REVISTA VANGUARDIA
Viejas amistades resucitan por Irán
| Viejas amistades resucitan por Irán |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 15 de enero de 2008 | |
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Bush media por la paz en Gaza. Pero su gira busca unir a los árabes contra Ahmadineyad. George W. Bush, liberado de toda presión electoral, hace por primera vez una definición abierta y clara sobre la receta de la paz en el Oriente Medio. El Presidente estadounidense ha sido muy directo en su primera visita oficial, en siete años de gobierno a tierras israelí y palestina. La región soporta, precisamente desde hace siete años, el recrudecimiento de la guerra por territorio. Un conflicto que arrastra miles de refugiados, bombazos, heridos y muertos. Y Bush predice que antes de finalizar su período, en enero del 2009, habrá paz. Buenas intenciones, resultados dudosos. Los medios de comunicación judíos y palestinos, ambivalentes y recelosos, respectivamente, no han dejado de preguntarse cuál es la verdadera agenda de Bush en Jerusalén y Ramalá, con titulares como “¿Por qué viene?”, “¿Es necesaria esta visita?” o “Aquí no habrá milagro alguno”. Quizá sea muy tarde para Bush. A diferencia de su antecesor, Bill Clinton, el actual mandatario no sólo que escogió no involucrarse en la búsqueda de una solución, sino que criticó lo que hizo Clinton. Por eso, su visita y planteamientos resultan contradictorios, porque su visión siempre fue la de no imponer una solución. Hasta ahora. En Ramalá, frente a Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, dijo lo que ellos querían escuchar. Para él, Israel debe poner fin, a la ocupación que comenzó en 1967. Este es el punto de partida para las negociaciones. Aunque reconoció que Palestina debe entender la realidad actual. Lo que implica un estado judío con fronteras reconocidas internacionalmente y sobre todo seguras. En la denominada Guerra de los Seis Días, Israel capturó Cisjordania, Gaza, los altos del Golán sirios, la zona oriental de Jerusalén y el Sinaí, una península que posteriormente devolvió a Egipto. En efecto, sostiene el diario español ABC, en su editorial del viernes pasado, al expresar que en el proceso de paz Israel debe poner fin a los cuarenta años de ocupación en los territorios palestinos, Bush está buscando recuperar la confianza de los países árabes moderados. Pero al mismo tiempo, pone a Ehud Ólmert, ministro israelí, en una situación en la cual corre el riesgo de perder los frágiles apoyos políticos en que se sostiene. Bush sorprende. El Mandatario sugirió compensaciones para los refugiados palestinos que suman 4,4 millones, según la ONU, y que reclaman volver a sus hogares que ellos, sus padres o abuelos dejaron durante la guerra de 1948. Esta es una idea que si bien había rondado en ambientes diplomáticos, el gobierno de EE.UU. no había suscrito. El secretario nacional de Seguridad de Estados Unidos, Stephen Hadley, matiza el planteamiento de Bush. Lo dicho no significa que se le exija a Israel que retorne en su integridad todos esos territorios, donde viven actualmente 230 000 colonos israelíes. “Las fronteras del nuevo estado tendrán que ser negociadas por ambas partes”. Para el analista de la agencia de noticias EFE, Elías Zaldívar, israelitas y palestinos quedarán de nuevo atrapados entre las buenas intenciones y la cruda realidad en que viven. En el 2003, Bush ya planteó la vieja idea de dos estados. La realidad golpea con el estruendo de los cohetes israelitas sobre poblaciones palestinas, alegando problemas de inseguridad para sus colonos. Aun durante la visita de Bush, las protestas en su contra no cesaron. Mientras él en Ramalá hablaba de la hoja de ruta, en Gaza, un grupo de palestinos quemaba un muñeco con su imagen y otro con la de Ólmert, además de banderas de EE.UU. e Israel. Los buenos oficios que ofrece Bush son insípidos en este proceso de paz que arrancó nuevamente en noviembre pasado, con la reunión que él mismo gestionó en Annápolis. Desde entonces han transcurrido seis semanas y tanto Ólmert como Abbas han avanzado poco o nada en el cumplimiento del compromiso con la comunidad internacional de hacer todos los esfuerzos posibles para negociar un acuerdo antes de fin de año. Por eso la situación en la realidad es poco promisoria. Israel, aliado tradicional de EE.UU. en la región, ya no se preocupa tanto por los cohetes caseros de los palestinos, sino por los misiles nucleares que quiere procurarse la República Islámica de Irán, con los cuales su presidente, Mahmud Ahmadineyad, ha prometido borrarlo del mapa. Para contener a Teherán y proteger a Israel, Estados Unidos necesita, en efecto, recobrar la confianza de sus socios árabes moderados, como Egipto o Arabia Saudí. En vez de reducir su tamaño, el círculo vicioso de Oriente Medio se ensancha con nuevos actores y se complica con ingredientes inéditos. Samuel Hadas, analista del diario La Vanguardia, de Barcelona, lo plantea así: Por un lado Gaza, feudo de Hamas, una organización fundamentalista islámica que rechaza cualquier negociación con Israel y que está apoyada por el eje de la desestabilización regional. Y por otro lado, Teherán y Damasco los epicentros de una grave espiral de violencia. Tarde o temprano, si no termina la lluvia de cohetes que arrecia sobre las poblaciones israelitas fronterizas, la presión de la opinión pública obligará al gobierno israelí a lanzar una operación de gran envergadura sobre Gaza, con consecuencias imprevisibles para el proceso de paz. Se puede decir que en el nombre de la anhelada paz se han escrito más de veinte hojas de rutas. Todas fracasaron. La de Bush, quizá la más lógica y justa, requiere de perseverancia, diplomacia y habilidad entre las partes en conflicto. Este es, en todo caso, el gran reto de Bush antes de finalizar su mandato. |








