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Correa usa a Alfaro para agradar a las mayorías PDF Imprimir E-Mail
Carlos Freile   
martes, 06 de noviembre de 2007
  1. El Gobierno se identifica como alfarista. Pero no mira al pe rsonaje en todas sus aristas. Su visión de la historia es populista y funcional.

El régimen actual utiliza la figura de Eloy Alfaro como Castro usa a José Martí en Cuba, como Chávez lo hace con Bolívar en Venezuela, como Allende lo hizo con Balmaceda en Chile. Se toman personajes importantes en cada país para convertirlos, con modelos falsificados e ideologías cambiadas, en íconos de coyunturas políticas actuales. Entonces, apelar a Alfaro supone hoy la necesidad de establecer un parangón de la revolución ciudadana de la cual habla Rafael Correa con la revolución liberal alfarista de 1895. De Alfaro se toma su imagen de revolucionario, del personaje que cambió el país, pero el peligro de ese enfoque es que se olvidan todos los excesos que el General cometió para imponer al país una forma de vida. La historia siempre puede ser manipulada para los intereses del poder. El escritor George Orwell decía que quien controla el pasado controla el presente y quien controla el presente controla el futuro. Por tanto, al usar la figura de Alfaro, que durante 100 años ha sido presentada en una cierta dirección, el pueblo se siente identificado con una especie de salvador y no se distinguen los sacrificios que su acción conllevó. En este sentido es indudable que se quiera encontrar en Alfaro aspectos que no proyectó. Por ejemplo, es un desacierto ubicarlo como ícono de una revolución socialista cuando era un liberal jacobino, radical: a la larga, contradictor del liberalismo.

Yo no niego que el ex Presidente haya implementado mejoras para los sectores populares, especialmente con los indígenas cuando se los eximió de pagar impuestos. El laicismo, lamentablemente, fue una acción negativa. Porque el laicismo dice del respeto de todos los pensamientos.

Con Alfaro hubo una secularización de la educación desde un ataque sistemático al catolicismo. La secularización fue buena como postulado, pero el General cambió el control de la educación de la Iglesia al Estado, cuando la educación de los hijos es un derecho de la familia.

El Gobierno alfarista, en última instancia, significó un apoyo a los grandes exportadores. El 5 de junio de 1895, en Guayaquil, no es un movimiento popular como se dice. Fue liderado por los grandes cacaoteros enemigos de grupos relacionados con Plácido Caamaño. Para entonces se produjo un enfrentamiento oligárquico, de modelos de producción. Alfaro protegió eso, en un hecho consecuente con su ideología liberal.

También se presenta a Alfaro como un defensor de la libertad y en los años que gobernó no hubo libertades. Él fue dictador. Él dijo que "no se puede perder con papeletas lo que se ha ganado con bayonetas". Tampoco hay que olvidar que para ganar el poder, todos sus golpes de Estado provocaron miles de muertos y una amargura en el pueblo, porque las esposas y las madres veían cómo los suyos eran cooptados por las montoneras alfaristas e incluso asesinados por no querer unirse a ellas. Hay documentos que señalan que Alfaro autorizó la matanza de montubios manabitas por no acceder a dar sus reses para esos movimientos. No se puede olvidar las torturas de sus lugartenientes 'Cepo' Pérez, 'Trapiche' Franco, la confiscación de bienes, la quema de bibliotecas, la destrucción de imprentas... Eso no es libertad ni auténtica democracia: es tratar de imponer a la fuerza una forma de pensar.

Por ello, considero que Eloy Alfaro es una figura sobredimensionada. Sé que decir esto ahora no es políticamente correcto ni popular. Pero el General no respetó la libertad ni la democracia y quiso perpetuarse en el poder. Por eso hay que ver que el pueblo, hacia 1912, ya estaba cansado de tanta violencia civil, lo cual no justifica la abominable muerte de los líderes alfaristas.

Entonces, quien hoy apela a Alfaro no está huérfano de ideas. Tiene un proyecto: agradar a quien se deja llevar por ideas masificantes, por la propaganda. La visualización del General como modelo a seguir es un proceso que se preparó desde antes, por ejemplo con el programa televisivo El mejor ecuatoriano. En ese contexto no se puede distinguir el ideal alfarista del actual y se los muestra como paralelos. Esta habilidad política es digna de admiración, pero no de apoyo.