A continuación me tomo la libertad de publicar la carta de Rafaél Correa, candidato presidencial para las próximas elecciones en el Ecuador, a los trabajadores del país. Mis opiniones personales las dejo para la sección de comentarios.
Recordando la lucha tradicional del 1 de Mayo que ha permitido, gracias a la acción del movimiento obrero, mejorar las condiciones del trabajo en el mundo, queremos reflexionar sobre la trascendencia de la dignidad y la equidad en la construcción de una sociedad más justa y libre.
Sin negar el papel fundamental del movimiento obrero ecuatoriano en esta lucha, constatamos que gran parte de las reivindicaciones planteadas todavía no son una realidad. Es más, con la aplicación de esquemas económicos deshumanizantes, centrados en la acumulación del capital, se han deteriorado en forma sistemática las relaciones laborales.
La precarización y la tercerización del trabajo, el creciente desempleo y la pérdida de estabilidad, el deterioro de los salarios y la caída de la participación de los trabajadores en la renta nacional, así como la falta de oportunidades de empleo digno particularmente para la juventud -que cada vez más se ve forzada a buscar su futuro fuera de la patria-, constituyen un reto para la construcción de un país altivo y soberano.
Este esquema deshumanizante debe ser superado. Nuestra sociedad reclama respuestas concretas para generar suficiente empleo de calidad. Nuestra economía exige salarios dignos para su reactivación. Nuestro Estado tiene la tarea de ejecutar políticas activas para generar empleo, para mejorar los niveles salariales y para elevar las condiciones de vida de la población trabajadora y sus familias, que constituyen la mayoría del pueblo ecuatoriano. Las empresas, a partir de un nuevo pacto social, deben asegurar relaciones justas y equitativas entre empleadores y trabajadores. Las ganancias del capital no pueden conseguirse a base del hambre y la miseria del trabajo, como tampoco por la explotación inmisericorde e irresponsable de la Naturaleza.
Justamente, por estas razones, nos oponemos frontalmente a propuestas depredadoras de la vida misma, como el TLC, que anuncia un creciente desempleo, en especial, en el agro –como ocurrió en México, en su momento-. Por este motivo, también apoyamos las reformas a la Ley de Hidrocarburos que recuperan en algo recursos que pertenecen al pueblo ecuatoriano. Y, por esta misma razón, conscientes de la necesidad de garantizar seguridad jurídica en las relaciones entre el Estado y las empresas extranjeras, exigimos la inmediata caducidad del contrato con la Oxy, empresa que ha irrespetado sistemáticamente el contrato con el Estado y la Ley de Hidrocarburos.
En una jornada como la de hoy, hay que rescatar la historia. Hay que aprender de ella. Y hay que proponer alternativas para cambiar el mundo. El trabajo es y seguirá siendo no un factor de producción, sino objetivo central de todas las actividades económicas.
El trabajo, en tanto bien social, está en el centro del programa de transformaciones radicales de nuestro movimiento. Eso exige una nueva política económica, políticas sociales renovadas y renovadoras, junto con un compromiso político inclaudicable a favor de los marginados, de los más necesitados, de los desprotegidos, de los desempleados y, por cierto, de los explotados.
En este 1 de Mayo, como en pocas otras ocasiones, los alcances de las luchas de los obreros y de las obreras alcanzan un carácter internacional. Hoy, en todo el hemisferio, pero particularmente en los EEUU, en donde no se celebra en esta fecha el Día del Trabajo, están movilizadas millones de personas exigiendo del gobierno de los EEUU un trato digno y justo a las y los emigrantes de América Latina. Un trato humano para todas aquellas personas marginadas por la globalización del capital, que se vieron forzadas a escapar de nuestros países neoliberalizados. Este es un reclamo que trasciende las fronteras. Este es un reclamo que demuestra lo perverso de una globalización que alienta el flujo de inversiones y capitales, ofreciéndoles todo tipo de garantías. Este es un reclamo que confronta la creciente liberalización de los mercados de bienes y servicios, pero que no abre las puertas al flujo de los seres humanos.
Esta realidad nos motiva a redoblar el esfuerzo por el cambio. Este esfuerzo transformador, este esfuerzo colectivo. Sin embargo, éste sólo será posible a base de la unidad de los desposeídos. No podemos seguir dividiéndonos, porque eso sólo beneficia a los poderosos y a los explotadores de siempre; allí están nuestros enemigos y jamás entre nosotros.
En una jornada como la de hoy debemos hacer un acto de fe por un futuro de equidad y libertad en nuestro país, posible sólo sobre la base de la marcha unida.
Rafael Correa D. Alianza PAIS
Riobamba, cuna de la Primera Constituyente del Ecuador y punto de partida de la actual Revolución Ciudadana, Primero de mayo del 2006 |