REVISTA VANGUARDIA
El modelo Correa 2008 llegó incompleto
| El modelo Correa 2008 llegó incompleto |
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| José Hernández | |
| martes, 22 de enero de 2008 | |
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El Presidente pidió excusas y no dijo a quién. Tras un año en que sus descalificados son legión, sólo él puede dar algún valor a su palabra. El Presidente Correa hizo algo inaudito la semana pasada. En su discurso presentado ante la Asamblea Nacional Constituyente, en Montecristi, reconoció haber cometido errores. Y muchos, dijo. También dijo no tener ningún problema en pedir “sinceramente disculpas por cualquier exceso” que hubiese cometido. ¿Mano tendida? Eso dicen asesores y funcionarios que juran que el Presidente entró en una etapa de consensos mínimos y discriminaciones. El momento ya no es, al parecer, propicio para las generalizaciones. Esa es, sin duda, una de las lecciones que el régimen sacó del sondeo de fin de año hecho por la firma Santiago Pérez. Por eso, más que pensar en una voluntad política para tallarse un nuevo perfil, hay que hablar de la necesidad mediática en la cual se encuentra el Primer Mandatario. El cambio supuesto hace parte de la nueva estrategia de mercadeo pautada por el equipo de Vinicio Alvarado. El Presidente es su producto. Y un producto electoral también se trabaja según las demandas del mercado. ¿Pide excusas el presidente Correa porque realmente así lo siente o porque ese es uno de los mensajes que sus asesores en imagen (ahora hay hasta un subsecretario de Estado para ello) le han programado que diga? En los círculos marqueteros, con el cinismo que los caracteriza, esas preguntas no se hacen. Pero los ciudadanos no son alumnos o fanáticos del mercadeo político. Con un Presidente no se trata de saber si su actitud es funcional a un objetivo predeterminado sino de si es pasablemente sincera. ¿Con quién se excusó el Presidente y a propósito de qué? ¿Qué considera él un exceso y con quiénes juzga que los cometió? ¿Con la gordita horrorosa? ¿Con La Hora, al resucitar la figura del desacato para enviar al responsable de la publicación ante los tribunales? ¿Con algunos funcionarios que, mirando las cosas con otros lentes, se han opuesto a decisiones suyas y se han visto maltratados en forma inmisericorde? ¿En quién estaba pensando cuando hizo, como dicen sus amigos religiosos, un acto de contrición? Las precisiones que el Presidente no ha hecho, lejos de satisfacer una curiosidad notarial, ilustrarían otras cosas: la conciencia de límites que realmente habita en el Presidente en un momento en que su poder es desmedido. Las lecciones que ha sacado de un año de gobierno. Su capacidad para procesar verdaderamente las críticas. La noción real de democracia y el sentido de autoridad que maneja. Y, sobre todo, la conciencia de ser el Primer Mandatario y no un producto destinado a brillar en los sondeos. Sin respuestas, el Presidente parece condenado a producir anticuerpos. Por una razón evidente: tras un año de una pedagogía en la cual sus descalificados se cuentan por montones, sólo él puede dar algún valor a sus palabras. Sus actos hablarán por él. ¿Quiere acuerdos mínimos? ¿Cómo los piensa obtener? ¿Con quiénes? ¿Alrededor de qué temas nacionales? ¿Cuál es el Correa modelo 2008 que, atendiendo a sus propósitos de enmienda, pueden esperar los ciudadanos? ¿Descalificará menos? ¿Dialogará más? ¿Archivará sus pruritos, insólitos en un Primer Mandatario, de no sentarse a discutir con ciertos grupos sociales o económicos que no pueblan su imaginario? Las últimas entrevistas, concedidas a la prensa escrita, muestran que más que un director de mercadeo y un subsecretario de imagen, el Presidente pudiera estar necesitando un asesor de contenidos. Porque en un gobierno donde todo se ha vuelto político, el Presidente no ha profundizado ni debatido cambio alguno con la opinión. En otras palabras, su tarea de agitador político es buena para las causas que manejan sus asesores de imagen. Pero es terriblemente empobrecedora ahora que el país se juega, sin debatir, transformaciones esenciales en Carondelet y en la Asamblea Constituyente en Montecristi. El cambio, si cambio presidencial hubiese, debiera empezar por el mismo Correa. Haciendo concordar, por ejemplo, palabras y hechos. Por eso su libreto del 15 de enero resultó incompleto. |









