REVISTA VANGUARDIA
El bumerán de la armada
| El bumerán de la armada |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 15 de enero de 2008 | |
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El gobierno aupó una crisis que debilita esa rama militar. Es el costo del uso político. ¿El presidente Correa pagó el derecho de piso con las Fuerzas Armadas? ¿O se jugó por Jhonny Estupiñán, quien se jugó, en uniforme y políticamente, por él? En todo caso, la crisis que explotó el 26 de diciembre, cuando ese marino fue relevado del Comando de Operaciones Navales, hubiera podido no ser una bola de nieve. El Presidente, por acción u omisión, o por las dos, la empujó hasta convertir el incidente en asunto de Estado. En cinco días, a partir del lunes 7 cuando se pidió juzgar la supuesta insubordinación de Estupiñán, el lío confrontó a los mandos superiores entre sí y llegó a suscitar una insubordinación en el Fuerte Huancavilca. El régimen de la revolución ciudadana nunca midió los tiempos militares ni entendió que el problema entre Homero Arellano, comandante general de la Marina, y Luis Yépez, vicealmirante, con Jhonny Estupiñán, no podía saldarse como una disputa personal. Las acusaciones y la insubordinación no podían sustraerse a códigos militares de curso establecido. ¿Por qué el Presidente desconoció la posición del Consejo Supremo de las FF. AA. que indicaba que Estupiñán, ascendido por decreto ejecutivo a Vicealmirante, no contaba con los méritos suficientes? A pesar de todo, el Ejecutivo acertó al indicar que aceptaría la disponibilidad de los tres oficiales. Con ello se cerraba la crisis. Pero la profundizó al volver sobre su decisión y, pretextando una supuesta armonía entre los tres protagonistas del incidente, decidió ratificarlos en el mando. El mal estaba hecho en el segundo nivel donde los contraalmirantes, perplejos ante el desarrollo de los acontecimientos, daban por sentado que sus superiores habían perdido la autoridad. De hecho, en ellos —Livio Espinosa, Alan Molestina, Milton Lalama, Pablo Dousdebés y Jorge Hidrovo— recayó, desde el jueves 10, el protagonismo. Se especuló que iban a presentar su disponibilidad, lo cual dio a entender que la estabilidad de la cúpula ratificada era insostenible. Esto se hizo evidente el viernes cuando el contraalmirante Molestina hizo pública su decisión de retirarse. El conato de insubordinación de sus subalternos prendió una alerta sobre las consecuencias, en las bases, de un manejo político errático por parte del régimen. Los costos, evaluados hasta el viernes en la noche, cuando se cerró esta edición, son graves: tres niveles de la Armada sacrificados, una rama afectada por la utilización política hecha por el régimen, un programa comprometido con los militares en Petroecuador y Flopec, las autoridades civiles del Ministerio de Defensa en entredicho, un Comando Conjunto debilitado... El lío de la Marina volvió a probar que la instrumentalización política de Fuerzas Armadas termina mal en ambos frentes. En ese punto, el Presidente no aprendió nada de la era Gutiérrez. |








