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El astillero en el área del penal PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 30 de octubre de 2007

Manejos políticos y líos financieros: Barcelona y Emelec ensayan, en tres semanas, la renovación.

 

Eternos rivales de barrio y del fútbol del Astillero. El Club Sport Emelec y Barcelona Sporting Club ahora comparten realidades parecidas. La sombra del mecenazgo, que en los 80 y 90 trajo gloria nacional e internacional, en esta década les pasa una abultada factura, que compromete incluso su economía y su sostenibilidad.

Han soportado este año duras goleadas, déficit económico, deudas, demandas, pérdida de bienes, malas contrataciones, no clasificación a la liguilla, fuga de jugadores, indisciplina... La lista es larga y la causa es la misma: estructuras anticuadas y politizadas.

Barcelona, que no esperaba pasar una década sin ser campeón, por primera vez en ese lapso ni siquiera llegó a la liguilla. Emelec parecía estar mejor. Fue bicampeón en el 2002 y vicecampeón en el 2006. Sin embargo, esta alegría se disipó a comienzos de año por la salida de jugadores a otros clubes. El problema empezó por las cuentas.

El informe presentado en la asamblea de socios reveló un déficit de 50 864 dólares. Hubo protestas y se creó una Comisión de Auditoría. Su informe, terminado en junio, nunca se dio a conocer a la asamblea. Según la auditoría, no existe un sistema informático que documente los reportes gerenciales o libros contables automáticos. Todo se hacía manualmente.

La consecuencia era lógica: hubo diferencias en las cifras. Los ingresos superaban en 200 000 a lo presentado por Ferdinand Hidalgo, actual presidente del club. En la primera etapa, la comisión registró 1 025 333 dólares por taquilla, en vez de 894 720... Pero Hidalgo dice que la FEF dio créditos al club. La deuda suma 30 000 dólares.

Aparte, dice, hay deudas con Interagua, el Municipio de Guayaquil, FF.AA. y dos juicios laborales... “Recibí al Emelec con sólo tres jugadores de su entera propiedad: Carlos Andrés Quiñónez, Juan Triviño y José Aguirre. El resto ya había finiquitado su contrato”.

De cualquier manera, la historia es diferente a la del año pasado. Entre anticipos de publicidad, derechos de Tv, publicidad en las camisetas, préstamos de jugadores, taquillas y préstamos externos, el presupuesto sumó 2,52 millones de dólares. Así se logró un equipo de juego vistoso, que reconquistó hinchada y alcanzó un promedio de asistencia de 10 000 espectadores por partido durante esa liguilla, según Asoguayas. El rédito por taquilla fue 374 060 dólares. Pero vino la caída. El equipo salió último en la primera etapa.

Era la expresión de la crisis de un lustro, cuya primera señal había sido la renuncia de Jorge Arosemena, a mediados del 2005, quien precedió a Hidalgo.

El activismo del fanático que comenzó en el programa El Fortín Azul, de radio Sucre, en el 2003, no cuajó. En ese entonces se erigió la figura de Julio César Jurado, quien se postuló para las elecciones del 2004. Con un presupuesto inicial de 400 000 dólares, con auspicios de Comandato, Pepsi y Frito Lay, Jurado se perfilaba como ganador. Apareció entonces Alejandro Vanegas. Iván Valencia, periodista deportivo, dice que “después de esas elecciones nunca más se vio a Vanegas en Emelec… Fue un candidato chimbador para que continuara la rosca con el poder”. Vanegas obtuvo 60 votos.

Arosemena entró con una lista muy conocida: Xavier Mendoza, Raúl Gómez Amador, Pedro Valverde, Ferdinand Hidalgo... Habiendo asumido, a su escritorio llegó una carta que marcaría el punto de quiebre del club. Era de Omar Quintana, quien había reaparecido a los nueve años, en 1998, como presidente de la Comisión de Fútbol de Emelec.

Quintana presentó los balances del club auditados por Pannell Kerr Forster. Allí detalló que Emelec le debía 780 595 dólares. Le pagaron 600 000 obtenidos por la venta de Otilino Tenorio. El resto, con la venta de un espacio publicitario en el estadio Capwell.

Así, el bicampeonato del 2002 fue consecuencia de un boom pasajero. Quintana, quien había sido presidente del Conam con Abdalá Bucaram, y el ex banquero Fernando Aspiazu, cosecharon los frutos del trabajo de la Fundación Capwell, de Gustavo Gutiérrez, Miguel Kumholz, Xavier Vanoni, los hermanos Dassum y Eduardo 'el Ñato' García. Ellos dieron mucho apoyo económico y técnico a las divisiones formativas. De allí salieron Iván Kaviedes, Tenorio, Moisés Candelario, Daniel Viteri, Carlos Hidalgo...

En Barcelona, cinco meses después de haber asumido la Presidencia de la República, Abdalá Bucaram fue presidente de los ‘toreros’. Ofreció traer a Diego Armando Maradona. Un mes antes de su caída, dejó al equipo con grandes contratos. Hubo versiones de que se le anticiparon 500 000 dólares al jugador argentino, quien nunca llegó.

Bucaram dejó a su consuegro, Xavier Paulson, como su sucesor, sin que hubiera asamblea de socios. Aun así, el equipo alcanzó el campeonato en 1997. Paulson hizo grandes contrataciones.

Llegaron figuras internacionales como Anthony ‘Pipa’ de Ávila, Marco Antonio ‘El Diablo’ Echeverri, Carlos Alfaro Moreno; y nacionales, como Agustín Delgado. Pero el impulso no pasó de 1998, cuando Barcelona estuvo en la final de la Copa Libertadores de América. Sólo por esa presencia recibió 1 250 000 dólares. La fama fue empañada por un caso no esclarecido: la taquilla recaudada en la final en el estadio Monumental, contra Vasco da Gama, de Brasil. Al final, Paulson salió en el 98, dejando al equipo con un alto déficit, que incluso asumió Leonardo Bohrer en el 2001.

El club ha sido carnada política por tener la hinchada más numerosa del país. Basta revisar los nombres de sus presidentes, que alternan como miembros activos o afines al Partido Social Cristiano o al Partido Roldosista Ecuatoriano: Bohrer, cuñado de Jaime Nebot; Isidro Romero, Alfonso Harb y Galo Roggero, ex diputados socialcristianos... De hecho, después de Paulson, le tocó a la línea socialcristiana. Jorge Bejarano, cercano a Romero, no tuvo escándalos ni un año brillante.

En el 2000, Miguel Palacios, independiente en lo político, sufrió un supuesto ataque a los seis meses de haber ganado las elecciones. En un confuso incidente, recibió un disparo en la mano. Decidió convocar a elecciones. Bohrer ganó en medio de cuestionamientos. A la lista de inscripción de su candidatura le faltaron las firmas de dos candidatos a vocales, y no tuvo socios activos que auspiciaran su nombre. Estuvo cuatro años y tuvo que afrontar el juicio que entabló Moacir Pinto a la institución, por despido intempestivo. Por esto, cuando Romero volvió a la presidencia en el 2005 —estuvo antes de Bucaram—, la FIFA, como mediadora, dictaminó que el club debía cancelar 100 000 dólares o perder puntos en el campeonato y, posteriormente, la categoría. Fue la primera traba que impidió a Romero cumplir la promesa de volver a las copas nacionales e internacionales.

En el 2006 abandonó la presidencia a raíz de una derrota con Emelec y juró no volver. Alfonso Romero, Carlos Muñoz Insua, Ramón Barredo y Eder Palma, quienes seguían en la línea sucesoria, se excusaron. Así es como llegó Galo Roggero, quien se mantiene.

Él dice que recibió el equipo con un déficit de 1 500 000 dólares y alrededor de 30 juicios laborales. No revela cuánto recibió el equipo por auspicios y venta de derechos de Tv, pero habla de que dio anticipos y renegoció contratos con auspiciantes. Además, hubo el escándalo en las divisiones formativas, por un auspicio de Cervecería Nacional de 200 000 dólares anuales, que no se supo por qué no llegaron. Pero el 2007 llegó con la carga de cumplirse 10 años de no ser campeón.

La primera etapa terminó, en junio, con poco éxito. Eso dio pie al aparecimiento del ex diputado Alfonso Harb, vicepresidente del club. Mientras Roggero estaba en Argentina, en el Directorio se interpretó que había abandonado el cargo. Harb asumió la presidencia en una asamblea llena de socios eufóricos. Pero la fuerza pública apoyó a Roggero.

Al terminar el campeonato, ni aun con la contratación de figuras internacionales como Gastón Sesa y Marcelo Delgado, hubo resultados. Claro, durante la presidencia de Roggero han pasado por el equipo seis cuerpos técnicos.

A Emelec y Barcelona los une algo más que marca su situación actual: 1996. Ese año llegó el 'Loco que ama' a Barcelona. Su huida a Panamá, en febrero del 97, pareció sentenciar a Barcelona con la ausencia de títulos.

Para Emelec, en ese año se hizo algo que mantiene molestas a sus huestes: elecciones presidenciales sin convocatoria pública. Según los registros firmados por Héctor Mendoza, secretario de ese período, Enrique Ponce Noboa (PSC) fue reelegido con 36 votos, cuando existían alrededor de 1 200 socios activos. Y estuvo como Presidente ocho años. Una coincidencia final. Como hermanos de barrio, Barcelona y Emelec celebrarán elecciones presidenciales el 22 y 23 de noviembre, respectivamente. Se repiten nombres políticos, pero también hay corrientes de renovación.