REVISTA VANGUARDIA
La elección que pone de nuevo los relojes a la hora
| La elección que pone de nuevo los relojes a la hora |
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| José Hernández | |
| martes, 02 de octubre de 2007 | |
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Una bondad del triunfo del Gobierno en la elección es que permite que Correa, la izquierda, la derecha y los gremios miren la realidad 1. El rey está desnudo: El Gobierno ya no podrá decir que no lo dejan gobernar. Tiene el poder, el electorado y seguramente la Constitución a su favor. No tiene oposición y el Congreso, cuya disolución ratificó el Presidente en su rueda de prensa, será reemplazado por una Comisión Legislativa que será funcional al régimen. Correa, con tiempo por delante y una mayoría en la Asamblea, tendrá que mostrar resultados de gobierno. Ahora ninguna ineficiencia o mala gestión será endosable a nadie. Y el Presidente tiene más margen para apurar cambios en el Gobierno y replantear su gabinete. 2. Electoras y electores ante la realidad: El país electoral no aprende. Eso se ha dicho. Lo cierto es que ni Abdalá Bucaram ni Lucio Gutiérrez —que hicieron campaña contra el establishment— terminaron su mandato. El electorado sigue creyendo, entonces, que está ante una deuda pendiente. Por esto ha vuelto a apuntar a un sueño. Y ha sido coherente y constante con Correa al seguirlo en cuatro elecciones. La campaña mostró, en todo caso, que el electorado apoya conductas populistas. En ello no se ve maduración política alguna. No se sabe si el ejercicio del poder —ahora que el régimen tiene espacio y tiempo por delante— permitirá que la opinión llegue a niveles de exigencia que incluyan mayor lucidez y responsabilidad por parte de los gobernantes. Por lo pronto, todo hace pensar que, esta vez, la nación sí podrá evaluar las consecuencias de la opción que apoya. 3. La izquierda pasa al acto: Nadie sabe qué izquierda está tras esta abigarrada coalición que apoya a Alianza País. Pero para la opinión es claro que el poder es de izquierda. Eso significa que, tras décadas de discursos (razonables e incendiarios), manifestaciones, conferencias, mítines, proclamas y libros de críticas al sistema, la izquierda tiene la vía expedita para producir acciones de gobierno. Al fin tendrá que confrontarse con la realidad y mostrar lo que valen sus teorías. Al fin podrá la izquierda referirse a sus acciones, a sus resultados, a los índices que produzca y no solamente a sus sueños. 4. ¿La izquierda es democrática? Cuatro razones, entre otras, han despertado, tradicionalmente, reservas sobre la manera cómo la izquierda encara el ejercicio del poder: el relativismo con el cual mira el sistema democrático. La facilidad que tiene para ignorar la democracia formal. La hemiplejia a que recurre cuando piensa en la oposición y sus derechos. Y los demonios populistas que se esconden en sus idearios. Ahora esta tendencia hablará con sus hechos. El Presidente ha prometido mayor democracia. Es un reto frente a dos condiciones adversas: la izquierda no ha ejercido realmente el poder y será difícil morigerar los ímpetus de la mayoría aplastante que obtuvo el Presidente. 5. Las dirigencias huérfanas: las mal llamadas élites han quedado sin piso en esta etapa. Los gremios son los que acusan con mayor acento el golpe. No miran autocríticamente su pasado ni los nexos con partidos que negaron en la práctica el liberalismo que decían profesar. Ahora esas dirigencias, huérfanas de apoyos políticos, deberán reinventar su discurso. 6. La derecha tendrá que volver a la política: los partidos tradicionales aún no se lo creen. Han salido laminados y, en algunos casos, pueden desaparecer. Dura lección para grupos que creyeron ser propietarios del poder, nunca rectificaron sus prácticas y dejaron de hacer política para administrar intereses. Ahora tendrán que volver a la política, formar cuadros, huir a la fragmentación y armar partidos. Tendrán que admitir que las posiciones de izquierda ni son novelería ni durarán sólo un cuarto de hora. Pero sobre todo, la derecha tendrá que aceptar que no es nada en el imaginario colectivo y es muy poco en el campo político. Tendrá que pensar en cómo salir de su travesía por el desierto. |









