REVISTA VANGUARDIA
La nueva fiebre se llama ISO...
| La nueva fiebre se llama ISO... |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 29 de enero de 2008 | |
Parece un simple sello: en realidad es un pasaporte que se diversifica e incide en la gestión, la marca, la calidad , las ventas...
Ochocientas empresas ecuatorianas tienen la certificación internacional de calidad. Un detalle: las educativas y de salud han despuntado. La certificación de la Organización Internacional de Normalización (ISO) no sólo es una mención con siglas en inglés. Es una mutación que implica una transformación empresarial que busca producir más y mejor, con un mayor ahorro de los recursos materiales y humanos.
Sí, la calidad ISO es un sello que está de moda y que ha creado una pequeña revolución en las empresas. Su objetivo está enfocado, paralelamente, a elevar el nivel de producción al año y adquirir certificaciones. Las tres principales corporaciones que las otorgan son SGS, Cotecna y Bureau Veritas. Pero en el mercado hay más de 20 empresas dedicadas al control, medición y aprobación de los requisitos que se debe cumplir para gozar de la garantía.
Cada una se destina a un campo específico. Por ejemplo, Inspectorate, de bandera británica opera en Guayaquil otorgando certificaciones al procesamiento de camarón para exportación. También certifica, entre otras cosas, la calidad de la producción de banano y laboratorios clínicos.
Para obtener una ISO se requiere una inversión que en algunos casos puede llegar hasta 17 000 dólares. La certificadora no es el único costo. Las empresas deben contratar asesores destinados a consolidar los requisitos que se necesitan para gozar del sello. En una palabra, la gestión más afortunada implica, como mínimo, un desembolso de $6 000. Un ejemplo: las ISO de calidad y de medioambiente, como tal, cuestan entre $7 000 y $10 000. Mónica Molina, de Bureau Veritas, dice que la aplicación trae beneficios internos a las empresas y brinda oportunidades en el mercado internacional.
Una prueba de ello —dice — es la compañía Colineal, empresa de muebles que ahora exporta sus productos al exterior y que ha crecido sistemáticamente posicionándose en el mercado de Latinoamérica. “La norma ayuda a cumplir con el cliente, lo satisface en menos tiempo del que se tenía previsto. Y un cliente satisfecho regresa por más, recomienda y eso genera nuevos clientes”. La competencia estimula el mercado de las certificadoras.
Cada año, el incremento de las empresas con ISO se sitúa entre un 10 y un 20 por ciento. “Si una empresa tiene la ISO — dice Isabel Álvarez, de SGS — de inmediato otras que ofrecen el mismo producto y servicio se acercan para consultar sobre el certificado y los beneficios que les puede aportar tener el sello”. Otros factores de interés, además, apuntan a una mejor publicidad del producto, al mejoramiento de la producción, a la satisfacción de los clientes y a una mayor racionalidad que se traduce en reducción evidente de costos.
Por esa vía precisamente fue Industrias Lácteas Toni. William Salcedo, gerente de gestión, dice que en el 2007, la compañía ahorró 20 000 dólares en gastos de consumo eléctrico y de agua. ¿Cómo lo hicieron? Con la aplicación de la norma ISO 14000:2004, que exigía como requisito no botar agua, emisiones gaseosas ni desechos sólidos en cualquier parte de la ciudad. Para ello se instaló una planta de reutilización de agua que va destinada a los jardines, fregaderos y baños, y se capacitó al personal sobre la utilización de los recursos. Contar con calidad ISO no sólo interesa a las industrias y a las empresas.
Los estándares de óptima producción se pueden aplicar en casi todo lo que implique un proceso. De allí que la tendencia del ISO ha variado en los últimos tres años. Se han agregado sectores de educación y salud. Los hospitales de la Junta de Beneficencia de Guayaquil la tienen, al igual que los colegios Javier, Delta, Naciones Unidas y Nuevo Mundo. En Quito, el Benalcázar, William Shakespeare, Eugenio Espejo y San Felipe. Todos han sido certificados por Bureau Veritas.
SGS, en cambio, le dio la ISO Ecomundo. Cotecna, a la Espol, facultades de Ingeniería Mecánica y Ciencias de la Producción, Ingeniería Marítima y Ciencias del Mar, ICHE, Instituto de Ciencias Matemáticas, Centro de Transferencia de Tecnologías, Centro de Tecnologías de Información y Escuela de Postgrado en Administración de Empresas. Algunas de esas instituciones, como el Benalcázar y Ecomundo, experimentaron mejoras en sus procesos administrativos y educativos.
Los indicadores —utilizados y requeridos por la norma ISO— en el Benalcázar apuntaron a que cerca del 90% de los bachilleres pudiera acceder a la universidad sin problemas. En Ecomundo se registró un progreso en el control de la asistencia de profesores, en el grado de formación de los alumnos y en el fortalecimiento de conocimientos de los graduados. El último logro alcanzado fue el haber ganado el intercolegial de conocimientos imponiéndose a una veintena de colegios de la ciudad.
“El trabajar para obtener una ISO —dice Fidel Márquez, rector del Ecomundo— nos obligó a disciplinarnos en todos los aspectos”. ¿Por qué ocurre aquello? La certificación, además de estar destinada a los procesos que elija la empresa —sean administrativos, de despacho, de educación, de servicios o de elaboración de productos—, hace una revisión obligatoria de las áreas de gerencia y recursos humanos. El propósito es que todo el trabajo de una empresa esté guiado, dirigido y que además exista una relación fraterna entre empresa, empleados y clientes.
La Corporación de Promoción de Exportaciones e Inversiones (Corpei) también promueve la calidad de los exportadores. Ha elaborado su propia marca denominada Ecuador, calidad de origen. Este año, cinco auditoras examinarán a las empresas para entregarles la calificación. La obtención va a ser tan rigurosa como la de una ISO, dice Marcia Vásconez, de Corpei, pero más fácil de obtener, porque en la actualidad la mayoría de los exportadores ya cumplen con los requerimientos para poder salir del país con sus productos.
La calidad sigue, entonces, de moda y las empresas —según las proyecciones de las certificadoras — se dejarán seducir por esta norma internacional. La proyección para el 2008 es que se superen las 1 000 empresas con una certificación que, además de buen nombre y más clientes produce altos réditos económicos. |








