REVISTA VANGUARDIA
La economía no levanta cabeza
| La economía no levanta cabeza |
|
|
|
| Revista Vanguardia | |
| martes, 01 de enero de 2008 | |
|
El Régimen proyecta un crecimiento del 4,2%. la CEPAL dice que sólo será del 3%. además, el motor de la economía son el petróleo y la inversión pública. Vanguardia plantea el debate. La economía es un asunto demasiado serio para ser dejado en manos de los economistas: esto pudiera colegirse tras el desempeño de la ecuatoriana en el 2007 que la sitúa en el puesto 32, entre las 34 que conforman América Latina y El Caribe. Un pésimo resultado para un economista que ahora es Presidente. Peor aún cuando se piensa que hay un vecino que firmó un TLC con Estados Unidos y otro que está próximo a imitarlo, y ambos crecen a tasas del 7 y 8 por ciento. La Cepal, que acertó en su estimación de crecimiento para el año pasado (2,7%), no ve que el horizonte mejore este año: Ecuador figura en el último puesto de sus previsiones con sólo 3%; lejos incluso de Bolivia, país que según ella subirá su producción en 4%. Fausto Ortiz, ministro de Economía y Finanzas, es más optimista. El país —dice él— tiene este año condiciones para crecer por encima del 4,25% que anunció el Banco Central el 22 de diciembre. Condiciones que encuentran preparado al Gobierno y que, según él, revertirán la tendencia. La primera, la más decisiva para la administración, es la producción petrolera. En el 2006, dice Ortiz, se cayó de 190 000 barriles a 160 000 y el bloque 15 pasó de 100 000 barriles a 80 000. En el 2007, esas cifras llegaron a 180 000 y 100 000 barriles respectivamente. Y la decisión es incrementar la producción. Un punto menor, dice el Ministro, pero importante, es que para este año Finanzas pudo armar el presupuesto. El monto para la deuda en el 2007 era de tres mil millones de dólares. “En el 2008 pagaremos mil millones de capital y 900 de intereses. Es decir 1 100 millones menos de deuda que se destinarán para los sectores social y productivo”. El presupuesto aparece, por otra parte, con un déficit totalmente mane-jable. Los fondos petroleros y la reforma tributaria, por cuestionada que esté, alivian las cifras fiscales. “Hace rato — dice el Ministro— que la deuda externa dejó de ser un problema”. Además, en sus dependencias se trabaja para cambiar el perfil de la deuda. “La idea es cancelar deuda cara. Hemos pagado, hace dos semanas, 250 millones a la CAF. Lo estamos haciendo con recursos más baratos y de mejor plazo. Este año pagaremos 166 millones al FLAR y 160 millones al Banco Mundial”. Los fondos petroleros son otro elemento clave. “Cuando dijimos que esos recursos servirían para desarrollar proyectos hidroeléctricos o petroleros, nos encontramos en el 2007 con la sorpresa de que en el país no había proyectos”. En el 2008 se desembolsarán recursos para el Coca-Codo Sinclair, la refinería de Esmeraldas, tuberías de Petroecuador, los proyectos hidroeléctricos de Sopladora, Toachi Pilatón… ¿Qué índices reflejarán para el Gobierno el mejoramiento de la economía? Fausto Ortiz no los tiene. Tampoco Pedro Páez, el ministro Coordinador de la Política Económica. Los dos esperaban que el Banco Central hicieran sus previsiones (algunas de las cuales apenas aparecieron en su página web el 22 de diciembre). Entretanto, y al margen de aquello, se mantienen fieles al credo oficial. Para Páez “el objetivo fundamental de este gobierno no es el crecimiento por el crecimiento, sino el desarrollo humano”. “En este Gobierno —dice Ortiz— nos toca pensar en los índices sociales”. ¿En cuáles? “Mejorar el nivel del empleo, bajar el desempleo, mejorar las inequidades, que la canasta básica no se dispare, que la gente tenga acceso al financiamiento…”. Todo funciona como si no preocupara al régimen estar en el último puesto de las previsiones de crecimiento de la Cepal para este año. O, en el mejor de los casos —siguiendo las expectativas del ministro Ortiz— al mismo nivel que Bolivia. La economía es hoy, más que nunca, economía política. Por eso Pedro Páez, antes que concretar medidas, prefiere hacer un discurso sobre la nueva arquitectura financiera que está a cargo de su ministerio. “La metáfora hace referencia —dijo a Vanguardia— a la necesidad de abrir nuevos espacios, de construir nuevos cimientos, nuevos fundamentos para el funcionamiento de los mercados financieros, crear avenidas que permitan la recirculación, el reciclamiento de los recursos hacia la inversión productiva”. En enfoque no es meramente financiero. Es holístico. Mira en todas las direcciones y no descuida ninguno de los sectores. Se trata de encadenar la actividad económica, la estrategia comercial interna y externa, las leyes y los incentivos para crear un modelo de desarrollo que apueste al largo plazo, genere estabilidad, cambie la cultura económica y relance la producción. Una fórmula que, en principio, convendría a todo el mundo. Pero cuyos ingredientes pueden tener un alto costo político, si se juzga por las reacciones ante la Reforma Tributaria que analiza la Asamblea Constituyente. Por eso el modelo que proponen Rafael Correa y su gobierno no puede ser examinado solamente a la luz de las previsiones que hacían otros gobiernos. Hay componentes de ruptura cuyos costos, plazos y posibles resultados necesitan análisis aparte. Pero, paralelamente, los ministros encargados del área económica tienen dificultades para vender un programa que debe cubrir las enormes expectativas, creadas por el régimen en todas las direcciones. La mediatización política de la economía, hecha por el Presidente, pone en vereda algunas de las intenciones del propio régimen. Pedro Páez insiste, por ejemplo, en que es necesario revertir “toda la incertidumbre que se ha generado en estas décadas”. ¿Para qué? Para invertir, traer los capitales de afuera y apostar a la producción. ¿Qué hace el gobierno para materializar esos deseos? Páez habla de medidas que están diseñando “y que incluyen aspectos legales y normativos, pero también de la cultura económica y del comportamiento de los agentes que permitan reducir el nivel de incertidumbre en la economía”. No es específico y tampoco lo es cuando habla de incentivos tributarios, incentivos no fiscales, incentivos por el lado del financiamiento o el apoyo de infraestructura. “El Gobierno está empeñado en reducir los costos estructurales, los costos macroeconómicos para la producción y de esa manera apoyar, de manera efectiva, a la competitividad”. Si se le cree, el Gobierno quiere emprender “un proceso de racionalización de los precios, de las condiciones básicas de producción, de los precios de los subsidios —energéticos, por ejemplo—, generar una política de precios clave en la economía que oriente un relanzamiento productivo que sea sustentable y que garantice un nuevo esquema en el cual el valor agregado sea la constante”. ¿Cómo se compadece esta filosofía con la política que ha manejado el Presidente frente al empresariado? ¿Cómo articular procesos de certeza cuando el Presidente se mantiene en abierta campaña electoral? Los nexos, que deben ser políticos, entre lo uno y lo otro no aparecen en el discurso de Pedro Páez. No dice cuáles son esos paquetes de medidas y leyes que permitirán —dice él— que el sector privado aproveche de mejor manera la coyuntura. Salvo dos que tomará el régimen en estos primeros días de enero: la baja de tasas de interés y la repatriación de capitales locales que se encuentran en el exterior. En el primer caso, el Presidente se anotará un triunfo político que implica, para la banca, bajar sus utilidades. En el segundo, el régimen no ha dicho cómo obligará a los banqueros a traer un dinero que es de sus depositantes. Y María de Lourdes Andrade, vocal de la Junta Bancaria, reconoció a Vanguardia que “los banqueros ya no tendrán justificación para dejar sus recursos afuera, pero no se les puede obligar a hacerlo (repatriar esos fondos)”. El Gobierno, si se entiende bien lo que dicen sus voceros que dialogaron con los banqueros, no quiere un divorcio con ellos, según la expresión de la señora Andrade. “Estamos diciendo —agrega el ministro Páez— que el negocio fundamental de la banca es la intermediación financiera y si no tienen un sector productivo dinámico y vigoroso, las condiciones reales de rentabilidad sostenible de largo plazo de la banca están siendo amenazadas”. Lo único concreto —dice Páez— es que se trabajará en un cambio institucional que permita reciclar internamente los recursos del sector público que están en el exterior y que, según sus cálculos, superan los 4 000 millones. Es sobre lo único que tienen pleno control Fausto Ortiz, un ministro que contrariamente a Ricardo Patiño habla poco de política, luce concreto cuando define lo que hará el gobierno por el sector privado en el 2008. “Quisiéremos que las condiciones que está consiguiendo el país en financiamiento, las pueda conseguir el sector privado. La CAF nos ha dado 1 116 millones a 18 años al seis por ciento”. Para esto, su ministerio no demandará, como Estado, los recursos de la Seguridad Social. Esos recursos —el IESS tiene más de 800 millones en el Banco Central que forman parte de la reserva— podrán así ser utilizados en el mercado de valores para comprar bonos a las empresas y financiarlas a tasas menores al ocho por ciento. El Ministro evoca otro hecho, a sus ojos, favorable al sector privado: su viaje a Washington para mostrar las cifras de la economía. Esto sirvió para traer una calificadora de riesgo (Standard and Poor's) y pasar, de esa manera en el último semestre del 2007, de una calificación CCC a B-. “Es un gran cambio”, dice Ortiz. Y anuncia, de paso, que ahora, en enero, vendrá Moody's a hacer una nueva calificación. Esto ayuda a atraer inversión extranjera que, según Fausto Ortiz, fue superior a la del 2006. “Lamentablemente la inversión extranjera es fundamentalmente petrolera”. Ahora el régimen dice tener proyectos que pudieran atraer capital: Gas del Golfo, petróleo, hidroeléctricas, nuevos puertos... y quizá —dice Ortiz— el nuevo aeropuerto de Manta. ¿No hay una pésima señal al poner un impuesto a la salida de capitales? “No se está gravando —responde— la repatriación de utilidades”. En definitiva, Fausto Ortiz ve un año “cargado de inversiones, de infraestructura, de proyectos hidroeléctricos y petroleros. Esos sectores mostrarán un crecimiento exponencial”. Un año en el cual en el discurso oficial y en los escasos índices que se manejan no aparece el papel del sector privado en el crecimiento de la economía. El motor es, para el Gobierno, la inversión pública. “No hay refinerías, no hay hidroeléctricas, la producción petrolera está en caída, no hay inversiones. Esa lógica —dice Fausto Ortiz— ya no existe. La relación deuda/PIB es menos del 25% y el sector petrolero requiere inversiones. Haber metido al presupuesto los fondos petroleros que nunca debieron salir de él, nos permitirá avanzar en proyectos de infraestructura”. Y el Ministro de Economía y Finanzas no duda un instante cuando se le pregunta cuál será el sector privilegiado del presupuesto: la construcción, sobre todo la infraestructura vial. El Estado se ocupará, entonces, de darle oxígeno a este segmento, que demanda mucha mano de obra, y que en el 2007 no creció ni un tercio de lo esperado (apenas un 4%). Ortiz reconoce que no es el tipo de empleo que desearía el Gobierno, sin embargo “al final del día la gente necesita llevar el pan a la casa”. ¿Este crecimiento del gasto público puede presionar a mayor inflación en el 2008? El Ministro lo descarta. “Hemos crecido en gasto público pero en gasto de capital. El corriente no crece más del 15%. Así que el comportamiento del gasto no ha tenido un crecimiento más allá de lo que la economía puede soportar”. Por eso, ubica la inflación del 2008 por debajo del 3,5%. “Es una cifra buena para un país dolarizado”. Lo que no es bueno para la dolarización es mantener una balanza comercial no petrolera tan deficitaria, que hoy suma 3 969 millones de dólares. Ecuador tiene desventajas crecientes, en este campo, con América Latina. Lo reconoce el Ministro de Economía y asegura que se trabaja, básicamente con Brasil, para estrechar esa brecha. Punto. Fausto Ortiz no hace precisiones. El régimen tampoco tiene un plan B, de manejo inmediato, en caso que Estados Unidos no renueve la Atpdea. “Si eso ocurre —dice el Ministro de Economía— hay que buscar un costo fiscal para compensarlo”. Quizá en este punto es donde se observa más crudamente el desfase que tiene el régimen con una política comercial pragmática para el país. Según el ministro Pedro Páez, Ecuador será más proactivo para buscar mercados en el exterior y también en el interior. En ese plano, dice que en el primer semestre de este año se concretará la apertura de embajadas en la cuenca del Pacífico. En su diagnóstico, las exportaciones no petroleras son mucho más importantes y más dinámicas con Europa que lo que han sido con Estados Unidos. Sin embargo, su anuncio de que es necesario rediseñar la perspectiva comercial del país es sólo eso: un anuncio. Es verdad que el Ministro tiene en cuenta las últimas visitas presidenciales a China, Indonesia y algunos países árabes. Pero tampoco ellas representan, en sí mismas, alternativa alguna, en el corto plazo, al mercado de Estados Unidos que ha sido el socio comercial por excelencia en los últimos años. Así, lo que el régimen espera de la economía en el 2008 depende, casi exclusivamente, de la reactivación de la actividad petrolera y de la obra pública. De la incertidumbre global se encarga el Presidente en campaña. |








