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Moncayo busca una tercera vía PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 05 de febrero de 2008
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Moncayo busca una tercera vía
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Dos explicaciones se han dado sobre su silencio ante los debates nacionales. Cercanía con el gobierno o cálculo político. ¿Si no es lo uno, es lo otro?
Ni lo uno ni lo otro. ¿Cree usted que en este país hay debate político? En este país los temas no se debaten. Los debates se convierten en diatribas. Déjeme el privilegio de no entrar en esta diatriba permanente. Hay que acabar con la política del griterío porque el griterío nos ensordece y nos impide comunicarnos. La democracia implica la capacidad de escucharnos y a gritos no nos escuchamos.

Si no hay debate político sobre temas nacionales, ¿por qué usted no lo ha planteado?
La propuesta está ahí: después de carnaval se instalarán las mesas quiteñas para debatir los temas de Montecristi. La Asamblea de la ciudad está convocada. Yo creo que el diálogo político en este país va mucho más allá de si eres nebotcista o eres correísta. Eso es estar en las etapas más elementales de un proceso político democrático.

Yo en los barrios, con la gente, he pasado 7 años y medio, diciéndoles: no hay mesías, no hay redentores. Mire el absurdo al cual hemos llegado: se dice que hay que fortalecer al Estado.

Claro que hay que hacerlo. Pero la única forma es fortaleciendo a la sociedad. No quiero una Quito con alcaldes fuertes.

Quiero una Quito con quiteñidad fuerte, con sociedad fuerte. La democracia se nutre de tener una población proactiva, no masas que se mueven en desfiles y en marchas para resaltar las imagenes de los eternos redentores. Cuando este país no tenga dueño, va a ser país.

Ese es un debate de fondo.

Ése es el debate político.

¿Comparte usted las dudas y temores de que este gobierno esté yendo hacia formas autoritarias?

Creo que comienzan a presentarse actos que demostrarían una toma de conciencia y de reflexión del gobierno que indispensablemente tiene que corregir ciertos rumbos, más de conducta que de ideología. Tal es el encuentro que ha celebrado con los empresarios o con los alcaldes. Coincido en un 90 por ciento con el discurso que dio el Presidente de la República.

En ese punto, ¿el Presidente rectificó?
Ha rectificado evidentemente, y eso es bueno. Sin embargo no percibo cuáles son las líneas maestras de la gestión para transformar a esta patria, que requiere transformaciones profundas.

Déjeme agregar que voy a estar lejos de la vieja derecha, de la vieja política, porque esa es la que ha destruido el país. Correa no estaría gobernando de no ser porque ha habido un rechazo general de todos nosotros a esa vieja forma de reparto corrupto de la política que ha conducido a que un país rico sea el asiento de un pueblo pobre.

Usted ha dicho públicamente que Jaime Nebot es su amigo...

Es mi amigo.

¿Entonces lo considera la expresión ya no de esa vieja derecha que acaba de describir, sino una derecha renovada?

Sí. Creo que Nebot es el representante de una posición de centro derecha, que ha hecho grandes esfuerzos para ir poniendo distancias. Nebot es un alcalde muy bueno, es una persona sensible al tema social. No hay que satanizarlo.

No es un mal tipo, no es un explotador, no es un hombre perverso.

 

¿Por qué satanizar a una persona que tiene méritos, que es un buen ecuatoriano, en este país donde no hay mucho de dónde escoger en los liderazgos?

 

Usted dejó entrever que pudiera mediar.
Por supuesto.

¿Entonces usted no ve, como ellos han dicho, posiciones irreconciliables?

Creo que ése es el drama o la comedia política ecuatoriana. Son mediciones de fuerzas. Estamos acostumbrados a pensar que las fuerzas políticas se miden en las plazas. Aquí es quién llena una plaza y no quién llena de razones su oferta. Estamos en el siglo XXI y ése es un debate del XIX. En mi programa, las propuestas son para el siglo XXI.