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¿La zona cero de la política? PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 22 de enero de 2008
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¿La zona cero de la política?
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En ese punto, la manifestación en Guayaquil ilustra la primera resistencia callejera de un proceso local frente a la decisión gubernamental de reconstruir el Estado. Pero sólo eso. “Jaime Nebot —dice Burbano de Lara— es un problema para la derecha. Se atrincheró demasiado en Guayaquil y a él también lo arrastra la crisis del Partido Social Cristiano. Ese vacío se siente en Guayaquil, pues no hay un partido detrás de él”. Por lo tanto, Correa sigue llenando el vacío de liderazgo nacional y el vacío de gobernabilidad de la política en el ámbito nacional, pues ni Nebot ni Álvaro Noboa o Lucio Gutiérrez logran leer las nuevos tiempos. “No hay oposición –dice desde Guayaquil Wellington Paredes– no tanto por la eficacia del Gobierno sino por los nuevos tiempos de la política, del Estado y de la sociedad con la globalización. Son tres aspectos que los tradicionales desilustrados no han podido comprender”.

De hecho sus prácticas no cambian y, en algunos casos, repiten los modelos que cuestionan. "¿Cuántas oficinas de administración municipal existen en Guayaquil? —se pregunta Anastasio Coto, rector de la Universidad Santa María—. Ninguna. Si se quiere sacar un permiso de construcción debe ir al Palacio. No hay oficinas ni en La Alborada ni en el Guasmo ni en Urdesa. El modelo concentrador es el mismo”. Además Guayaquil, al igual que Quito, tiene que responder por un modelo bicentralista, o bicéfalo, que pone en entredicho muchas de las bondades que conlleva una descentralización equitativa. “El Presidente de alguna manera tiene razón cuando habla del Estado desertor —dice Pablo Andrade—. Porque ese Estado renuncia a su obligación de proveer servicios para el desarrollo e incluso limita el desarrollo de algunos experimentos locales existosos, porque no ha tenido la mínima capacidad de administración y gestión pública”.

¿Resultado? El Presidente no tiene contradictores nacionales. Eso le permite desplazar su discurso y sus acciones de Quito. Y Octavio Roca, decano de la facultad de derecho de la Universidad del Pacífico, agrega: “En el país no existe, salvo la plataforma que sustenta Jaime Nebot, ninguna entidad política organizada que pueda oponérsele”. Eso explica los gabinetes itinerantes que permiten aceitar convenientemente la maquinaria electoral de Alianza País.

En definitiva, con nostalgias de los sesenta y modelos en muchos casos superados, el presidente Correa sigue siendo el líder político más contemporáneo del país. El único a escala nacional. Es una contradicción sin duda o una paradoja, pero esa es la realidad. Y es ese Presidente, y no sus aliados más contemporáneos, quien marca las agendas y, en buena medida, la dirección de la Asamblea.

En el entorno presidencial hay voces que desmienten a Julio Echeverría cuando él afirma que la competencia entre las visiones de los 60 y de los 90 ya está zanjada. "Hay campos en disputa", se ha dicho siempre en Ruptura de los 25. No se ven, sin embargo, los relevos ciudadanos sobre todo en Quito, que generen ese contrapeso. “Los medios están haciendo ese trabajo", dice Felipe Burbano de Lara. Los medios quizá, porque en las autoridades quiteñas no ha habido declaración o toma de posición que permita saber si también ellas engrosan los rangos de los nostálgicos.

El peso de la Izquierda Democrática en la administración capitalina no permite augurar, en ese campo, lo mejor. Lo único seguro, por ahora, es que el chuchaqui electoral todavía no pasa.