REVISTA VANGUARDIA
La pugna del estilo retro
| La pugna del estilo retro |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 29 de enero de 2008 | |
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Correa y Nebot midieron fuerzas en Guayaquil. ¿un round entre dos visiones? eso dicen ellos. En realidad, comparten viejas prácticas y un reto: modernizar sus tendencias. Correa y Nebot midieron fuerzas en Guayaquil. ¿un round entre dos visiones? eso dicen ellos. En realidad, comparten viejas prácticas y un reto: modernizar sus tendencias.
La intención del régimen luce inapelable: no darse por enterado de lo sucedido este jueves 24, a las tres de la tarde, a lo largo de la avenida 9 de Octubre. Proceder como si el equipo político estuviera totalmente desvinculado e ignorara lo que hace el hombre que más empleo da en este Gobierno: Vinicio Alvarado. Y lo que él hizo, como hombre de la propaganda, transmitió una imagen alejada de la aparente impavidez presidencial. Jaime Nebot fue atacado día y noche, en un bombardeo publicitario envidiable para cualquier producto y digno de un presupuesto millonario. El régimen le dedicó una cadena y sus mensajes, antes y después de la marcha, parecieron inspirarse en las mejores piezas de la guerra sucia. ¿Por qué tanto nerviosismo? La misma impresión ancló Fernando Bustamante, ministro de Gobierno, al presentar a los responsables de complotar contra la Asamblea y la estabilidad del régimen. Con esas impresiones se quedó la opinión que lo escuchó el martes 22. Entonces, dio a entender que estaban involucrados entre 20 y 25 asambleístas (luego se habló de 12), que se había capturado al inasible hombre del maletín y que Lucio Gutiérrez era el autor intelectual, como dicen en las comisarías de policía, de todo el tinglado. El miércoles el propio ministro se encargó de bajar el tono y llegó, entrevistado por Andrés Carrión, a una ecuación inverosímil: hay que creer lo que los acusados dicen de la oposición pero no lo que afirman sobre Pierina Correa, la hermana del Presidente.
Más que una revelación irrefutable, lo que Bustamante hizo fue una pirueta mediática para sacar del armario, gracias a una denuncia por investigar, un viejo fantasma: la conspiración. Esta vieja herramienta de marketing político, de corte emocional, que el régimen ha usado en dosis homeopáticas. Pero eficaces. Se ha hablado de amenazas, cohetes, de mensajes electrónicos provenientes de Argentina, reuniones de conspiradores… Nada excesivo ni nada probado, pero se puso a circular, cerca del Presidente, a un guardaespaldas con una manta anti balas y se ha reforzado su seguridad a extremos poco conocidos en el país. Con eso basta para instalar cualquier fantasma en cualquier cerebro.
¿Hay temores fundados del gobierno en este punto? Gustavo Larrea, ministro coordinador de la Seguridad Interna y Externa, los descarta. No admite, en absoluto, que el Gobierno se sienta sitiado. ¿Qué hay, entonces, tras ese recurso repetido en el cual se conjuga desestabilización y, a veces, conspiración? “Son estrategias propias de gobiernos populistas”, dice Humberto Mata, director de Fuerza Ecuador. Él recuerda que Abdalá Bucaram las utilizó y llegó al extremo de decir que en Carondelet había fantasmas. Pero contrariamente al líder roldosista, Correa no parece asustado. Ni ha visto fantasmas en el palacio. Esas denuncias encuentran otra explicación.
“Hay un objetivo que pasa necesariamente por confron tar a enemigos supuestos o medianamente reales que tengan que ver con el antiguo régimen — dice Simón Pachano, profesor de la Flacso —. Creo que el gobierno ha ido creando esos enemigos”.
El régimen no teme una conspiración. Su temor real estriba en perder capital político, en bajar en los sondeos.
“Construir enemigos naturales”, según la expresión de Carlos de la Torre, profesor de la Flacso, es necesario en un esquema de campaña permanente. Por eso se magnificó el video cuyo contenido investiga ya la Justicia. Pero el régimen se le adelantó y quiso anotarse un gol que, por carambola, deja en entredicho a la oposición partidista.
“Volvemos a los mismos fantasmas y cucos — dice Humberto Mata —. No hay que olvidar que el publicista de este gobierno, Vinicio Alvarado, hizo su escuela con Abdalá Bucaram, el máster de las ilusiones. No hay que sorprenderse entonces si vemos a los mismos actores, como Alvarado y Gustavo Larrea y el mismo ministro de Obras Públicas, Jorge Marún”.
¿Correa volvió al pasado? Sin duda responde Simón Pachano. “Hay una lógica que cree que está haciendo una revolución y en una revolución no impera la lógica política sino la de la guerra. Es una lógica de enfrentamiento abierto, directo. No hay contendores sino enemigos. En esa lógica, ellos esperan que alguien ataque y haga confabulaciones y reuniones clandestinas”.
En ese esquema, Rafael Correa necesita a Jaime Nebot.
Uno, porque su base social no está articulada en un partido, es emocional y es clientelista. “En un escenario vaciado de oposición y también de contrapesos dentro del régimen — dice Natalia Sierra, politóloga de la Universidad Católica —, Rafael Correa tiene que inventar figuras de oposición que le permitan seguir aglutinando fuerzas sociales alrededor de su proyecto político”.
Necesita, igualmente a Nebot, porque él encarna, a sus ojos, gran parte de los atributos que dice combatir: el antiguo régimen, la partidocracia, el líder de un municipio que se ha desarrollado usando al Estado pero en detrimento de él… Y Nebot, precisamente, porque, según Simón Pachano, “es una persona que muestra gran decisión en un momento y luego se achica”. El politólogo de la Flacso recuerda que cuando se dio el caso de la Pichicorte, Nebot convocó una gran manifestación y cuando todo el mundo esperaba que se erigiera como el abanderado de la democracia y el estado de derecho, él planteó que lo que quería era recursos para Guayaquil y el cuerpo de bomberos. “Seguramente el gobierno debe estar midiendo ese tipo de cosas y diciendo: ese señor va llegar hasta acá y punto”. Correa ya le dijo donde lo quiere ver: compitiendo con él en la elección presidencial.
No hay, entonces, un asunto personal, como el alcalde de Guayaquil ha dejado suponer. Hay un cálculo político de la vieja izquierda, la izquierda borbónica como la llama Teodoro Petkoff. Es una izquierda incapaz de sumar, incapaz de entender los nuevos procesos de ciudadanía y de gobernar — como dice Carlos de la Torre — sin fraccionamientos. “Esta izquierda — dice Simón Pachano — cree que está haciendo una revolución y en la revolución hay muertos y heridos”.
Por lo pronto, en esa lógica el régimen se siente oficialmente satisfecho. Logró sacar de su retiro a Nebot y obligarlo a abrir el paraguas del municipalismo y el civismo como su estrategia política. En ese punto, Nebot tiene problemas. No ha logrado, tras un año de correísmo, armar una nueva visión. Vuelve a la palestra nacional con un discurso local y, como dice Xavier Zavala Egas, “bajo su aparente buena gestión administrativa. Bajo ese ropaje hay muchos intereses que se esconden”.
El cambio de Nebot no fue extremo. Se alejó en teoría del Partido Social Cristiano (PSC), habló de movimientos ciudadanos pero, por su visión, ha defendido causas retrógradas y, lo que es más importante, no ha podido poner distancia con los grupos que Correa ha señalado con el epíteto de pelucones. “Nebot — dice Zavala Egas —, no puede renegar de su pasado político ni de la influencia que tuvo y tiene el PSC y fuera de él. Por lo tanto, su lucha política no puede ser tradicional. Bajo el concepto de civismo, se arropan o se ocultan poderosos intereses financieros y políticos que se resisten al cambio”.
Ahí está el nudo central de la encrucijada donde se halla Nebot. Y no se ve cómo resolverá el dilema en el cual lo coloca el mano a mano con el Presidente: acoger los aires de cambio que circulan en el país y desvincularse así definitivamente de una oposición que, al estilo de Álvaro Noboa, está defendiendo el viejo statu quo. “La oposición — dice Zavala Egas — se resiste al cambio, cuando lo mejor es sumarse al proceso pero plantear alternativas válidas. Eso no lo hacen en la misma Asamblea”. Nebot no ha dicho cuál será su línea en ese sentido. Lo cierto es que la marcha guayaquileña, convocada por él, y su amenaza de ir a Montecristi, abren una etapa de lucha que se antoja frontal contra el régimen.
Nebot, en su discurso, habló de dos sistemas que, a sus ojos, son antagónicos. Uno representado por Correa y el otro por él. En la práctica, Nebot y Correa tienen el mismo reto, quizá desde orillas paralelas: reinventar el sistema o, por el contrario, seguir reencauchando el viejo.
Amparándose cada uno en retóricas y discursos para la galería y al calor de la nueva campaña electoral. Correa tiene olfato para detectar la contemporaneidad.
Pero la está procesando con una visión maniquea que resucita — como afirman Carlos de la Torre y Natalia Sierra — viejas prácticas y recursos utilizados por Velasco Ibarra, Abdalá Bucaram y Lucio Gutiérrez. “La forma para llegar más a Guayaquil con este proceso de cambio — dice Zavala Egas — no fue la correcta. Para desarticular el sistema político y legal creado en torno a Guayaquil no hacía falta polarizar con el Alcalde”. Ni maltratarlo en lo personal. En ese terreno, Nebot sí rompió con el pasado, pues no permitió que sus partidarios insulten al Primer Mandatario. Éste no dio señales de haber oído a los guayaquileños que desfilaron el jueves 24. Pero en Acuerdo País sí hay voces que, desde antes de la marcha, piensan que no es bueno agitar un avispero nacional con la regionalización. Alberto Acosta consignó, además, en esta revista reticencias con ese proyecto. No es el único problema que tiene con Guayaquil.
El régimen quiso hacer creer que allí marcharían los militantes del socialcristianismo. El apoyo ciudadano, diverso y masivo a Nebot, sin duda pesará en la estrategia del régimen que, según un dirigente de Acuerdo País, deberá ser replanteada.
Jaime Nebot no tiene la vida fácil. Debe distanciarse de esa oposición boba, vetusta y sonsa — como la califica Humberto Mata — cuya única estrategia es seguir en el pasado y, hasta, tratar de comprar asambleístas. Pero también tiene que evitar los talibanes que nada saben de las gamas de los grises. “Ese es el terreno más poco fértil — dice Simón Pachano — para que surja una verdadera oposición y ahí pueden engendrarse, evidentemente, actitudes golpistas. Eso fue lo que ocurrió en Venezuela en el 2002, cuando la oposición cayó en la trampa de la polarización a ultranza y terminó dando un golpe. A menos que surgiera, hipótesis poco viable, la fuerza de los ni ni. Ni con los unos, ni con los otros, como ocurrió en Venezuela.
Entretanto, un reto tácito une a Correa y Nebot: quedarse en el pasado o forjar una izquierda y una derecha realmente contemporáneas. |








