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La OPEP no es un simple retorno PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 27 de noviembre de 2007

Correa quiere cambios en producción, mercados, contratos... Petroecuador perderá su autonomía.

 

Si la superstición tiene sentido, el retorno del Ecuador a la OPEP puede ser auspicioso.

En efecto, Rafael Correa firmó el reingreso en un palacio de convenciones, en el centro de Riad, cuya construcción costó 10 000 millones de dólares. Así convirtió al país en el miembro más pequeño de un cartel que controla el 43 por ciento de la producción mundial de petróleo y el 75 por ciento de las reservas.

¿Por qué el régimen regresa a la Organización de Países Exportadores de Petróleo? ¿Obedece a una estrategia? José Serrano, viceministro de Petróleo, pinta la nueva cancha y habla de una bitácora con tres patas. En lo político, la idea es que Ecuador, al reincorporarse a la OPEP, tiene un voto y, al margen de su producción, puede negociar en el interior del cartel. En ese sentido, el funcionario habla de un bloque sudamericano que pueda seducir a Brasil para que acelere su ingreso a esa Organización.

Víctor Hugo Jijón, consultor petrolero, perfila otras ventajas. "Ecuador vuelve a las grandes ligas, en cooperación técnica, transferencia de conocimientos y mercados, para negociar ampliamente su petróleo con quien quiera y así ser reconocido en el mapa energético mundial".

En esa línea, el plan gubernamental involucrará alianzas estratégicas con empresas estatales de otros países. Es la segunda pata expuesta por Serrano.

Se trata de colocar el crudo en más mercados, sin intermediarios, lo cual genera mayores ingresos para el fisco. Guillaume Fontaine, director del programa de Estudios Socioambientales de la Flacso, no lo ve de esa manera. "Para esto no era necesario regresar a la OPEP. Con un manejo técnico del petróleo y por las dinámicas del mercado, Ecuador puede negociar su producción sin intermediaciones".

Como quiera que sea, colocar el crudo implica que el Estado pueda disponer del destino del petróleo producido en el país.

Galo Chiriboga, ministro de Petróleo, cree poder hacerlo pues, en Arabia Saudita, dijo que Ecuador fijaría en 530 000 barriles diarios su cuota para la OPEP. Un interrogante no resuelto dejó en el camino: si la producción estatal asciende a 280 000 barriles por día, ¿cómo agregará los 250 000 barriles que producen las empresas privadas? Este dilema aparece justo cuando el presidente Correa ha planteado una renegociación de los contratos con las petroleras privadas. Hasta ahora, el Primer Mandatario ha propuesto una doble opción: renegociar las cláusulas y mantener el 99/1 de los excedentes petroleros o pasarse a un contrato de prestación de servicios. El anuncio de Chiriboga pudiera implicar que la primera opción desaparece. O se vuelve poco sostenible financieramente.

"Si Petroecuador, con todas las alianzas estratégicas con las estatales de la OPEP, compite de igual a igual con las privadas y a ellas no les resulta el negocio, quizás les resulte un contrato de prestación de servicios con el cual reciban lo que invirtieron —dijo una fuente gubernamental que pidió su reserva—. Pero que el destino del crudo esté en manos del Estado".

Las petroleras, públicamente, no creen que se dé una presión tan evidente para que cambien sus contratos de participación a unos de prestación de servicios. En alguna oficina, que visitó Vangaurdia, todavía piensan que el Gobierno flexibilizará las medidas sobre los excedentes petroleros y la renegociación contractual. Y Fernando Santos Alvite, abogado del sector, da otro argumento: la inversión privada en el sector petrolero sostiene a la inversión extranjera directa en el país.

Jijón lo contradice: "incluso en un contrato por servicios, las petroleras privadas seguirán ganando y por ello no redirigirán sus inversiones a otros países donde sí tendrán mayor competencia".

El viceministro Serrano va más lejos: las estatales de la OPEP y de otros países sudamericanos pudieran invertir en crudo. "Con Venezuela, Irán, Nigeria, Arabia Saudita... existen conversaciones que deberemos ir concretando en el próximo año".

El mensaje es claro y Francisco Acosta, ex ministro de Energía, lo traduce: si las empresas dejaran de operar en Ecuador, paralizaran sus inversiones o redujeran su producción, Petroecuador puede tomar la posta.

Una acción que suponga una suerte de renacionalización del sector petrolero —dice Guillaume Fontaine, catedrático de la Flacso— es congruente con las políticas que dieron origen a la OPEP. En efecto, en los sesenta, la nacionalización de la industria fue un factor de cohesión y determinación de las repúblicas árabes.

Sin embargo, el Gobierno no ha dicho, hasta ahora, cómo piensa cumplir los compromisos contraídos ni qué negociaciones propondrá, en ese nuevo contexto a las empresas privadas. Lo cierto es que si piensa repotenciar a Petroecuador no lo hará según las reglas existentes. Vanguardia supo que el Gobierno acabará con la autonomía de la estatal y la pondrá bajo el paraguas del Ministerio de Petróleo.

De hecho, hay ex funcionarios como Víctor Hugo Jijón, ex integrante del Consejo de Administración, que admiten que el nuevo escenario precisa una empresa más técnica, más internacional y menos burocrática. "En la estatal se ha descuidado la formación de relevos. Además, los representantes de los trabajadores perdieron su perspectiva de profesionalización. Esto es un factor de colapso". José Serrano también insiste en la tercera pata de la estrategia gubernamental: tecnología y ambiente (ver recuadro).

En este punto coincide Heinz Terán, experto en petróleos de la Espol, para quien el debate no debe centrarse solamente en el control de la producción sino en la utilización sustentable del recurso en el largo plazo.

Por eso, para el presidente Correa, volver a las grandes ligas energéticas representa controlar por parte del Estado la venta del crudo. Así lo esgrimió en Riad, tentando a la buena fortuna entre los jeques del petróleo.