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Chiriboga cerró su ciclo en la FEF PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 04 de diciembre de 2007

El dirigente se ancló en un cómodo pasado. Así subordina su gestión a afianzar feudos de poder. Tres voces abren el debate.

 

El fútbol ecuatoriano es resultadodependiente. Luis Chiriboga, presidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol, lo sabe hoy más que nunca. Pues de seguir la mala racha de la Tri —racha que incluso apagó la luz al ciclo del técnico Luis Fernando Suárez—, su administración de cerca de 10 años tendría los días contados.

Lo dicen un académico —Fernando Carrión—, un periodista —Pedro Santos— y un dirigente —Elías Wated—, con quienes Vanguardia analiza la modernización de la dirigencia futbolística en el país. De esa dirigencia que apuesta al pasado, despreocupada por los semilleros y con un manejo clientelar y patrimonialista que privilegia apuntalar estructuras de poder.

Las consecuencias: un fútbol que no logra desembarcar definitivamente en las ligas profesionales, que no entiende los esquemas empresariales con los cuales se maneja a un equipo contemporáneo. En suma —como dice Carrión—, un fútbol que todavía subordina las lógicas orgánicas de un ciclo a los avatares anímicos y políticos de una persona. En este caso: Luis Chiriboga.

La crisis, sin embargo, pudiera ser un punto de inflexión. En este contexto —dice Wated—, el Presidente de la Federación tiene que analizar si debe quedarse o no. En el escenario más optimista, quedarse para sembrar el deporte rey en todas las divisiones. "El interés sólo se ve en los jugadores del primer equipo. Y las divisiones inferiores no son profesionales".

Para Pedro Santos, este tiro penal no es únicamente contra Chiriboga. Esa pelota también va al arco de los clubes, que no han sido sistemáticos en la formación de semilleros y en la profesionalización de nuevas figuras.

Wated va más lejos. Clubes y Federación debieran empezar su camino en los campeonatos intercolegiales y universitarios, para diversificar la búsqueda de las postas para las selecciones.

La iniciativa, planteada por el nuevo Presidente de Emelec, rompería un patrón federalista en la exploración deportiva: buscar por gremios y no por organizaciones técnicas. Esta opción, no ofrece garantías para un proceso transparente, sin compromisos o viserazos de índole política.

Ese blindaje, asimismo, activa espirales de corrupción que, a pretexto de lo privado o lo autónomo, no promueven la rendición de cuentas.

Además, en un país con un derrotero metropolitano de clubes —Quito, Guayaquil, Cuenca...—, desarrollar el concepto, los procesos y los estilos de un fútbol nacional, en todo el rigor del enunciado, es únicamente un saludo a la bandera. Porque no hay integración de otras regiones y porque la FEF persiste en fórmulas exitosas, como confiar en que Esmeraldas o Imbabura sean canteras ad infinitum.

Entonces, ¿por qué algo tan evidente es bruma para las dirigencias? Carrión despeja la cancha. "En la gerencia de clubes hay tres modelos anacrónicos: el mesiánico, el clientelar y el institucional, todos funcionales a los intereses del Presidente de la FEF: tribalizar el fútbol ecuatoriano en el siglo XXI". Es la lógica romana de dividir para gobernar. Y sin explicar nada a nadie.

En la dirigencia mesiánica —dice el catedrático de la Flacso—, una persona o un grupo económico cree que puede hacer lo que quiera por el hecho de poner la plata. Este recurso, por ejemplo, dejó a Guayaquil fuera del reciente campeonato ecuatoriano. En el esquema clientelar, las atenciones y las acciones para un club se dan en razón de lealtades hacia el titular de la Federación. Un muñequeo que se evidencia más entre los combinados de la categoría B. Y en el institucional no se logra romper un cordón umbilical sectario: "la Católica ligada a la Universidad, el Espoli a la Policía o El Nacional a las Fuerzas Armadas son modelos que están en crisis".

Esas tesis son suceptibles de antología en la FEF. Y la entidad —dice Santos— debe respetar y hacer cumplir las disposiciones de la FIFA sobre la vida deportiva y organizacional de los clubes y también sobre la estructura de los campeonatos internos.

Este objetivo supone elevar la competitividad de las prácticas deportiva y dirigencial en el país. Chiriboga, en palabras de Fernando Carrión, no es un dirigente actualizado y su visión precaria contamina a los esquemas de gestión en el fútbol ecuatoriano.

Con un costo alto: si la Selección, a partir de los procesos que la llevaron a dos mundiales, aprendió a salir de una mentalidad localista, no puede renunciar a mirar globalmente el desarrollo del fútbol. Es decir: pensar en una escuela permanente de jugadores, en dinamizar la profesionalización de los entrenadores nacionales, en internacionalizar la formación de gerentes deportivos. Incluso apostar por una escuela de árbitros.

"El arbitraje ecuatoriano es el peor de América Latina —según el académico—. Y no me refiero sólo a hechos de corrupción o ineficiencia. Su práctica establece el estilo del fútbol ecuatoriano: que corta y no da continuidad, que es lento y violento".

Ese pensamiento global es, al final de cuentas, una consecuencia del mercado contemporáneo del fútbol, en el cual hay una libre movilidad de la fuerza de trabajo de los jugadores y sus pases ya no son patrimonio de clubes.

La vara es la capacidad de confrontarse con las ligas mundiales. En tal razón, un dirigente que no sintoniza con estos condicionantes vuelve parroquiano, en términos de competitividad, a cualquier equipo. Por esto, Santos plantea la alternancia en la dirigencia de la FEF como saludable, cuando Chiriboga cumpla su período. Pero en acto seguido se cuestiona: "¿quién lo podría reemplazar?".

Esa inquietud, más que un gesto de filiación al Presidente de la Federación, se traduce como una constatación de un vacío gerencial y de un esquema organizativo gastado en Ecuador.

Según Fernando Carrión, la Federación debiera convertirse en una asociación de clubes con nuevas dinámicas de organización de campeonatos. Y los clubes pudieran mutar en sociedades anónimas, para que no sean feudos o escaleras de dirigentes con aspiraciones políticas.

En consecuencia, la Asociación de Fútbol No Amateur debiera replantearse internamente. Porque está claro que la crisis dirigencial también mueve el tablero de las formas de representación deportiva. Y hay equipos, como Liga Deportiva Universitaria de Quito, que pulen modelos más eficaces, como una industria futbolística de nivel europeo.

El resultado: ser el equipo con el promedio de rendimiento más alto en la última década del campeonato ecuatoriano. Claro, antes de estas reingenierías locales, hay un reto en el área de candela. Por el alto nivel de concentración social, económica y cultural ligada a Quito y Guayaquil, la mayor actividad del fútbol ecuatoriano pudiera continuar anclada a escenarios polarizados.

Una salida interesante, como sostienen las tres voces entrevistadas por Vanguardia, vendría desde la apertura y la vigorización de los cotejos nacionales. "Pueden establecerse iniciativas como las que existen en España, específicamente la Copa del Rey —dice Carrión—, donde juegan conjuntos de primera división con los de segunda".

Entre tanto, a Luis Chiriboga se le abren las aguas en la Federación. En uno de esos cauces pudiera suscitar nuevas lógicas dirigenciales. El revés de la moneda: sucumbir ante una mala actuación de la Selección en el 2008 y ceder el turno a nuevos nombres.