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Correa frente a su invento PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 18 de diciembre de 2007
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Correa frente a su invento
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Pero de su irascibilidad creciente, debido a un evidente agotamiento por exceso de trabajo, nadie responde.

Acuerdo País gobierna y actúa en la Asamblea sin que algunas preguntas les inquieten. Por ejemplo que barajen solamente entre ellos todas las cartas de la vida pública. Que sean ellos mismos quienes supuestamente fiscalicen a su régimen. Que, por más democracia que digan tener en su seno, Correa es la última palabra en el Ejecutivo y, como van las cosas, también en Montecristi.

No les preocupa que, diciéndose partidarios de nuevas formas democráticas, estén forjando, en la realidad, a un Mandatario con muchos visos de caudillo.

La ministra Gallegos se insurge contra esa afirmación. Incluso recuerda que cuando conoció a Correa, en el 2005, le previno que ella y los caudillos eran como el agua y el aceite.

Lo que sí reconocen es que la situación actual los pilló sin las estructuras necesarias y sin los mecanismos de mediación para solucionar conflictos. No tienen, y Manuela Gallegos se lamenta, el partido que les permitiría encarar de mejor manera la coyuntura.

“Esto de hecho nos debilita”, dice ella. Augusto Barrera está en la misma línea. Ya saben, según él, lo que no serán. Un PRI, al estilo mexicano, por ejemplo. “Nuestro proyecto no se hace a punta de Estado o de gobierno”. Pero por ahora sólo tienen una subcomisión del buró encargada de viabilizar esa formación política, cuyo perfil aún no decantan.

No hay fecha para lanzar ese partido y Manuela Gallegos sólo admite que van a acelerar la formación de nuevos líderes.

Pero en Acuerdo País hay demasiado trabajo y caras que delatan evidente falta de sueño… Los abuelos decían que no hay mal que por bien no venga. En el régimen también dicen que las broncas internas les han hecho entender que no pueden conducirse en forma irresponsable. Y ha habido broncas a granel: Alberto Acosta y Trajano Andrade, Dayuma, la conformación de las mesas de la Constituyente, la relación entre los fundadores y los recién llegados a Acuerdo País, los abiertamente correístas y los que se deben a otros movimientos, los que quieren la revolución y los que quieren el cambio… Las diferencias y hasta las divergencias son reivindicadas como un patrimonio y la prueba de que no son unos levantamanos. Es más, en Montecristi fue notorio que había sectores opuestos.

Galo Borja, Rolando Panchana, Trajano Andrade, Fernando Cordero y Betty Amores eran favorables a que el tema Dayuma no fuera tratado en la Asamblea. Alberto Acosta, Virgilio Hernández o Rosana Alvarado estaban de acuerdo con un pronunciamiento.

La amenaza de Correa de renunciar si no lo dejaban gobernar causó un efecto mitigado. Como si nadie lo considerara en serio. Para Betty Amores, asambleísta y subdirectora de País, esa amenaza “lo único que demostró es que era indispensable tener un canal permanente de comunicación fiable y confiable”.

Ricardo Patiño suplió, a su gusto, ese vacío porque “Gustavo Larrea nunca estuvo en ninguna reunión. Creo que nunca tuvo claro lo que debía hacer”.