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El costo de la ceguera PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 09 de octubre de 2007
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El costo de la ceguera
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En esto está empeñado Luis Fernando Torres, el ex diputado de Tungurahua. Él propuso crear un paraguas amplio que cobije otros movimientos y partidos. Una suerte de concertación de derecha, a la ecuatoriana, en la cual los miembros —por lo menos en una primera instancia— mantengan su identidad y no tengan que fusionarse.

La idea de Luis Fernando Torres es crear un movimiento de opinión, no un partido de masas, que descanse sobre líderes políticos que tengan votos, estructura y capacidad de movilización.

El ex diputado propuso esto a su partido pero no esperó su decisión: tomó a Tungurahua como blanco para hacer un efecto—demostración. Allí tiene una alianza con la estructura de la Democracia Popular —con la cual siempre ha ganado—, ha hecho seminarios de formación en Ambato donde prepara líderes universitarios —cien, dice él— y está trabajando para abrir, en los próximos meses, un centro de pensamiento en Quito. Él habla de políticos y empresarios que ya están participando pero evita por ahora entrar en los detalles. Lo que cuenta, a su parecer, es que se echó la tarea al hombro. Él quiere reconstruir la derecha con políticos profesionales que se sientan inspirados, por ejemplo, por el Partido Popular de España, donde dice tener amigos. La estructura que está armando es para captar el poder.

No hará oposición al Presidente para buscar votos, que sabe esquivos. Lo que quiere ahora es adhesión, influencia.

Por eso no habla de una guerra política ni de una oposición rabiosa. Habla de enfrentar sus tesis, pensando en ese electorado (él habla de un 30 por ciento) que no votó por Acuerdo País y al cual “no se le está hablando bien”. No hay —dice él— una visión de conjunto de aquellos que querían erigirse en contrapeso del Presidente. Unos proponían cadena perpetua, oposición al aborto y a la homosexualidad, otros defendían al dólar o proponían créditos, vialidad… Por eso, Torres propone una plataforma para ir a la Asamblea con un discurso coherente. Otros interlocutores de Vanguardia dicen lo mismo para el centro (ver recuadro) y para la derecha o centro derecha.

Lo cierto es que en las charlas, para publicar y en las que se pidió reserva, no se advierte cómo movimientos y partidos derrotados y fragmentados puedan dar ese paso. Pero hay señales de que, fuera de cámaras, se sacan lecciones de los errores pasados. El ejemplo más reciente y más cercano se produjo en la sesión reservada del Congreso Nacional, reunida el martes 2. Diputados de algunas tiendas reconocieron no sólo los errores de sus partidos sino también los abusos cometidos. Algunos de ellos recuerdan hoy, con amargura, cómo perdieron en el primer trimestre del año la oportunidad de cambiar el perfil que tenía el Congreso ante la opinión. En el tintero se quedaron propuestas de resolución para apoyar algunas reformas que el Presidente lanzó en su campaña. Otros lamentan no haberse opuesto, por disciplina partidista, a órdenes absurdas que llegaron por celular al Congreso… Esos mea culpa no tocan al Prian. De hecho, Noboa es un caso que es tratado con pinzas por los otros sectores de la tendencia. En ésta, nadie lo ve como la alternativa, a mediano o largo plazo, a Rafael Correa. Pero hay sectores que destacan su testarudez, su valentía y, sobre todo, el volumen de su chequera.

Y eso es valioso en período de vacas flacas.

Políticamente, el Prian está en las antípodas de un proyecto político orgánico, como lo están concibiendo el PSC, la UDC e incluso la Fundación Ecuador Libre, liderada, desde Guayaquil, por Guillermo Lasso.

Con Lucio Gutiérrez también hay reticencias. De fondo, para la UDC. De estilo para Luis Fernando Torres. Los dos son impresentables para Eduardo Maruri: “Lucio o Noboa representan la corrupción o la partidocracia”. Por eso ni se ha reunido ni se reunirá con el Prian. En el fondo, Maruri está contento en su andarivel y deja entrever que en el futuro sólo ve a su movimiento creciendo. “Para fortalecernos, vamos a cuidar mucho nuestra participación en la Asamblea. Será cívica, ciudadana, decente y coherente. La gente sabrá lo que UNO apoya y a lo que se opone”.

Además Maruri ni se ve ni se siente parte de la derecha. Los viejos partidos le devuelven la gentileza. Su ideario es tan etéreo —dicen— que no ven cómo se pueda reconstituir una tendencia a partir de UNO.