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Correa se lleva el poder PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 02 de octubre de 2007

El electorado produjo un hecho político inédito en el país: el Gobierno goza de una mayoría abrumadora para hacer la Constitución. La oposición quedó reducida a su mínima expresión y los movimientos alternativos no pasaron la prueba. Tres presidenciables lucen jubilados...

 

 El Presidente lució un aire de vencedor. Comparó su triunfo, revelado por un exit poll, con el hito histórico del liberalismo de Alfaro. Lo cierto es que Rafael Correa barrió “en la madre de todas las batallas”, cómo él llamó a las elecciones del 30 de septiembre. En el Salón Amarillo de Carondelet —desde donde se dirigió al país, el domingo a las 19:00, en compañía de un extasiado gabinete—, el Presidente ensayó un nuevo tono: habló de que, ahora que el electorado estableció un nuevo equilibrio de fuerzas, hay las condiciones para buscar acuerdos con todos los grupos que de buena fe busquen el bien del país. Y prendió el cronómetro de la Asamblea de la cual señaló a Alberto Acosta como su Presidente y la propuesta, redactada por el Conesup, como una posible guía.

Bajo esa tutela, Correa puso una lápida sobre el Congreso, echó flores al Tribunal Supremo Electoral (TSE) y anticipó cambios en su gabinete. Con algunos ministros y candidatos de la 35 festejó en la av. de Los Shyris, desde las 21:00, y cerró una jornada que calificó de histórica. El conteo rápido confirmó la tendencia marcada desde las 17:00 por el exit poll.

PAIS es la primera fuerza política nacional, Sociedad Patriótica la sigue de lejos, el Prian quedó en la tercera posición y el PSC en la cuarta... El TSE tiene hasta el 20 de octubre para confirmar estos resultados que transforman el mapa político. Curiosamente el único partido que sobrevive al tsunami causado por PAIS es Sociedad Patriótica, partido fundado por el outsider que precedió a Correa. Los movimientos alternativos y espontáneos no resistieron el estatuto y la fragmentación. La derecha derivada del socialcristianismo queda reducida a la votación más exigua en su historia y la ID por poco desaparece. Figuras presidenciales como Álvaro Noboa y León Roldós quedan, por ahora, fuera de combate y su salud electoral depende más de los posibles errores del Presidente que de sus propios méritos.

La elección no sólo dejó un súper Presidente sino un líder que puede copar todos los espacios del Estado.

Vanguardia analiza el nuevo escenario político.

 RAFAEL CORREA

Llenó el vacío político y dio forma a la tendencia

El electorado completó este domingo el ciclo político contenido en la fórmula “que se vayan todos”, latente desde la caída de Lucio Gutiérrez. El triunfo de Rafael Correa, registrado en el exit poll y en el conteo rápido, muestra, en principio, dos cosas: el forajidismo, si bien se produjo en Quito, tradujo un anhelo nacional que muchos se negaron a ver. Y dos: electoras y electores estaban decididos a firmar un cheque en blanco a Correa para inaugurar con él un nuevo capítulo en la historia nacional.

Esto explica por qué, a pesar de sus exabruptos y violaciones a la Ley, el Mandatario subió en las intenciones de voto. Y explica, igualmente, por qué su estrategia funcionó a la perfección evitando que su amenaza de renuncia se convirtiera en el hecho dramático queestaba destinado a ser, en otras circunstancias.

La elección de este 30, donde PAIS bordea, según el exit poll, las 80 curules, dice que el Presidente y sus aliados ganan por mérito propio y por déficit de oposición. Pero Correa y los suyos no son meros productos de la coyuntura.

Ellos cosechan cambios de fondo que se han dado en el país y ante los cuales los partidos tradicionales han permanecido totalmente sordos. Diez años Ecuador ensayó salidas sobre todo con outsiders. Y no solamente ganaron dos (Abdalá Bucaram y Lucio Gutiérrez) sino que resultaron premiados en las urnas aquellos que tenían un perfil novedoso (Freddy Ehlers obtuvo 18,5% en una primera vuelta) o que forjaron su partido contra “los mismos de siempre” (Álvaro Noboa). Esta deriva con visos alternativos y populistas subrayó un hecho del cual la derecha —ortodoxa o populista— ni es consciente ni da señales de querer hacerse cargo: su desaparición en el imaginario político y social del país. La derecha, en definitiva, no hace soñar y lo único que queda de ella en el escenario político son algunas fórmulas económicas defendidas por ex funcionarios de Finanzas o del Banco Central. De hecho, resultó curiosa su masiva presencia en la campaña para la Asamblea.

Ese vacío fue maná caído del cielo para Correa. Por ello no ha cesado, desde la primera vuelta, de plantear las elecciones como un plebiscito contra aquellos que fungieron de outsiders antes que él: Gutiérrez y Noboa. Tensar la cuerda en forma maniquea —o ellos o yo—, no sólo jugó a su favor: dejó sin espacio a los movimientos centristas.

Al igual que a los de izquierda que, por razones ideológicas o por oportunismo político, le ayudaron y luego quisieron ponerse cerca de él, pero a una prudente distancia. Lo prueban, en particular, los resultados de la RED y de la ID.

Correa no sólo llenó el inmenso vacío dejado por las derechas: dio cuerpo político a una tendencia que es, en realidad, una fanesca. En ella se han dado cita la vieja izquierda, gran parte de los movimientos indígenas, las tendencias alternativas, los grupos ambientalistas, los movimientos sociales, de género, homosexuales, religiosos militantes, derechos humanos… y parte de la academia especializada en teorizar el malestar contra el stablishment.

Todos creen que Correa representa esas luchas sindicales, indígenas, sociales o targetizadas de la posmodernidad.

En realidad, ni el Presidente ni Movimiento País han definido a ciencia cierta el programa que los une. De ahí sus indefiniciones durante la campaña que permitieron que grupos como el MPD —con el cual el entorno de Correa dice no tener nada que ver— se suban a la camioneta triunfadora del Gobierno.

Esas indeterminaciones han funcionado, por ahora, como atrapamoscas.

Pero en la Asamblea se convertirán en temas de debate en PAIS, donde se sabe que hay diferencias. De hecho, el Presidente se apresuró, tras conocer los resultados, a cerrar la brecha que existe con Alberto Acosta, a quien señaló como presidente de la Asamblea.

Sin embargo, la preeminencia toma- da por el Presidente en la campaña, en detrimento de su cabeza de lista, hace pensar que Correa intervendrá directamente para tratar de obtener una Constitución según su visión. En ese sentido, este triunfo es más suyo que el de su equipo o sus aliados. Al fin y al cabo, el país está tapizado con banderas de la 35 que tienen su rostro. Es él quien colmó los medios de comunicación con una campaña tan abrumadora que los representantes de la OEA pidieron, en vano, prohibirla al TSE. Correa no es sólo la marca PAIS y el ganador indiscutible de esta elección: es un político con tan pocos contrapesos que bien pudiera decirse de él lo que dijo Luis XIV de sí mismo: el Estado soy yo.

Hoy puede disolver el Congreso, sin que la opinión, en su inmensa mayoría, proteste. La oposición queda reducida a su mínima expresión y, prácticamente, sólo tendrá derecho al pataleo en la Asamblea Constituyente.

Correa tiene, entonces, ante sí por lo menos tres retos que sólo dependen de él. Uno: consigo mismo y sus convicciones que ahora deberá definir en forma transparente. Dos: con sus aliados a los cuales tendrá hoy que marcar la cancha. Tres: con la oposición, ante la cual tendrá que probar que es capaz de respetar sus derechos, como prometió la noche del domingo.

“Que se vayan todos”, querrá decir, en ese caso, que sus adversarios salieron, por ahora, del imaginario social mayoritario del país y que se fueron del poder. Pero no de la sociedad ni de la democracia.

LUCIO GUTIÉRREZ

El único sobreviviente de la partidocracia...

Si hubiese alguna lógica en política, el caso de Lucio Gutiérrez podría ser la prueba perfecta. Él es el último outsider previo a Rafael Correa y, en esa medida, el jefe de la primera minoría, lejos del porcentaje obtenido por el Gobierno. No hay en esto, por supuesto, una causalidad automática. Gutiérrez, lo dicen hasta en los pasillos presidenciales, es un político incansable. Un cuatro por cuatro. Y desde que salió de la cárcel no ha parado de recorrer el país y de privilegiar el contacto personal.

Además, señala Santiago Nieto de Informe Confidencial, su campaña se favoreció de algo que carecen los otros partidos: tiene dos cabezas. Gilmar Gutiérrez ha desarrollado características parecidas a las de su hermano, comparte sus análisis y es, como él, ex militar. Su mística, que en el caso de los dos es más bien disciplina militar, se nota en el trabajo con las bases.

En él no sólo incide la inversión, de corte populista, hecha durante su gobierno. Los dos hermanos han hecho hincapié en que no lograron culminar el mandato presidencial por culpa de un golpe de Estado. La victimización es evidente. Pero, además, el líder de Sociedad Patriótica recordó a los electores supuestas bondades de lo que hizo su gobierno: no aumentar los precios de la canasta básica, multiplicar los beneficios para los pobres y mantener la estabilidad económica.

Gutiérrez habló, entonces, el mismo lenguaje de Correa y era el único que podía hacerlo, aludiendo a su acción de gobierno. En ese campo, evitó la confrontación directa en sus cuñas destinadas a los sectores populares y marginales, aunque la aupó, en forma tangencial, en sus otras intervenciones mediáticas. El domingo también él habló de deponer actitudes.

Gutiérrez salva buena parte de sus bases y, a la postre, se convierte en el sobreviviente principal de la partidocracia, cabeza de turco de Rafael Correa. Así, curiosamente, puede ser, durante algún tiempo, el principal líder de un electorado de la derecha liberal (y populista) que ha perdido sus viejos referentes. Si es así, la Asamblea será el escenario de la confrontación con un régimen que, en esta campaña, ha visto en él a su principal contradictor.

Lo prueban los ataques abiertos del Primer Mandatario. Los Gutiérrez evitaron esas escaramuzas y se dedicaron a cuidar, con relativo éxito, sus bases en Los Ríos, Guayas, la Sierra Centro y la Amazonia. Estudios puntuales sobre los resultados definitivos permitirán decir cómo se movieron las frutas en las bastiones que había conquistado Sociedad Patriótica.

ÁLVARO NOBOA

Sobrevivió a costa de sus ahorros electorales

El mayor magnate del país resulta ser el mayor damnificado en esta campaña. Álvaro Noboa volvió a probar que no tiene estrategia política ganadora y que la diferencia con su adversario en la presidencial, lejos de menguar, crece.

Cierto, el líder del Prian puede decir que en esta campaña fue el mayor contradictor público del Presidente. Y que eso le sumó votos de los decepcionados del socialcristianismo o de la democracia cristiana. Y en efecto: Noboa aceptó estar en el punto en el cual Correa lo puso ante la opinión: en sus antípodas.

En forma desordenada y algo grotesca, le encaró lo que, a sus ojos, son malos resultados del Gobierno. Lo presentó como una copia de Hugo Chávez y Fidel Castro. Se burló de la racha de primeras piedras inauguradas por el Presidente.

En definitiva, llamó a votar por el Prian para “parar a Correa”. Esta actitud tiene dos lecturas. Una favorable. Ésta dice que Noboa convoca hoy a los grupos radicales, totalmente contrarios al régimen.

Otra cuestionadora. La encarna, por ejemplo, Santiago Pérez, quien afirma que esa oposición visceral afecta a quien la asuma. “Es como querer hacer daño a una persona —dice el encuestador que hizo el exit poll— lanzándose por la ventana”. Lo que la oposición no ha acabado de entender —dice él— es que “al meterse en contra de Correa, se metieron en contra de una gran tendencia de cambio en el país”.

Lo cierto es que, luego de tres derrotas presidenciales, Álvaro Noboa no pudo siquiera mantener las bases que lo habían convertido, hace menos de un año, en el partido más poderoso del Congreso Nacional. Ahora, según el exit poll obtendría nueve curules. Y este revés lo sitúa en la peor circunstancia para un político: sobrevivir a costa de sus ahorros electorales, vivir a la defensiva y remar a contracorriente.

Noboa representa la derecha que no sabe adónde va. Que no tiene partido, porque el suyo es la sucursal política de su grupo económico, afín y totalmente funcional a sus intereses. Una derecha sin ideario e incapaz de contrarrestar políticamente a la izquierda multicolor que se mueve alrededor de Correa. Él representa exactamente lo contrario de la cultura (participativa, inclusiva, horizontal, democrática…) que Correa dice querer implantar en el país. Noboa perdió, en definitiva, porque su forma de hacer política —regalos, dinero, derroche publicitario…— fue contrarrestada por un estatuto concebido por el régimen y usado por Correa, con la aquiescencia de un Tribunal Supremo Electoral convertido en hazmerreír de los caricaturistas serios del país.

“Noboa no debía haber participado en esta elección”, resume Santiago Nieto de Informe Confidencial. Y se aventura a decir que su carrera política no está terminada. Pero ahora Noboa, como en las peores rachas de los equipos de fútbol, no depende de él. Depende de los errores que cometa Correa. Él será, o no, el jefe de campaña de Noboa. Por ahora el magnate no puede evitar, por mérito propio, que sus votos se desgranen. Esos votos del PSC y del PRE que ha ido absorbiendo desde que decidió correr por la Presidencia de la República.

MPD

Ni a la esquina con él, se dice en el Gobierno

El Gobierno sabe que el Movimiento Popular Democrático es un termómetro en muchos cenáculos del país. Se creía que la dependencia de esos votos mostraría el alineamiento con la tendencia más radical de la vieja izquierda. La abrumadora victoria de PAIS le permite prescindir de ese apoyo. Pudiera cambiar así la política del Gobierno que toleró, sin chistar, que el MPD use la imagen de Rafael Correa en su campaña. Puertas adentro, en efecto, los personeros del régimen dicen, a quien quiere oírlos, que estructuralmente con el MPD no irían ni a la esquina… Ahora Rafael Correa puede acantonar al MPD en su reducto.

Y gracias a la mayoría que obtuvo, enfrentar en la Asamblea ese poder incrustado en el sector educativo. Sólo así pudiera tomar cuerpo la reforma que el Presidente anunció y según la cual en diez años el país, gracias a la calidad en la educación pública, pudiera relegar la educación privada…

ANDRÉS PÁEZ

¿El último sepulturero de la socialdemocracia?

La elección, de confirmarse los resultados, ratifica el declive del partido fundado por el ex presidente Rodrigo Borja que bajó de 15 diputados en el 2002 a 10 en el 2006.

Esta vez la ID ni siquiera figura en su bastión tradicional —Pichincha y la Sierra— y pasa a ser una fuerza totalmente secundaria en la vida política, con dos asambleístas probables. En ese sentido, Andrés Páez no ha podido detener el desangre de votos ni reposicionar a un partido que, en la práctica, ha venido repitiendo ficciones.

En efecto, la vieja guardia que Guillermo Landázuri fue el último en representar, siempre aseguró máximas desmentidas por sus actuaciones. Nunca se incluyó en la partidocracia.

Nunca aceptó hacer parte de un sistema signado por el cansancio y la decadencia. Nunca consintió que estaba atravesando por una crisis que, de hecho, tocaba su ideario, sus prácticas parlamentarias y sus alianzas, siempre desmentidas, con el socialcristianismo.

La realidad probó que por fuera de las denuncias de Guillermo Haro y de Carlos González, la ID es apenas un membrete político más. El vacío es tan grande que la llegada de Rafael Correa a la vida política entusiasmó a Rodrigo Borja. Y, de paso, mostró los límites de un partido que tuvo que recurrir a Diego Borja, un independiente, para representarlo en su principal bastión.

El revés electoral pone en jaque a Andrés Páez, un líder que no encontró el espacio adecuado para posicionarse ante Rafael Correa. Páez privilegió la tarea interna en un partido que encontró en soletas. Pero políticamente, y tras haber tomado distancia del PSC, se acercó al régimen, lo ayudó en el Congreso, socapó algunas de sus ilegalidades y, cuando sintió el peso del tsunami, quiso volver a su electorado tradicional: demasiado tarde.

El país político aún no sabe lo que es la ID de Andrés Páez. Su nuevo ideario, que debía salir del Congreso del partido celebrado en Ibarra, sigue en la congeladora.

La guerra de clanes prosigue en ese partido. Y el apoyo de Rodrigo Borja a Correa, visto como el nuevo socialdemócrata, ha creado serios problemas para un presidente que no logra asentar su liderazgo.

Los resultados obtenidos en esta elección, muestran a un partido en cenizas, sin norte político, sin figuras nuevas y, sobre todo, sin aliento ante el nuevo poder.

LEÓN ROLDÓS

Su perfil presidenciable queda hecho ceniza...

El enfrentamiento instigado por Rafael Correa dejó fuera de lugar a León Roldós. Se repitió lo ocurrido en la campaña presidencial. En una batalla entre, supuestamente, statu quo y cambio; neoliberales y socialistas, la RED fue camino a la disolución.

¿Cuál fue su mensaje? Inscrito tradicionalmente en los movimientos de izquierda, Roldós no podía disociarse totalmente de Correa. Y sus críticas a un posible autoritarismo no fueron lo suficientemente categóricas para forzar un debate en esa tendencia, diferenciarlo y hasta granjearle apoyos en la derecha. De esa manera, Roldós no supo qué comunicar. Y si bien tenía una base electoral grande, su campaña a favor de la plancha fue débil. Así con 3 probables asambleístas, él es una de las víctimas del voto en plancha. Su intervención en esta elección, en la cual denunció un fraude electoral, es vista, por Santiago Nieto, como un error que puede poner fin a su carrera por la Presidencia de la República.

JAIME NEBOT

Ahora no tiene segura ni su reelección....

Los resultados parciales, anunciados el domingo en la noche, de ser confirmados por el TSE, constituirían la mayor y más seria derrota para Jaime Nebot. Probarían que su partido, que tuvo 25 diputados en el 2002 y apenas 13 en el 2006, está más cerca de la defunción que de la renovación.

El haber acudido a gente del espectáculo (Polo Baquerizo o Pocho Harb) puso en evidencia, desde hace años, la crisis de figuras que atravesaba a ese partido. Las derrotas electorales y el descrédito personal sufrido por León Febres Cordero terminaron convirtiendo al socialcristianismo en el ícono de un statu quo contra el cual creció electoralmente Rafael Correa.

El Alcalde podrá decir, como dice desde hace algunos años, que él nada tiene que ver con el destino electoral de las listas socialcristianas. La realidad es terca. Nebot ha visto cómo se reducen la influencia del PSC y la suya, desde la instalación de Rafael Correa en Carondelet. Por eso esta elección era vital. Constituía la posibilidad de mantener viva la consulta popular en Guayas; provincia desde la cual él y su partido querían hacer un contrapeso regional al Gobierno. Los resultados provinciales que le dan apenas dos asambleístas en Guayas, indican que también esa opción quedó archivada.

Nebot, quien tras bambalinas sigue e interviene en la vida partidista socialcristiana, queda seriamente golpeado.

Su decisión de atrincherarse en su ciudad revela ser un pésimo cálculo político. Y ahora no solamente está en jaque la renovación de su tendencia, mediante los movimientos ciudadanos, sino que hasta su reelección a la alcaldía queda en entredicho. n