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¿Una propuesta fresca del Presidente? Sí, una... PDF Imprimir E-Mail
José Hernández   
martes, 29 de enero de 2008

El talento no tiene que ver con la afiliación forzada a un gremio periodístico. La demanda en el TC es un punto a favor de la libre opinión.Image

 

Una buena noticia para los librepensadores en general: hay una demanda en el Tribunal Constitucional para que declare inconstitucional la obligación de ser periodista titulado para poder trabajar, u opinar, en un medio de comunicación. Eso suspendería una inmensa chapa de plomo que pesa sobre toda la sociedad y que circunscribe, en forma absurda, esos derechos a unos pocos. Por esto, la demanda hecha por el presidente Correa, de prosperar, pondrá fin a concepciones rancias reñidas con la mutación impresionante que vive la comunicación y las consecuencias que se derivan para el ejercicio del oficio.

 

Conceptualmente es inaudito que aquellos que estudian periodismo no gocen de la opción de hacer parte o no de un gremio que dice querer representarlos. Un derecho, algunos derechos terminan siendo así una obligación; lo cual es un sin sentido jurídico y constitucional.

 

Es también inaudito que aquellos que estudian otra profesión no puedan hacer periodismo. Es un contrasentido ahora que la segmentación sufrida por la sociedad obliga a los medios de comunicación a crear productos donde la especialización es, precisamente, su signo de distinción. Su gran valor agregado.

 

Ningún ciudadano reclamará por tener información calificada y mediada por especialistas. Ese paso es decisivo en la nueva concepción cultural que incluye la información en general y el desarrollo tecnológico. Los dos son imprescindibles en la formación de ciudadanas y ciudadanos cuya vida pública y privada depende de la calidad de la información. Esa es la condición para que sus decisiones redunden en su interés y en el de su comunidad.

 

Ese ejercicio requiere empresas periodísticas que ausculten la contemporaneidad y apuesten por el conocimiento y el talento de los periodistas.

 

¿Qué tiene que ver eso con afiliaciones forzadas y matrículas numeradas? Pedir esas credenciales hace décadas ya era un abuso corporativo; reclamarlas hoy, en la era de Internet, es un verdadero atentado a la razón.

 

La evidencia es de tal magnitud que en el país las obligaciones derivadas de esas leyes arcaicas no se cumplen. Son inviables. De haberse sometido a su imperio, los mejores medios de Ecuador hubieran tenido que renunciar a las transformaciones en las cuales están inmersos desde hace por lo menos una década. Por una razón evidente: esa modernización, para que sea sostenible y realmente cambie la cultura periodística del país, se tiene que dar precisamente alrededor del perfil de aquellos que comunican.

 

Militar contra la especialización y el ingreso de otros profesionales al oficio no sólo es un flaco servicio que se presta a la sociedad: es un haraquiri porque los reporteros seguirán convencidos de que periodismo es sinónimo de técnicas para comunicar. Y de que del conocimiento se ocupan las fuentes. Ese malentendido redunda en un periodismo vacuo que es, a su vez, pobremente retribuido. El mercado no tiene estados de alma: sólo paga bien el valor agregado.

 

Curioso: el Presidente con su demanda ante el Tribunal Constitucional restaura, para los periodistas, una serie de derechos conculcados por la obligatoriedad de asociación. ¿Correa liberal? Y los restituye justamente cuando, en su afán de polarización, hace grandes esfuerzos para convertir este oficio en una actividad denigrante: vehículo mudo de propaganda política.

 

Una demanda refrescante tras un año en el cual el Presidente ha demostrado, en forma palmaria, no saber nada de los medios de comunicación.

 

No los conoce ni sabe de sus procesos. No entiende los mecanismos de mediación ni aquellos de funcionamiento. El Presidente, en el tema de comunicación, es un hombre funcional. Eso quiere decir que esta demanda, hecha ante el Tribunal Constitucional, no fue pensada para darle mayor sustancia y calidad a la información.

 

Sin embargo, es una buena iniciativa que acerca el oficio a la complejidad (eso es un gran cambio) y deja libres a los periodistas de pertenecer a un colegio que más estorba que sirve al oficio.