REVISTA VANGUARDIA
Correa frente a su invento
| Correa frente a su invento |
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| Revista Vanguardia | |||||
| martes, 18 de diciembre de 2007 | |||||
Página 2 de 3 El propio Fernando Bustamante reconoce que el capital político es para gastarlo. Y el Presidente sabe, lo dicen sus amigos, que en la Asamblea, en el momento de destapar todas las cartas, habrá sorpresas para grupos que, en la escalada del chantaje, han medrado del autores y pruebas contundentes. Va sobre todo contra Sociedad Patriótica que el Gobierno acusa de jugar a la desestabilización. La guerra está casada en uno de sus mayores fortines. Y desde ahora Bustamante y Roldán anuncian que el país tendrá sorpresas. Manuela Gallegos también se pregunta, con una dosis de sospecha inocultable, de dónde saca tanto dinero el coronel Gutiérrez. Barrera señala a Sociedad Patriótica por otro aspecto: “su estrategia es construir un camino de enfrentamiento entre el Presidente y la Asamblea”. Dayuma también es, entonces, la demostración palpable de que el régimen, confrontado a la realidad, carece de experiencia en temas de orden público. El costo político parece mayor que el beneficio obtenido. Esto no lo reconoce ninguno de los entrevistados oficiales pues, en general, insisten en que lo esencial es haber recuperado el principio de autoridad del Estado. De hecho, en esa premisa se basa la bronca sobre las fundaciones con Jaime Nebot. El régimen quiere —dice Augusto Barrera— desmontar la idea de que esto es una federación de ciudades. Correa y sus aliados no creen en el Estado desertor. Para ellos —según explica Barrera— gran parte de la legitimidad de los gobiernos locales se basa en la ilegitimidad y la incompetencia del Gobierno nacional. Por eso, piensan reconstruir un Estado que no admita ninguna forma de lo que ellos llaman “institucionalidad paralela”, “by pass al control político” o “municipios convertidos en estaciones intermedias para la privatización”. En ese marco inscriben las fundaciones a las cuales endosan una discrecionalidad que desinstitucionaliza los poderes locales. En claro, la pelea con Nebot se mantendrá. Porque, visto desde el régimen, la paranoia por la cual ha pasado estos días no revela cambio de rumbo ni concentración de poder. Solamente inexistencia de mecanismos de mediación y de comunicación entre ellos. A nadie sorprende que Rafael Correa sea Presidente, líder de Alianza País, principal del buró político y que, prevalido de su rol y de su popularidad, fije condiciones a la Asamblea Constituyente de plenos poderes. A nadie sorprende tampoco que los mismos actores estén en la Asamblea y luego se encuentren en el buró político. Están viviendo esa realidad —dice Manuela Gallegos— sin haberla buscado. En un año les ha tocado, gracias a la voluntad de los electores, gobernar desde el Ejecutivo, hacer una Asamblea y prepararse para ejercer otras funciones locales. No tenían los instrumentos para todo aquello. Por eso no les asombra que haya un tronco central (el buró político) al cual Estado. El mensaje de Dayuma no va solamente contra los grupos mafiosos que este Gobierno señala sin mostrar llega y del cual parten muchas políticas; excepto las del Presidente a quien reconocen autonomía de funciones. No hay, sin embargo, preocupación mayor por una situación que convierte al Presidente en el principio y el fin de todas las cosas. Ningún líder de Acuerdo País lo dirá de esa manera. Hay una camaradería que tiende a convertir lo que debiera ser institucional en un asunto personal. Por Correa todos meten las manos al fuego. Le reconocen un liderazgo sin igual. Manuela Gallegos confiesa incluso que ella, que nunca ha tenido líderes, le otorga cualidades excepcionales. Y, al parecer, hasta el propio Gustavo Larrea ha aceptado sin mayor resquemor la decisión que su compañero tomó como Jefe de Estado, pues sigue yendo al buró político de los martes y se ha reunido con él, por lo menos cinco veces, dice el viceministro Roldán. Es más, el estilo personal del Presidente es visto como un agregado político. Le permiten tratar con evidente ventaja las diferencias con sus adversarios, aunque haya algunos que, en privado, se quejen de que procesa menos bien los matices con sus cercanos. |
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