alto y en ese medio nadie revela cifras, salió de donaciones específicas.

En todo caso, en el Comité se niega que, oficialmente, se estén patrocinando algunas candidaturas. Se sabe que hay un fondo, en el cual se depositan ayudas económicas que se reciben contra un recibo, pero no se dan los nombres de los beneficiados ni los montos. Esos apoyos son individuales y no comprometen, en forma alguna, a los gremios. Así estos no quieren ser —lo dice Roberto Aspiazu— “meros espectadores ante la pretensión de imponer cambios que pueden retrasar aún más el desarrollo del país”. En este aspecto, la lista de diferencias con el Gobierno crece: el énfasis puesto en la redistribución de la riqueza sin políticas para generar riqueza. El mecenazgo electoral que no construye —dicen los empresarios— un proyecto político de desarrollo sustentable con equidad. La estigmatización del mercado y la globalización.

El rol omnipresente del Estado en detrimento del sector privado. La política laboral propuesta en la cual se elimina todo el trabajo precario y así se conceptualizan —dice Sebastián Borja— hasta las categorías aceptadas por la Oganización Internacional de Trabajo: eventual, ocasional, por horas, tercerización, intermediación… La economía solidaria cuyo alcance ningún líder empresarial dice conocer, el peligro que correría la propiedad… La cuenta, al final, suma más a favor del pavor que a la inquietud. Y en esas condiciones, lo que diga el Presidente ya no interesa mucho. Los empresarios desean más verlo acabar con un discurso que en la Cámara de Comercio de Guayaquil califican de “disociativo y confrontacional”. El ministro Dávalos desdramatiza. Y si admite la posibilidad de que el Presidente de la República haya creado incertidumbre en buena parte del sector privado, lo endosa al fragor de la campaña…