REVISTA VANGUARDIA
Se viene la noche para el MPD
| Se viene la noche para el MPD |
|
|
|
| Revista Vanguardia | ||||
| martes, 13 de noviembre de 2007 | ||||
Página 1 de 2 No es una escaramuza: Rafael Correa quiere erradicar a ese partido del magisterio. Por eso mandará una nueva ley de educación a la Asamblea. Vanguardia analiza por qué el régimen golpeó a su aliado... El Movimiento Popular Democrático, MPD, no lo puede creer: Rafael Correa atacó a la Unión Nacional de Educadores, UNE, que es su feudo mayor. “Yo llamé a Ricardo Patiño —dice Aracelly Moreno, una de las figuras en Guayaquil— para que le dijera al Presidente que no se meta con la UNE, que nosotros le habíamos dado todo el apoyo y no era justo que se metiera con nosotros”. Jorge Escala, presidente del gremio, habla de “provocación”. Uno de los diputados del MPD confiesa que el decreto presidencial que reforma el reglamento de la Ley de Carrera Docente y Escalafón del Magisterio “es un gran revés para nosotros”. El MPD está profundamente golpeado y no osa decirlo en público. Pero lo cierto es que sus dirigentes nunca imaginaron que el régimen “de tendencia progresista de izquierda”, le declarara la guerra. “Fuimos determinantes para que se dé la Asamblea —dijo a Vanguardia Jorge Escala—. Fuimos clave para la destitución de los 57 diputados, la toma del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo Electoral”. En claro, el MPD no esperaba ser tan mal retribuido por sus servicios que le valieron el calificativo, en algunos sectores, de “garroteros del régimen”. “Ese es un estigma que ha creado la derecha”, dice Jorge Escala. Como quiera que sea, ante el golpe propinado por el Ejecutivo, esos mismos dirigentes miran por el retrovisor y vuelven a la pregunta política de fondo: ¿quién usó a quién? El régimen cerró los ojos ante algunas intervenciones públicas musculosas e ilegales del movimiento y contó con esos votos en el Congreso. Permitió, igualmente, que usara la imagen del “compañero–Presidente” durante la campaña para la Asamblea. Correa sumó en su tendencia y mantuvo abierta la puerta con el MPD por si necesitaba sus votos en la Asamblea. A cambio permitió que Ciro Guzmán y sus amigos subieran a la camioneta de moda —como lo hicieron con Lucio Gutiérrez— pensando así sacar réditos políticos de su dinámica ganadora. Las cuentas son disímiles: el MPD obtuvo apenas tres asambleístas, mientras el régimen pasó de agache, ante los electores, por haber aceptado alianzas de hecho con el partido más arcaico de la izquierda nacional. En privado, no obstante —y así lo publicó esta revista—, el régimen confesaba que con el MPD no irían a ninguna parte. “Políticamente —dijo un Ministro antes de la Asamblea— con ellos no iremos ni a la próxima esquina”. Ahora, con los resultados de la Asamblea —dice en sustancia otro Ministro—, el Presidente puede distanciarse públicamente del MPD. Y es lo que está haciendo. El escenario le favorece: es altamente popular, hay consenso nacional para cambiar la educación pública y al MPD le pasó algo parecido a lo de la derecha: se quedó sin discurso frente a un régimen que ha cooptado el imaginario antisistémico en el cual está instalado. Los dirigentes de la lista 15 reconocen, en privado, algunas desventajas. Eso explica sus primeras reacciones tan imprecisas como sinuosas. El primer movimiento fue, como en la guerra, tratar de dividir al enemigo. Su blanco, han hecho saber, no es Rafael Correa: es Raúl Vallejo, ministro de Educación. En las charlas que Vanguardia mantuvo con algunos dirigentes del MPD y de la UNE, lo han presentado como un dirigente socialdemócrata ávido de convertir su Ministerio en una agencia de empleo para su partido. Lo acusan de haber redactado el decreto de la discordia que el Presidente firmó “mal informado”. Lo acusan de querer privatizar la educación. Jorge Escala califica abiertamente la reforma de “antidemocrática y concentradora de competencias para el Ministro de Educación”. “Si el ministro Vallejo no acepta nuestras propuestas —dice Aracelly Moreno— saldremos a las calles a manifestar y a pedir su destitución”. Tania Massón, diputada del MPD, va un poco más lejos: “la UNE ya rechazó el decreto y va a proponer cambios. Si el Presidente no los considera, habrá otra actitud”. ¿Cuál? Apoyar el paro de la UNE, dice uno de los máximos dirigentes del MPD que pidió no ser citado en este punto. ¿Por qué? La respuesta es tajante: “éste no va a ser un punto de ruptura con el régimen. No nos vamos a ir a la oposición porque el objetivo es similar, sólo que no estamos de acuerdo con los mecanismos”. El problema del MPD está, precisamente, en que no sabe qué hacer frente a los nuevos mecanismos anunciados por el Gobierno para manejar la selección, el ingreso, la evaluación y los ascensos de los docentes. “La UNE —dice el mismo dirigente— tiene la potestad de seleccionar”. Desde Carondelet se piensa que ha terminado la época en la cual gremios y asociaciones también administraban la cosa pública. La UNE debe salir de la educación, como las cámaras de la producción lo han hecho, o lo harán, de otros organismos estatales. ¿Qué persigue el Gobierno de la supuesta revolución ciudadana? “Devolver a los ciudadanos lo que es de ellos”. En ese sentido, como lo afirmaron algunos responsables oficiales, el decreto presidencial no es una pieza única. Hace parte de una nueva visión sobre la educación pública que el régimen plasmará en la Asamblea Constituyente. No negociará, entonces, el decreto. Y si el régimen se reúne con la UNE, como lo hicieron los ministros de Gobierno y de Educación, es para explicar las políticas del régimen (ver la entrevista a Raúl Vallejo), no para adecuarlas a los pedidos de ese sindicato. “No habrá marcha atrás”, dijo una fuente del Gobierno a Vanguardia. El Presidente no sólo firmó los decretos en pleno conocimiento de causa sino que discutió en el Gobierno y con su buró político sus consecuencias. Él evaluó, en sesiones de trabajo, las respuestas del MPD y de la UNE. “Se pasó revista a las presiones, movilizaciones y posibles paros. Se sabía que la UNE pediría en primera instancia la cabeza del ministro Vallejo”. Las conclusiones alentaron la decisión presidencial: esas organizaciones no tienen ahora las condiciones políticas ni sociales para promover paros. Además, hay leyes que los prohíben y “en la configuración mental del Presidente” —dice esa fuente— no hay espacio para paros ilegales. El Presidente ha dicho a sus ministros “que nadie negocia nada tomado. Nadie negocia bajo medidas de hecho”. ¿Y si la UNE lanza un paro? “Ellos deben entender —dijo esa fuente oficial a Vanguardia— que el Presidente tiene un altísimo capital político. Hay miles de candidaturas a maestros. Si hay paro, se declarará la emergencia, habrá concursos y se despedirá a quien infrinja la ley. Si la UNE quiere pelea, iremos a la pelea, pero este Gobierno no renunciará a mejorar la educación”. Y mejorar la educación significa, en primera instancia, desmontar el aparato político que tiene montado la UNE en el Magisterio y el uso que de ello hace el MPD. Naturalmente, los dirigentes de esas dos organizaciones rechazan estas acusaciones. Y al unísono, como si hablaran del mismo poema, recitan sus argumentos: no han tenido ministros de Educación, se han opuesto a 20 planes formulados por la derecha contra el sector, han evitado el cierre de miles de escuelas, han contribuido a la creación de miles de puestos en el Magisterio, han ayudado a revalorizar el papel de los maestros y sus salarios, los han formado… Han evitado con sus luchas que, como dice Ciro Guzmán, director del MPD, “la educación se privatice”… En definitiva, la UNE y, peor el MPD, no saben, como dice la diputada Tania Massón, por qué los culpan de los problemas en la educación. |
||||








