REVISTA VANGUARDIA
La bitácora de las nostalgias
| La bitácora de las nostalgias |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 16 de octubre de 2007 | |
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El plan nacional de cultura es arcaico. Mira a la creación como un ejercicio oficial. El Ministerio de Cultura empezó a correr. Campaña mediática en horario triple A, dos semanas de talleres provinciales, conciertos de trova en Quito y Guayaquil, discursos solemnes en gremios artísticos... Todo "para que esta andadura del Plan Nacional de Cultura sea a toda vela", como dice el poeta Antonio Preciado, capitán de esta carrera que regresa sus pasos hacia cómo se pensaba la cultura en los años 70 y 80. Un retorno con cinco derroteros en ciernes. 1. El matiz oficial: Si bien el Plan amplía el enfoque de la cultura más allá de las artes, lo vuelve funcional a una visión nacionalista de afirmación de identidades. Porque subraya a las actividades culturales como herramientas de integración y cohesión social, según se desprende de los objetivos trazados. Así, la propuesta no sintoniza con los tiempos ni los imaginarios actuales. Claro, en la Secretaría se reconoce que el proyecto es perfectible y que ha recibido "demoledoras críticas", en palabras del propio Ministro. 2. La visión vieja: La bitácora de Cultura es otro de los modelos en construcción del régimen. Una obra abierta que sigue enriqueciéndose con criterios de técnicos de la Unesco; de intelectuales de Venezuela y Brasil, y de otros actores, articulados en foros y mesas de diálogo, que apuntalan a un Estado rector de procesos creativos, mediante programas que se resisten a la contemporaneidad. Algunas referencias. En la perspectiva de esta Secretaría, los proyectos culturales tienen brújula: concursos de nueva canción latinoamericana, antologías sobre el pensamiento político de Eloy Alfaro, ediciones de mitos populares, concursos de guiones cinematográficos sobre la vida de Manuela Sáenz, en coproducción con Venezuela.. El rastreo y la promoción de los nuevos autores, de las nuevas ideas, de las nuevas corrientes plásticas, estéticas y sensibilidades es ave rara en el Plan Nacional de Cultura. Es más, Antonio Preciado mira con cierta prevención la dinámica cultural en un mundo global y quiere cuidar su acción de "proyectos homogenizadores e imposiciones sustitutivas". Lo más cercano, pero desde la perspectiva de los soportes y no de las ideas, es un ítem del Plan para las artes digitales y los programas multimedia. 3. El statu quo: El Ministerio de Cultura es un símbolo ambiguo. Frente a la multiplicidad de instituciones culturales del país, muchas vistas como elefantes blancos —Consejo Nacional de Cultura, Subsecretaría de Cultura, Foncultura, Casa de la Cultura, etc.—, su creación avivó expectativas de transgresión, novedad y universalidad. Como un termómetro de las ofertas de la nueva generación política que, con Rafael Correa, llegó a Carondelet.Pero en nueve meses de labores, la Cartera no ha podido definir un eje de ruptura frente al statu quo de la cultura en el país. Frente a ese modelo de paternalismos, compromisos y nostalgias. Y ha repetido un manual de buenas intenciones, como lo anticipó Vanguardia, en marzo, en su edición 76. El Ministerio replica algunas de aquellas fórmulas, en especial cuando hace una tesis populista de su discurso de democratización de la cultura, sin puntualizar los esquemas que las 18 direcciones provinciales deben desarrollar para formar y multiplicar actores culturales y públicos. 4. La excusa del trámite: El Ministerio ha sido un esclavo de los conversatorios y los talleres: de gestión intercultural, de indicadores culturales, de promoción de mecanismos para acceder a fondos concursables, de cooperación internacional para la cultura... Y también de los trámites legales. Porque continúa esperando el establecimiento de los mecanismos jurídicos para viabilizar las acciones ministeriales. Es decir, la excusa es el antiguo deseo de reformar la Ley de Cultura. Entre tanto, en el Ministerio se admite que se ha podido caminar poco en armonizar a las diversas instituciones públicas culturales, para optimizar recursos y estrategias. Y desde allí condenan la improvisación y el trabajo por coyunturas, como síntomas de una mala gestión cultural. 5. Ese trabajo por coyunturas: Para curarse en sano, en Cultura pulen las estrategias para que los fondos concursables no se destinen a financiar libros de autoayuda o tiendas de artesanías, como lo ha hecho anteriormente el Foncultura —Preciado adelanta que busca un cambio legal para rediseñar y administrar este Fondo que maneja montos sobre los USD 4 millones—. Ahora la Cartera, mediante su Departamento de Planificación, propone un formulario para acceder a los fondos —está en www.ministeriodecultura.gov.ec— y organiza "tribunales sin rostro" para la calificación de los proyectos. Es un equipo de cuatro "personalidades" de la cultura y un delegado del Ministro. Sí: es un primer ejercicio de apertura y transparencia para acceder a fondos y marca la diferencia cuando la discrecionalidad ha sido regla. Pero el plazo de la primera convocatoria vence el 30 de octubre y así el Plan nace con un aliento breve y proyección de quincena. Después de su evaluación, cuyos resultados se publicarán el 15 de noviembre, los postulantes pueden optar por 3 000 dólares para sus emprendimientos. Y para quienes mantienen obras inconclusas, el Ministerio ofrece su apoyo en un esquema de coproducción —¿con derechos de autor también compartidos con el Ministerio?—. No obstante, 3 000 dólares alcanzan para montar una obra con medianas exigencias técnicas durante una temporada corta. Por eso, si antes un reclamo era por la falta de dinero para la cultura, hoy existe una institución con USD 31 millones por repartir. ¿Para qué ideas? La respuesta es un reto. Entonces, mientras el Plan Nacional de Cultura continúa en una fase evolutiva y perfectible, la postergada deconstrucción de las caducas prácticas culturales aún será una quimera. Una quimera entre talleres, formularios y sobredosis de patriotismo. |








