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Los dilemas de un falso debate PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 12 de febrero de 2008
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Los dilemas de un falso debate
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El Presidente ve en Nebot a un separatista . El Alcalde ve en Correa a un estatista obcecado. Los dos recurren a imágenes ficticias. Pero Santa Cruz no es Guayaquil ni Ecuador es Bolivia

 

Bolivianización, balcanización, separatismo: en el enfrentamiento entre Rafael Correa y Jaime Nebot han surgido varias imágenes, algunas traídas de Bolivia o de la ex Yugoslavia, que han pretendido dar cuerpo a dos supuestas visiones del país. Las dos se han medido en las calles. Las dos hacen méritos o dejan planear amenazas ante la Asamblea, empeñada en hacer la reforma política y administrativa del país.

Correa y Nebot se presentan como su perfecto antónimo. El Alcalde ve en el Presidente un estatista envuelto en naftalina. El Presidente muestra al Alcalde como un separatista irremisible.

Dicho alegremente, Correa es igual a Evo Morales y Nebot es el aliado incondicional de los segregacionistas cruceños. Más que un debate entre esas supuestas visiones, se asiste a un posicionamiento mediático, basado en imágenes, algunas foráneas, cuya pertinencia no es requerida.

¿De qué se está hablando? ¿Son irreconciliables las dos posturas? ¿Las piezas que cada parte ha puesto sobre la mesa, ayudan a articular un debate políticamente responsable? Vanguardia indagó con especialistas y actores.

LA ANALOGÍA
El Ecuador y Bolivia son lo mismo, pero no tanto

Países andinos, con un desarrollo relativo menor que el resto de naciones de la región, con comunidades indígenas dinámicas, con dos polos de desarrollo… Sí, hay similitudes entre Ecuador y Bolivia. ¿Pero son tan numerosas y de un nivel de concordancia inconfundible para autorizar las analogías políticas que están haciendo Rafael Correa y Jaime Nebot? Simón Cueva y René Fernández no lo creen.

Y los dos saben lo qué hablan. Simón Cueva es ecuatoriano y fue representante del Fondo Monetario Internacional en ese país. Fernández es boliviano y trabaja en Guayaquil como consultor en gestión empresarial y medioambiente. Las diferencias son abismales.

Culturales, geográficas, políticas… En Bolivia —dice Fernández— el sector indígena es mayoritario. Cueva avanza cifras: 6,8por ciento de ecuatorianos se autodeclaró indígena en el último censo en el 2001. En Bolivia, el mismo año, lo hizo el 55 por ciento.

Las tradiciones del indigenado y de los movimientos sociales del país no siguen, ni de lejos, las de sus pares en Bolivia. “Los bolivianos —recuerda Cueva— dicen que los ecuatorianos son como nosotros, pero con valium. Suavitos. Allá hay huelgas y hay muertos”.

La tradición organizada en Bolivia viene de extracción minera, con sindicatos que fueron fuertes, con manejo de dinamita en las calles y tradición armada, guerrillera. “Buena parte de los mineros —dice Simón Cueva— se hizo cocalera”. Su grado de integración, o para decirlo desde la otra orilla, el grado de integración de las otras comunidades con ellos, es muy bajo. “En Ecuador —dice René Fernández— el grupo indígena, a pesar de ser minoritario, está integrado. Tiene autoridades locales y la plurinacionalidad está plenamente reconocida. En Bolivia hubo un desarrollo desigual. La resistencia de los sectores indígenas ha sido más profunda y densa. Los indígenas bolivianos son más extremistas”. Lo son también las otras comunidades que, por ejemplo, hablan frecuentemente inglés o alemán pero ignoran el aymara.

No se puede comparar, entonces, el grado de sincretismo cultural y político logrado en Ecuador, con el que impera en Bolivia. Desde ese punto de vista, el tejido social es más denso aquí. La geografía pone su parte, pues Bolivia es un país inmenso pero incomunicado.

Para ir de La Paz al departamento de Beni, una de las regiones agrícolas más ricas, hay que ir en avión o jugarse la vida en la carretera más peligrosa del mundo. Y los centenares de cruces que hay en la ruta La Paz–los Yungas, de un carril y medio, que bordea un abismo presente durante tres horas, recuerdan que no se trata de una propaganda destinada a atrapar fanáticos de emociones extremas.

No hay cómo comparar Quito con La Paz. La Paz es desértica. Dividida en dos. Una ciudad que no cesa de perder protagonismo económico frente a Santa Cruz que crece cuatro veces más rápido.

Y un altiplano, El Alto, que es un páramo donde vive un millón de personas que, en realidad, no han dejado de ser campesinos. Entre El Alto y el sector exclusivo de La Paz, Calacoto, separados por 20 minutos en auto, hay más de un siglo de diferencia. Esto recuerda que el crecimiento económico también es —lo dice Simón Cueva— “mucho más homogéneo en Ecuador. Aquí las diferencias no están entre Quito y Guayaquil sino entre esas dos provincias y el resto del país”. Se pudiera decir que Bolivia es pobre y endeudado como Ecuador. Pero igualmente allí hay grandes diferencias. El país de Evo Morales depende de la comunidad internacional.

Cueva calcula que los flujos financieros que recibe suman cerca del diez por ciento del Producto Interno Bruto. Peor aún: Bolivia no tiene riesgo país porque no tiene bonos soberanos internacionales. “Desde ese punto de vista —dice el ex representante del FMI en ese país— Bolivia se parece más a países africanos que a América Latina”. El ingreso por habitante en Bolivia es tres veces menor al de Ecuador.