REVISTA VANGUARDIA
La gula de poder está minando al régimen...
| La gula de poder está minando al régimen... |
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| José Hernández | |
| martes, 01 de enero de 2008 | |
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Los sondeos reflejan un desencanto: los ciudadanos empiezan a mostrar que decir sí al cambio no implica dejar hacer cualquier cosa... La luna de miel dura siempre poco. Lo acaba de comprobar Rafael Correa quien ve fundirse, en pocos días —fundirse literalmente— parte de su popularidad. Lo dicen los sondeos, incluso hechos por personas en las cuales él confía, tras algunos hechos de gobierno que lo han puesto frente a la realidad: la bronca con Guayaquil, Dayuma, su relación con la Asamblea, la reacción frente al desencanto provocado por la Reforma Tributaria… Todo ello habla de un Presidente y de un gobierno inhábiles para manejar situaciones adversas. Y como un tren puede ocultar a otro, estas últimas semanas han mostrado a un régimen que empieza a tocar límites que no creyó hallar en su camino. En una palabra, la opinión empieza a señalar al Presidente la amplitud de la cancha en la cual desea jugar el partido que pactó con él en las urnas. Correa está convencido de que esa cancha es ilimitada. Pues no: la gente está diciendo que el cheque firmado no estaba en blanco. La equivocación presidencial tiene algunos capítulos. Pero hay uno, el de Guayaquil, que es especialmente revelador. ¿Por qué convirtió el Presidente a Jaime Nebot en un interlocutor nacional? El Alcalde de Guayaquil, en una actitud tan errónea como inexplicable hasta para sus amigos, se había refugiado en su ciudad. Había declarado que la política nacional ni le inspiraba ni lo movilizaba. Había hecho de la autonomía una bandera sin importarle la forma cómo quedaría el país que estaba diseñando. Por decisión propia había decidido ser un líder local. Correa no sólo se equivocó al acosarlo de la forma que lo hizo. Creyó que la desidia de las élites guayaquileñas —que tanto dice detestar— se veía en El Malecón, en el Terminal Terrestre, en el nuevo aeropuerto… No se percató de que esas obras son justamente lo contrario: el resultado del compromiso que algunas de esas élites tienen hoy con su tierra. Élites exitosas, en muchos casos, que han devuelto autoestima a la ciudad donde él nació. Si hay desidia —y la hay— está reflejada en los guasmos, en los sectores marginales que —pura casualidad sin duda— el Presidente casi nunca asocia, en la forma que fuese, con los que llama pelucones. Correa ataca resultados positivos y no vacíos. Resultados que su Administración no puede mostrar por más que el bono y otros subsidios le ayuden a acarrear gente a las manifestaciones que organizan los suyos. Si el Presidente quería que Guayaquil se distanciara de esa forma de poder feudal —reflejada en un patriciado inamovible— tomó el peor atajo. Y le hizo el mejor favor posible a un líder, semi jubilado para el país, que hoy vuelve a ser, en el imaginario social, su principal contradictor. El Presidente no cometió un error de cálculo. Lo que pasó en Guayas, se repitió en Dayuma, en la Asamblea, con la Reforma Tributaria. Los abuelos dirán que es producto de la gula. Del ejercicio del poder que se ve a sí mismo sin límites y que no concibe frenos ni acepta contrapesos. Dayuma quedará en los anales del correísmo como el error de una arrogancia desmedida. Allí se usó la fuerza pública sin información y sin tino. Y ahora resulta que no hay pruebas donde el poder las dio por evidentes. Y que hay instituciones que, por miedo al poder absurdo de la Asamblea, dan por hechos lo que apenas son sospechas. ¿Quería eso este régimen compuesto en su mayoría por personas que, hasta hace pocos meses, clamaban por el debido proceso y el Estado de Derecho? Es gula de poder, es arrogancia, igualmente, lo que inspiró una ley tributaria que, en algunos capítulos, parece redactada por amantes de Ionesco y Arrabal. El absurdo no sólo está allí. Está en la actitud de un régimen que quiere medirse en las calles con los que protestan pacíficamente por lo que consideran un abuso. ¿Acaso no ese un derecho de aquellos que no tienen otra opción ante un poder sordo y todopoderoso? Que el país quiere cambios es una evidencia. Pero al parecer los sondeos están reflejando un desencanto. El de la gula (de poder) que alguna vez entre los creyentes —y en este gobierno hay muchos— figuraba entre los pecados capitales. |









