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El secreto mejor guardado PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 04 de diciembre de 2007
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El secreto mejor guardado
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Los guerrilleros colombianos entran y salen del país desde los años ochenta. Los militares lo admiten. En la frontera norte hay verdad es a medias y escenarios que el país ignora.

 

En lo que va de este año, las Fuerzas Armadas han destruido unas 25 instalaciones de guerrilleros colombianos en territorio ecuatoriano. El general Fabián Narváez, jefe de la IV División Amazonas y principal responsable de las operaciones militares en la frontera norte, enumeró además a Vanguardia, lo que han encontrado. Bases de descanso y de entrenamiento.

Han capturado “a ilegales armados que están ya metidos de paisano en nuestro país, pero en lugares donde tienen centros de acopio, de precursores químicos, de pertrechos para apoyo militar, laboratorios de drogas, de explosivos, una gran variedad de instalaciones que han sido destruidas”.

Un cruce de disparos, como el que se produjo hace dos semanas en Yanamaru, entre guerrilleros y militares ecuatorianos parecía, en ese marco, bastante verosímil. No es así. Los militares saben que los ilegales —como los llaman— tienen un gran sistema de alerta temprana que les permite abandonar el territorio cuando se acerca una unidad militar. De hecho, el ex ministro de Defensa Nelson Herrera admite que en las operaciones se encuentran campos despoblados o campamentos presumiblemente abandonados semanas antes de que lleguen los soldados. Hay involucramiento de ecuatorianos.

Esta vez, los militares les sorprendieron y los guerrilleros no tuvieron tiempo de desmantelar una base “considerablemente grande”, dice el general Narváez. “Pienso que allí estaban unas 80 personas. Por el afán de recuperar todo su pertrecho, sus alimentos y otras cosas que hemos encontrado, ellos se mantuvieron en el área. Por eso, nuestras tropas se encontraron con grupos pequeños e intercambiaron fuego”.

El factor sorpresa puso, al parecer en evidencia, una situación que no es nada nueva, puertas adentro, en los cuarteles. Un hecho que la opinión conoce poco y que ha sido constantemente soslayado y hasta negado en el campo político: la utilización del territorio nacional por parte de los insurgentes colombianos.

Un ejemplo: Solón Espinosa, ministro de Defensa en el gobierno de Alfredo Palacio, negó en el 2005 que irregulares cruzaran a territorio nacional.

El general Luis Aguas, ex comandante General del Ejército, recuerda que entre 1986 y 1987, el Ejército ecuatoriano ya fue blanco del ataque de fuerzas armadas ilegales de Colombia. “Esas fuerzas prácticamente se pasaban a territorio ecuatoriano, atacaban a los destacamentos militares, se tomaban las instalaciones, mataban a la gente, se llevaban todo lo que es parte bélica, comunicaciones y logística”.

Los destacamentos más afectados estaban a orillas del río Putumayo, en el sector de Güepí y en Cuembí, Santa Rosa, La Bermeja y El Conejo, a orillas del río San Miguel. Entonces, fueron reubicados porque se encontraban en zonas donde era difícil que los militares intervinieran rápidamente. El Ejército cambió de táctica y en vez de puestos fijos decidió intensificar los patrullajes desde Montepa hasta Teniente Rodríguez donde termina el territorio.

Desde entonces, los militares saben que los guerrilleros instalaron campamentos a lo largo del cordón fronterizo.

En la misma línea, Patricio Acosta, ex secretario de la Administración de Lucio Gutiérrez cuenta que “un ataque al Ejército ecuatoriano en Cuembí, en 1991, nos llevó a estudiar el conflicto y lo porosa que es una frontera de cerca de 700 kilómetros”. Los militares también saben, como lo relata el general Marcelo Delgado, ex ministro de Defensa en el gobierno de Alfredo Palacio, que cuando sienten la presión de las fuerzas militares lo que hacen es sacarse el uniforme, esconderlo así como sus armas, ponerse de civil y transitar libremente a lo largo de la frontera. “Esto se da con frecuencia.

Hay ciudadanos colombianos que poseen documentos de identificación ecuatorianos y esto es un caso que no sólo se da en nuestra frontera”.

Los nexos con la guerrilla son tan frecuentes como inextricables. Hay familiares de lado y lado. Parte del comercio tiene que ver con actividades abiertamente ilegales. El ex ministro Delgado cree que pudiera darse el caso de que ecuatorianos sean informantes de la guerrilla y trabajen en sembríos ilegales. “El día de las elecciones tuvimos dos muertos. Según las FF.AA. de Colombia, ellos eran parte de la guerrilla colombiana que venían simplemente a Ecuador por algunos días. Pero esto nunca se llegó a determinar”.

El general Narváez también registra especificidades que se suman al grado de complejidad típico de la frontera. “Hay zonas como El Palmar y Puerto Nuevo donde el 99 por ciento de la población es colombiano. Es gente humilde que trabaja duramente. Pero se presume que algunos de esos pobladores tienen vínculos con la actividad ilegal”.

El país descubre tarde lo que ocurre en su frontera norte. Hasta el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, publicado el 24 de octubre del 2006, pasó relativamente inadvertido. En él se daba cuenta de 715 muertes violentas entre el 2000 y el 2004 en Sucumbíos. En un alcance hecho, se eliminó casos repetidos y las muertes llegaron a 477; de los cuales se identificó a 230 personas. El estudio precisa que fueron encontrados en Lago Agrio, Shushufindi, General Farfán, Tarapoa, Vía a Quito, Coca, Río Aguarico, Esmeraldas, Jambelí, San Vicente y Cuyabeno.