REVISTA VANGUARDIA
Hugo chávez oxigenó a la oposición
| Hugo chávez oxigenó a la oposición |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 04 de diciembre de 2007 | |
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“La revolución es como una bicicleta, si no avanza, cae”. En su casita en los altos del cerro de Petaré, un barrio pobre de Caracas, Betty de Mata es una chavecista apurada. “O nos acostumbramos a trabajar al ritmo del Presidente o él se acostumbra al nuestro. Si esperamos que todo llegue a paso de tortuga, esta revolución caerá”. Si Betty no tiene dudas, en Caracas y el resto del país, el proyecto de reforma constitucional sigue dividiendo cada vez más la población y hasta a partidarios del presidente Chávez. “El régimen sigue mayoritario y está muy lejos de colapsar —reconoce Teodoro Petkoff, director del diario opositor Tal Cual—. Pero por segunda vez desde el asunto RCTV (Canal de Tv de oposición cuya concesión no fue renovada la primavera pasada), una decisión de Hugo Chávez provoca rechazo hasta en su propio bando”. Al repetir “La reforma es Chávez, Chávez es la reforma”, el Presidente venezolano buscó transformar el referéndum del domingo pasado en un plebiscito de su gestión. Esta apuesta — más arriesgada de lo previsto según los últimos sondeos—modificará el panorama político venezolano, cualquiera que sea el resultado del referéndum. ¿Habrá Chávez confundido velocidad con precipitación en su proyecto? “La pregunta es válida, cualquiera que sea el resultado del referéndum —dice José Gil Yépez, presidente del instituto de sondeos Datanalisis y opositor moderado—. Tomando en cuenta la inflación, los más pobres son los que más se han beneficiado del régimen. El punto es que, más allá de la plata, mucha gente siente que Chávez ha radicalizado su proyecto y teme el futuro”. “Las máscaras han caído —dice Petkoff—. Frente a la radicalización del discurso y del proyecto socialista de Chávez, parte de la sociedad civil está reaccionando. La oposición sigue incapaz de proponer un proyecto coherente… pero por lo menos ha iniciado su recomposición”. Todavía dispersas, muchas voces encuentran reparos a los 69 artículos — sobre los 350 de la actual Constitución — que el régimen busca modificar. A pesar de la bonanza petrolera, las cámaras de la Producción denuncian el peligro de un control estatal aún mayor sobre una economía “adicta al petróleo caro”. En un país dónde la población tiene que hacer horas de cola para obtener leche, harina, pasta, aceite, pollo, arroz y otros productos de primera necesidad, Fedecámaras ve en la escasez una señal premonitoria de las penurias que traerá una economía planificada al estilo soviético. Denuncia el final propuesto de la autonomía del Banco Central que transformaría al Presidente en único administrador de la hacienda nacional y de la reserva monetaria. “Sólo podemos constatar una disminución de la libertad económica, reconoce un diplomático extranjero, al lamentar la acumulación de leyes y reglamentos bastante “incoherentes, obviamente pensados por militares que tienen una visión estática y no dinámica de la economía”. Muchos periodistas denuncian las restricciones que pesarían sobre la libertad de expresión si el Presidente decreta el estado de excepción. Al acusar la reforma de “favorecer la concentración de poderes y el autoritarismo”, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) ha endurecido de nuevo el tono en contra del régimen. En los diferentes estados del país, muchos temen el retroceso que la reforma impondría al proceso de descentralización. “Si la reforma pasa, el Presidente podrá crear sistemas federales de ciudades por encima de la actual organización territorial y nombrar sus autoridades —explica José Gil—. Aunque apoyen en su mayoría al gobierno, los alcaldes y los gobernadores tienen razones de temer por sus competencias y presupuestos”. Discretos por naturaleza y deber de reserva, los militares han aceptado sin mayores estados de ánimo su lema de “Patria, Socialismo o Muerte”. Sin embargo, el deseo del régimen de transformar las FF.AA. en “un cuerpo esencialmente patriótico, popular y anti–imperialista —dijo el analista Ricardo Sucre, al diario Le Monde— provocará una politización “que no debe gustarles”. Ministro de Defensa hasta julio pasado, co-fundador con Chávez del entonces clandestino Movimiento Bolivariano en el Ejército, el general Raúl Baduel insiste en que “las Fuerzas Armadas no son un árbitro político. Su misión es estar al servicio de la Nación y no de una ideología política”. Conocido por haber movilizado sus paracaidistas para obtener el regreso del presidente Chávez durante el golpe de abril del 2002, Baduel critica la propuesta que daría al Jefe de Estado el poder de nombrar y promover todos los oficiales de las Fuerzas Armadas, un derecho limitado hoy a los coroneles y generales. La reelección presidencial indefinida con un mandato que pasaría además de 6 a 7 años también es rechazada, según Datanalisis por 55% de la población. Si la reforma pasa, la Presidencia de la República sería el único cargo de elección popular sin límite. “Esta es la medida clave de la reforma —dice Gil Yépez—. Chávez siempre impide el surgimiento de líderes que podrían hacerle sombra y no solamente de la oposición”. Otras voces inconformes provienen de las filas del chavecismo. El Partido Comunista no se resigna a disolverse en el nuevo Partido Socialista Unificado de Venezuela. El partido Podemos, partidario del Socialismo Democrático, ya entró en disidencia. “Hemos votado 11 veces a favor de Chávez y de su programa —recuerda Ismael García, secretario general de Podemos—. Pero hoy se nos propone un modelo de Estado hegemónico, donde el control de toda la sociedad pasará bajo la dirección del jefe del Estado. Esto no es la democracia que hemos propuesto”. El Presidente habla de sí mismo como de un Soldado del Pueblo— nota Freddy Guevara, líder estudiantil de oposición de la Universidad Católica Andrés Bello— pero su concepción del socialismo es mucho más radical que la de muchos venezolanos”. Favorable a la revolución bolivariana, el padre francés Didier Hayraud reconoce que en Petaré “la población no tiene muy claro esto del Socialismo del Siglo 21. Muchos creen que el socialismo se limita a las Misiones (planes sociales del gobierno) pero no van más allá”. “Tenemos Hugo Chávez para rato, al menos 2013 —precisa el presidente de Datanalisis—. Si la población aprueba la reforma con los 20% de ventaja que saca normalmente el régimen, sólo Chávez podrá imponer su proyecto radical. Si vota No y se pronuncia por un proyecto socialista de tendencia light, tenemos líderes para asumir el reto de un Socialismo sin Chávez”. Eric Samson |








