REVISTA VANGUARDIA
El enemigo de mis amigos...
| El enemigo de mis amigos... |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 16 de octubre de 2007 | |
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Irán quiere tener en Quito una oficina comercial. Pero está bajo graves acusaciones de la ONU por terrorismo e intento de fabricar bombas atómicas. Vanguardia abre el debate. M ahmoud Ahmadinejad apareció en Quito el 15 de enero de este año. Llegó a la posesión de Rafael Correa y sin que la Cancillería pudiera explicar por qué vino el mandatario Iraní. Se dijo que él había aceptado la invitación que, en forma mecánica, el Palacio de Najas envía a todos los gobernantes cuando hay cambio de mando. Una razón que no convenció a nadie y que “sorprendió e inquietó” —dijo un diplomático europeo a Vanguardia— a todas las delegaciones de ese continente en Ecuador. Lo cierto es que la Cancillería no supo muy bien qué hacer con Ahmadinejad y él no tuvo mucho qué hacer en Quito. Pues bien: el anuncio de que a finales de año se abrirá una oficina comercial iraní en Quito, vuelve a dejar perplejos a todos aquellos que no entendieron lo que vino a hacer el señor Ahmadinejad en enero. Y dos inquietudes alcanzan a suscitar una sospecha. La acaba de expresar Javier Solana, alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común, al evocar un coro latinoamericano a favor de Irán que pasa por Venezuela, Bolivia, Nicaragua y al cual, según su versión, se estaría sumando Ecuador. Mahmoud Ahmadinejad no es — dijo en sustancia Solana— un amigo recomendable. La verdad es que las Naciones Unidas no saben qué hacer con el régimen que preside este hombre taciturno y secreto. Su gobierno inició un programa nuclear que preocupa a la ONU, que viola el Tratado de No Proliferación Nuclear y que ha sido motivo de tres resoluciones (1696, 1737, 1747) del Consejo de Seguridad. Ahora la ONU ha dado un plazo, hasta noviembre, para que la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) pueda verificar, in situ, si Irán mantiene un programa de enriquecimiento de uranio con fines militares. Javier Solana y Mohamed ElBaradei, el inspector jefe nuclear de la ONU, deben presentar dos informes en los cuales describirán el nivel, la amplitud y la transparencia de Irán. La OIEA también debe esclarecer —y esto sí está pactado con Irán— las situaciones en las cuales ese país habría disimulado la realidad en el pasado. Hasta ahora esta organización no ha dicho si tiene pruebas formales que certifiquen que el programa nuclear iraní presenta un peligro. Pero la comunidad internacional tiene la certeza, tras una serie de intentos fallidos, de que Mahmoud Ahmadinejad no quiere colaborar. Por ende ya está en marcha un proceso de sanciones que pudiera venir de una doble vertiente: la ONU por un lado y la Comunidad Europea por otro. En este último punto, el nuevo gobierno francés, liderado por Nicolas Sarkozy, ha pedido “sanciones crecientes” contra Irán. Su canciller, Bernard Kouchner, ha hablado incluso de la posibilidad de una guerra con Irán. Según el diario Libération esa declaración se inscribe en la 19alternativa catastrófica planteada por el nuevo mandatario galo el 27 de agosto pasado: “la bomba iraní o el bombardeo de Irán”. Le Canard Enchaîné, un semanal satírico, pero cuyas informaciones son estrictamente confiables, reveló que los rusos informaron a Irán que Israel tenía la intención de atacar los sitios nucleares iraníes entre el fin del Ramadán e inicios del 2008. Entonces, Irán no es, en este momento, un país como los otros —como se dice en la Cancillería— ni Mahmoud Ahmadinejad es un presidente cualquiera. En forma reiterada, él ha insistido en que Israel debe desaparecer del mapa y lo ha acusado de haberse inventado el holocausto. A inicios de este mes, volvió a escandalizar gran parte de la opinión mundial al sugerir mantener un referendo para trasladar a los judíos a Europa, Canadá o Alaska. En las cancillerías europeas, en el Departamento de Estado y ahora en la ONU se piensa que Ahmadinejad y su régimen apoyan, financian, arman y dan albergue a los grupos extremistas. Israel lo acusa, en particular, de patrocinar a grupos terroristas (cita a Hezbollah, Hamas y la Jihad Islámica), de querer influir en Líbano y poner bajo su control a la autoridad palestina. En ese contexto, algunos diplomáticos, con los cuales habló Vanguardia, se dicen diplomáticamente sorprendidos con la respuesta dada por la Canciller ecuatoriana. María Fernanda Espinosa ha dicho que es un derecho soberano del país establecer relaciones con quien lo desea. “Es obvio —dice un representante europeo— pero con todo respeto en la vida diplomática hay que evaluar los contextos y los momentos. Y la situación actual de Irán es muy particular”. Por eso tampoco convence el argumento de que los vecinos tienen relaciones con ese país. Antes era una cosa, hoy otra. En la diplomacia, hay voces que acompañan esa reflexión. “¿Ecuador ha identificado coincidencias con Irán —se pregunta el ex canciller José Ayala Lasso— a tal punto de obtener un aumento de su bienestar económico, de su acervo cultural, de sus relaciones internacionales con fines prácticos? La respuesta puede ser un poco dudosa”. La duda está instalada porque ni el presidente Correa ni la Canciller han dado explicaciones satisfactorias sobre la apertura de una oficina iraní en Quito. “La Cancillería debiera explicarnos —dice Ayala Lasso— cuáles son los beneficios puntuales que ve en una relación con Irán y allí hay un vacío. ¿Qué nos ofrece una relación con Irán? Esa pregunta debe ser satisfecha”. Edgar Terán, otro ex canciller, dice lo mismo: “El Gobierno no ha dado una justificación comercial, salvo decir que son países complementarios. Cualquier relación con el petróleo tampoco ha sido dada a conocer”. Este desconocimiento lleva a Mauricio Larrea, presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales del Congreso, a abstenerse de hacer juicios de valor. “Si el proyecto es comercial —dice— bienvenido sea. Pero debemos conocer, a ciencia cierta, qué acciones tiene previstas el Gobierno”. De hecho, los acercamientos bilaterales empezaron en el Gobierno de Alfredo Palacio. Lo admite un miembro de ese gobierno, que pidió no ser citado: “el Viceministro de economía de Irán estuvo en Quito con el fin de llegar a acuerdos comerciales”. El ministro de Gobierno, Gustavo Larrea, aún advirtiendo que este campo lo maneja la Cancillería, también acepta que es “Irán el que ha pedido tener relaciones con Ecuador. Ese es un país petrolero, al igual que Ecuador que puede mantener relaciones comerciales con cualquier país”. Ese discurso es compartido por Joaquín Hernández, internacionalista, y Johny Roca de Castro, doctor en Diplomacia. Otro ex canciller, que pidió la reserva de su nombre, incluso señala la “doble moral” que habría en Europa y en Estados Unidos donde hay inversiones de petrodólares iraníes y tecnología iraní al servicio de bloques petroleros californianos. Joaquín Hernández también le endosa al aparato político y mediático de George Bush el haber posicionado, desde el 2002, a Irán como la bandera del eje del mal. “Hay una confabulación contra Irán”, dice el académico. Los europeos, sensibles ante la sospecha de servir de tontos útiles a la diplomacia estadounidense, recalcan que este es un asunto de interés mundial y que el protagonismo es de la ONU. Una prueba evidente para ellos es que en el grupo que sigue de cerca el caso (llamado Eu3+3), además de Alemania, Inglaterra, Francia y Estados Unidos, están Rusia y China. Recuerdan el argumento que han defendido desde que, en junio de 2006, le hicieron una propuesta global a Irán: cooperar con él en energía nuclear civil y en su seguridad regional, en comercio, inversiones internacionales, aviación civil, telecomunicaciones y alta tecnología. Para lograr el acuerdo, de largo plazo, se requiere que Irán suspenda, de modo integral y comprobable, sus actividades relacionadas con el enriquecimiento y la reelaboración nuclear. Es claro, que Irán suspenda “las actividades sensibles” que lo pueden llevar a fabricar la bomba atómica. Sólo en ese caso, la comunidad internacional pondrá en salmuera la aplicación de sanciones. Éstas pudieran estar dirigidas, en un primer momento, a los circuitos financieros, de seguros y crediticios de Irán. Francia, sin lograr unanimidad entre los 27 países europeos, habla de congelar fondos y prohibir visas a personas y entidades del régimen y a aquellas que participan en su programa nuclear y balístico. En una palabra, Irán está camino a un aislamiento paulatino. Y esto explica, para Johny Roca de Castro y Ayala Lasso, su cercanía con Venezuela, Bolivia y Nicaragua. “El gobierno de Ahmadinejad —dice el ex Canciller— observa en esos países una línea política que puede servirle de coincidencia en la manera de ver las relaciones internacionales y, de alguna manera, romper el aislamiento en el cual se encuentra. Desde el punto de vista iraní parece inteligente su política exterior”. Pero lo que es bueno para Irán no lo es para Ecuador. Carlos Estarellas señala la incongruencia que implica negociar una relación comercial con Europa justo cuando ese continente ve en Irán un peligro para su seguridad y la de sus vecinos. “Nada hay en la vida internacional —agrega el ex canciller Terán— que no tenga consecuencias”. Y él, como Carlos Estarellas, hace hincapié en lo que significa, para el país, abrir las puertas a la oveja negra para Europa y al enemigo jurado de Estados Unidos e Israel. “Ecuador —recuerda Edgar Terán— fue el primer país del mundo que se pronunció, por allá en 1947, por la creación del Estado de Israel. Y ahora se quiere aliar con el Estado que propugna su desaparición”. “Nosotros no estamos de acuerdo —responde Gustavo Larrea— con que Israel desaparezca. Estamos de acuerdo con que pueda convivir con el Estado Palestino en paz. No nos pueden endosar, por tener relaciones con Estados Unidos, las consecuencias de la invasión a Iraq”. Sin embargo, Ayala Lasso se pregunta si interesa más al país entrar en una relación “poco práctica con Irán, a riesgo de que países amigos sientan una tendencia de distanciamiento”. El ex Canciller se responde: “pareciera que subordinamos nuestra política exterior ni siquiera a los petrodólares sino a un deseo infantil de tomar actitudes que podrían parecer actos de soberanía frente a la opinión de los demás”. El Presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales del Congreso ve, igualmente, una filiación ideológica en este acercamiento a Irán. “Es una señal clara de distanciamiento de EE. UU. Pero no hay un proyecto en conjunto. Por eso, la percepción internacional de incluir a Ecuador como parte del eje Chávez- Morales-Ortega, es apresurada”. No es la percepción de Roca de Castro. “Si Ecuador se ha alineado ideológicamente, corre el riesgo de ser involucrado en algún enfrentamiento”. De todas maneras, hasta Joaquín Hernández reconoce que “el país se está metiendo en relaciones difíciles”. Y ya hay facturas. La primera quedó evidenciada en la declaración de Javier Solana. Y voces diplomáticas de Europa hacen la misma apreciación: habrá un costo, por ahora mediático para Ecuador. Eso puede cerrarle, muy diplomáticamente, canales que dice querer abrir para ampliar sus relaciones comerciales. Berrinche infantil o salto a un libreto desconocido, lo cierto es que fuentes europeas prefieren no responder tajantemente una pregunta: ¿el Gobierno ha analizado realmente los escenarios negativos que conlleva abrir, en este momento y en las condiciones señaladas, relaciones comerciales con Irán? En forma condescendiente se dicen que quizá el país no conoce la historia del Oriente Medio. Ni sus guerras fratricidas. Y que quizá tampoco pueda intuir qué clase de conflictos ajenos pudiera comprarse. En ese campo se señala el atentado mortífero contra la Embajada Israelí en Buenos Aires, en 1994, en el cual está involucrado Irán, según un juez argentino. “Aquí la falla es de la Cancillería —dice Estarellas—. Ella es la encargada de orientar al Presidente sobre este tipo de situaciones”. Pero en otros círculos se señala que es Rafael Correa quien impone a la Canciller agendas como ésta, sin que, en silencio, sus funcionarios hayan evaluado las supuestas bondades de tal acuerdo. Preguntas, en todo caso, se hacen todos los entrevistados: ¿Qué va a exportar Ecuador a Irán? ¿Conoce este gobierno las dificultades que hay para establecer vínculos comerciales con Oriente Medio? ¿Qué hará frente a un país inviable desde el punto de vista del derecho internacional? ¿Rechazará el enriquecimiento nuclear, pues Ecuador es signatario de las políticas no armamentistas de la Organización Internacional de Energía Atómica? ¿Qué dirá a Israel, un país con el cual Irán no tiene meras divergencias (que son naturales en la vida internacional) sino al que Ahmadinejad ha hecho la promesa de desaparecerlo del mapa? La pelota, que pudiera convertirse por mérito ajeno en bomba de tiempo para el país, está, entonces, en la Presidencia de la República. |








