REVISTA VANGUARDIA
Frontera norte: se debe volver al diálogo directo
| Frontera norte: se debe volver al diálogo directo |
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| José Hernández | |
| martes, 27 de noviembre de 2007 | |
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¿Rafael Correa y Álvaro Uribe tienen cancilleres? Sólo los presidentes pueden evitar que el antagonismo se instale entre los dos países.
La frase del ministro Sandoval y la discreción de la Cancillería traducen, entonces, un malestar creciente y justificado del régimen ante el gobierno colombiano. Pero hablan de los límites de una gestión diplomática que, en la relación bilateral, parece más accidentada y menos exitosa que la lograda por Francisco Carrión. En el fondo, se sigue sin saber qué hacer frente a un vecino que tiene un conflicto armado hasta en el borde fronterizo. El país nunca ha sacado las conclusiones de lo que aquello significa. Verdades de Perogrullo: si hay un conflicto, y lo hay desde hace tantas décadas, con tantos muertos, secuestrados, desplazados y desaparecidos, es porque el estado colombiano no ejerce pleno control sobre todo su territorio. Está en guerra. Y si hay un conflicto, y un conflicto que toca la frontera, los efectos colaterales pueden ser trágicos y costosos para Ecuador. Conocer esa realidad, significa sólo eso: reconocer que ese problema no se soluciona con frases hechas (enviar más soldados al norte, no inmiscuirse en el conflicto de Colombia...) ni se despacha recitando principios o multiplicando las quejas: eso da buenos titulares pero no aliviana las cargas. En Colombia, el tratamiento diplomático y de opinión ha sido peor. Y parte de esas inconsecuencias las recordó El Tiempo de Bogotá en su editorial del 18 de noviembre. Álvaro Uribe y su gobierno no son conscientes de los enormes sacrificios hechos por Ecuador. Humanitarios y financieros. Los colombianos rasos no los conocen. No saben lo que pasa en Ecuador con los refugiados ni con los soldados en la frontera. La administración Uribe, con una falta de tino evidente, pretendió que Ecuador compartiera su visión sobre las FARC. Nada más absurdo porque lo que interesa a Colombia es lo que Ecuador está haciendo con el despliegue de siete mil militares en el norte: limitar el paso de precursores químicos, armas, pertrechos, explosivos y vituallas; evitar que la guerrilla implante tiendas o pueda convertir las selvas ecuatorianas en su patio trasero; restringir sus apoyos por parte de la población local que se había acostumbrado a hacer negocios con los guerrilleros... Ecuador está haciendo esas tareas con creces. Se entiende mal por qué el gobierno colombiano ha enervado la relación al soslayar los efectos de las fumigaciones con glifosato entre los pobladores de la frontera. Lo que es peor: se entiende mal por qué Álvaro Uribe ha persistido tanto en esa línea. Ese error de bulto ha producido otro en Ecuador: demandar a Colombia ante el tribunal de La Haya. Esta política, en la cual anda empeñada la Cancillería, no sólo será un saludo a la bandera: puede glifosatear las relaciones en general, crear un hielo durante años entre los dos países y generar un antagonismo que desemboque en un nacionalismo, de lado y lado, que sería nocivo entre vecinos. Esa vía, por más razones que se esgriman, se opone al único mecanismo lógico entre dos países condenados a entenderse: el diálogo directo. Así Ecuador y Colombia fueron de menos a más. Ya hay los instrumentos y, poco a poco, se han ido uniendo periodistas y centros académicos a este esfuerzo para conocerse, reconocerse y explorar imaginativamente vías de acercamiento y solución. Hay otra coincidencia: Rafael Correa y Álvaro Uribe se parecen, pues para este tema, en ninguno de los dos países hay Cancillería. Los presidentes —que seguramente se profesan una mutua antipatía— deben reabrir el diálogo directo. |








